Mi corazón es una plaza de toros
¿Qué pasaría si la última corrida de toros de España estuviera protagonizada por una mujer y un maricón? En «Las toreras», ellas se apropian de lo trágico y lo festivo de la tauromaquia para proyectarlo hacia otros lugares. La fiesta nacional se convierte en un espacio de reflexión que equipara el espíritu trágico de la tauromaquia a los obstáculos de la vida cotidiana. Lidiar con un toro nos enseña a enfrentarnos a otras dificultades más cotidianas, como las relaciones y discusiones de pareja, las primeras experiencias sexuales, el envejecimiento y la pérdida de los seres queridos… Solo hay dos caminos: ser toro o torero. La dirección de Carlos Martín-Peñasco crea una pieza teatral con gran sensibilidad, delicadeza, imágenes escénicas sorprendentes y un ritmo que salta de lo trágico a lo cómico con un buen sentido del humor sin caer en absoluto en los lugares comunes del mundo taurino (sea a favor o en contra de ello). La escenografía (Óscar Salobral) erige las tablas de un ruedo y el vestuario (Samira Mili y Rosa Carre) les pone el traje de luces a los actores (Miluka Surinñach y Guillermo Carrasco), cuyo importante trabajo físico y de voz crea diversos personajes. En pocas palabras, es una obra en la que me he reído mucho y me ha emocionado en lo más profundo. Y uno va al teatro a sentir cosas. Sentir mucho.