Larga vida a las reinas
Cargando a sus espaldas premios y buenísimas críticas en sus montajes del West End y Broadway, este musical aterriza en Madrid dispuesto a arrasar.
Divorciada, decapitada, enterrada, divorciada, decapitada, salvada. Seis reinas unidas por su pasado en común como ex esposas de Enrique VIII que se presentan sobre el escenario dispuestas a ganarse el protagonismo, aunque sea con el título de la “más sufridora”, y se turnan cantando y contando sus historias desde el humor (negro en ocasiones), la ironía y el empoderamiento al más puro estilo K pop. Seis historias que reflejan esos papeles de segunda y de tercera que mujeres increíbles se han visto obligadas a representar en la Historia (tal como nos la han contado) y que estas reinas quieren sacar a la luz para reclamar el sitio y la atención que merecen.
La mezcla de Historia y musicales no es nueva, pero el enfoque sí lo es con este toque tan “divas pop” y este vestuario que conserva elementos muy Tudor (sobrefaldas, corsés, hombreras y brocados) reinterpretados con materiales y acabados más futuristas (vinilos, lentejuelas, plásticos y colores flúor) que brillan bajo la luz de los focos y que ayudan a perfilar la personalidad de cada una de las protagonistas.
El espectáculo se desarrolla más bien como un concierto con números grupales y números individuales entre los que destacan para mi gusto la balada de Jane Seymour (interpretada por Beatriz Santana) y el número grupal final que despierta ese sentimiento de sororidad tan de moda en el presente y demodé para la época de estas mujeres. También me encantó ese toque un tanto “macarrilla” de Ana Bolena, muy divertida la interpretación de Udara Zubillaga.
Algo a mejorar, no sé si causado por la traducción, es la velocidad de algunas canciones; las letras van a toda pastilla y el tono alto de algunas partes exigen muchísima atención por parte del espectador para lograr entender todo el texto. Salvando eso todo el espectáculo es maravilloso, y se echa de menos el poder levantarse y bailar durante los números, en modo concierto, aunque quizás es que me tocó con un público especialmente tímido y esto sí pase en otras funciones.
En definitiva, larga vida a las reinas.