Voces que no ves - Compañía Pepa Plana
Una necesaria carcajada femenina
«Descargo…», decía Pepa Plana en cada intento por quedarse, en cada nueva oportunidad, en cada resquicio que detectaba… Una mujer decidida, en busca del espacio que todo el mundo merece, dulce y cercana, aparentemente ingenua pero capaz de analizar la realidad desde una perspectiva humana, inteligente, femenina.
La Payasa Augusta explicándole a un maniquí la gran diferencia entre aparentar que se es y ser realmente. Se busca la gracia, sí, pero también el mordisco, y el espectáculo lo consigue haciendo de cada gag una imagen de lo que el guion esconde.
La escena se desarrolla en un espacio con estética de desván, de almacén, y la excusa de una oferta de trabajo da pie al encuentro de las dos payasas: la Augusta y la Blanca, encarnada por una espléndida Noël Olivé, el contrapunto perfecto.
Bajo la dirección de Joan Arqué, se suceden una tras otra reivindicaciones en clave femenina, pensamientos e historias que llevan a la protagonista a introducirse en el mundo del teatro. Las voces de actrices catalanas que han hecho del teatro su vida aparecen en el misterioso espacio como voces que no ves, y le aportan la fuerza necesaria para rechazar la ocupación a la que parecía estar destinada y vislumbrar el sueño: ser actriz.
Noël le enseñará el camino. Es el momento más sublime. El contacto entre las dos payasas crea números de circo clásico de éxito perenne, y la locura acerca al público a la reflexión crítica y poética a medida que avanza el espectáculo. La reivindicación es continua, la diversión es constante y la reflexión acompaña todo el proceso. Una combinación compleja, alcanzada de forma brillante.
Y yo «descargo…», como diría ella. Descargo para quedarme, para disfrutar de este lenguaje, para aprender del gesto, la energía y la intención de Pepa Plana, y para no huir de este contacto humano, que te hace sentir con una payasada lo que ningún discurso conseguiría.
Porque cuando ríes abres los ojos, abres la boca y el flujo sanguíneo se acelera, y todo funciona mejor, todo es más comprensible y las apariencias se desmontan. Y estás mejor.
Y si no estás bien, siempre puedes encontrártela a ella, dispuesta a ayudarte con un «¿quieres que hablemos…?».