La nueva catársis emocional de la temporada, la dupla de Irene Escolar y Pablo Messiez.
Pablo Messiez logra, en esta adaptación del texto original de Duncan Macmillan, concentrar lo mejor del teatro en una sola pieza. Es una obra que combina el humor negro, el drama naturalista y el teatro más contemporáneo de una manera nada artificiosa.
Las luces, el espacio sonoro o el ritmo son elementos que ayudan mucho a esta cohesión y que nos invitan a disfrutar aún más de la obra.
Pero si hay algo a destacar, es la parte interpretativa. Irene Escolar está sublime. Su actuación es tan creíble y verdadera que, aún sin haber vivido la adicción a la droga, es muy fácil conectar con su personaje y con su lucha interna, como también lo es identificarse con las emociones y las sensaciones que le van surgiendo en escena. Y si su personaje logra cautivar es porque es muy humano. Todos hemos sido ella en algún punto de nuestra vida por diferentes motivos. Todos hemos estado perdidos y desmotivados y todos hemos culpado alguna vez al resto del mundo de nuestras desgracias.
Además, el tema de la adicción a las drogas es un tema complejo y se nota el mimo y el cuidado con el que está tratado. Es muy notorio el gran trabajo de investigación que ha tenido que hacer Irene para llegar a crear ese personaje, y además con esa corporalidad tan específica.
Al igual que ella, todo el elenco juega a la creación de atmósferas a lo largo de toda la historia para hacer más verídicos los espacios que iban mostrando. Y eso, unido a esos tintes cinematográficos que también tiene la pieza, nos hacían evadirnos y olvidarnos de que estábamos en un teatro. Y luego, cuando volvíamos y nos dábamos cuenta de que todo eso estaba pasando en vivo, lo admirábamos aún más.
“Personas, lugares y cosas” es una obra que nos hace reflexionar, que nos hace volar, que nos hace preguntarnos muchas cosas y que nos hace creer en el teatro. Es una muestra perfecta de la capacidad que tiene el teatro para hacernos viajar, soñar y amar.