SI NO CULPANLES, CÓMPLICES
La historia de seis mujeres trans asesinadas impunemente es el punto de partida de una obra que con esa base podría esperarse que cayera en el dramatismo trágico o en una emotividad cargada de rabia contenida. Habría sido lo fácil e incluso lo lógico. Pero no, salvo por algunos momentos de gravedad serena perfectamente insertados para que las risas no nos hicieran olvidar de lo que realmente iba la cosa, las diferentes escenas, quitando un par de ellas o tres, se visten con capas de humor y de ironía incisiva, que al final son dos de las mejores armas que posee el arte para hacer crítica social pasando por encima de prejuicios y censuras. Y si no que se lo digan a Berlanga. Las píldoras entran mejor con un poco de azúcar, como cantaba Mary Poppins. Algunos, muy a su pesar, se las tragan sin darse cuenta.
Así que me reí, y me enfadé, y me volví a reír, y mucho. Y salí del teatro con la sonrisa a cuestas pero sabiendo que seis mujeres trans, por el simple hecho de serlo, habían sido asesinadas hace algo más de una década en Uruguay. Y muchas cosas más que ya sabía pero que no me preocupaban porque suceden al otro lado del mundo. O no. ¡Qué cabronxs, me la han colado, entre risa y risa, y sin darme cuenta! Normal, el texto de Federico Roca es de los que impacta con sutileza, de los que entran fácil pero dejan huella. Y si encima lo dejas en las manos de unos pedazos de actrices y actores a los que se les cae el talento de los bolsillos y a los que se les nota que están enamorados de lo que hacen, pues nada, es tontería ofrecer resistencia. Me han cazado y me han hecho prisionero. Y yo, encima, agradecido. Debe de ser eso que llaman el síndrome de Estocolmo.
¿Podría poner algún pero? No, si soy objetivo. Pero no siempre lo soy, lo siento. La escena de la secta religiosa adoradores de Bertín Osborne para mi gusto sobra, pero igual estoy equivocado, sobre todo viendo la reacción del resto del público, que se unió al coro entre aplausos rítmicos y carcajadas incontenidas. Por lo demás salí del teatro mucho más que satisfecho, alegre, incluso feliz, pero también expuesto. Planteándome algunas cuestiones que daba por sentadas, sobre el mundo que me rodea, y lo que es peor, o mejor, sobre mí mismo. Porque aunque pensemos que las cosas han mejorado, en realidad no lo han hecho tanto, y por muy tolerantes que nos creamos, en el fondo, yo el primero, somos cuanto menos un poquito machistas, racistas, transfóbicxs y homófobxs. Obras como ésta son necesarias para darnos cuenta. No sólo son teatro, son bofetadas de realidad, de las que no hacen daño físico, sino del otro, del que quiebra el alma, que jode más. En cualquier caso, gracias por abofetearme, me lo merezco.