EL TEATRO QUIQUE SAN FRANCISCO ACOGE EL FESTIVAL SALA JOVEN

Dramaturgia joven: cómo escribe la generación que nunca se aburre

La compañía Teatro Urgente firma esta iniciativa que busca dar visibilidad a nuevos creadores

Irene Herrero Miguel
Imagen de 'Gracias por haber existido' de Deliciosas Producciones

Imagen de ‘Gracias por haber existido’ de Deliciosas Producciones

El Teatro Quique San Francisco celebra por segundo año consecutivo el Festival Sala Joven, una iniciativa de su compañía residente Teatro Urgente que reúne las creaciones de artistas menores de cuarenta años. Del 15 de junio al 9 de julio siete obras encuentran su hogar en el escenario del antiguo Teatro Galileo para que, según la directora del festival Karina Gantivá, «artistas del teatro que destacan siendo jóvenes, puedan seguir creciendo gracias al contacto con el público».

Si hace un siglo alguien hubiera afirmado que en la cuarentena un artista sigue siendo joven, habría sido, como poco, puesto en duda. Ahora, en un momento de superproducción, máxima precariedad del sector y con una cartelera absolutamente desbordada resulta interesante preguntarse de qué depende ser apodado (o no) con apelativos como «creador joven» o «creador emergente». Aprovechamos el casting de creadores y creadoras propuesto por Teatro Urgente para conversar sobre las particularidades de la escritura dramática de esta generación.

Qué es ser joven

La juventud, que a priori debería estar asociada con la edad, arrastra otras realidades como la falta de notoriedad o la precariedad — casi todos los dramaturgos y dramaturgas que han hablado con Teatro Madrid admiten que, tanto ellos como los equipos que los acompañan, compaginan su actividad como creadores con varios trabajos—. Si bien algunos acaban de comenzar su carrera, otros llevan a sus espaldas una o dos décadas de trayectoria. Entonces, ¿por qué son «jóvenes»?

«20 años después todavía seguimos creando en precario»

Javier Ballesteros escribe y dirige Cucaracha con paisaje de fondo de la compañía Mujer en Obras, una pieza en la que se recrea un balneario perdido donde van a tomar las aguas las mujeres que no pueden tener hijos. «Me sigue costando entender que yo pueda ser joven en la creación porque llevo desde los 18 dedicándome únicamente a esto» comenta Ballesteros y añade «20 años después todavía seguimos creando en precario y luchando por tener oportunidades». Agradecido ante la generosidad de un festival que les permite acceder a un buen escaparate, explica también: «me siento joven, pero si yo soy joven, me da pena por los veinteañeros».

Imagen de 'Expiación' de Lucía Lorente Toral

Imagen de ‘Expiación’ de Lucía Lorente Toral

Ainara Arizu firma e interpreta Gracias por haber existido, una distopía sobre el fin de la especia humana. La autora, a sus 32 años, sí se siente identificada con el apelativo joven y lo relaciona, más que con la edad, con la experiencia dentro del sector. «Empecé tarde, entonces llevo pocos años, si hubiera empezado con 18 pues no lo sé».

Lucía Lorente Toral escribe, dirige y protagoniza Expiación, un viaje por cuatro lugares oscuros del ser humano: la culpa, la autodestrucción, el desamor y la muerte; temas que, según afirma, “no son generacionales, son universales”. La actriz explica que “mi padre siempre decía que uno siempre es joven mientras sea de espíritu y creo que la juventud tiene que ver con eso, con el espíritu”, aunque también aclara: “no me siento al 100% identificada con la etiqueta de creadora emergente, porque eso implica que cuando alguien que no soy yo misma me conozca, ¿dejaré de serlo?”, y reflexiona, “yo llevo desde los 7 añitos escribiendo cuentos en mi ordenador, los niños son los creadores por excelencia y no son emergentes”.

«Ser joven con 28 años quiere decir que no hemos encontrado oportunidades antes»

Noelia Pérez dirige Las Amazonas, una adaptación de la comedia de enredo del alcalaíno Antonio de Solís en la que su compañía, Evogía, reflexiona sobre el papel de la mujer en el Siglo de Oro. “Yo quiero seguir siendo joven mucho tiempo, pero para mí ser joven con 28 años quiere decir que no hemos encontrado oportunidades antes y eso es bastante triste” explica Pérez y añade que “tener el título de emergente no quiere decir que acabemos de empezar, es el resultado de muchos años de trabajo”.

La tristeza y el fin del mundo

El amor, la muerte, el sentido de la vida… El teatro, como la filosofía, explora y reflexiona sobre las grandes preguntas, sin embargo, cada generación aporta también su granito de arena a esa ristra de temas que arrojar sobre las tablas.

Javier Ballesteros admite: «me voy dando cuenta de que al final no soy tan original, lo que me moviliza a mí, también está en otros montajes jóvenes». Ballesteros habla de temas como el legado o la identidad, que, según cuenta “están sobrevolando muchas creaciones, por lo menos en nuestra parte del mundo». Buscando la respuesta al porqué de estas temáticas el creador expresa que «quizá es que nos está tocando vivir con más claridad el momento en el que el mundo se acaba y no nos queda otra que preguntarnos sobre el sentido de todo esto».

«Es inevitable que fantaseemos con esta idea del fin»

Sobre el fin del mundo habla también Arizu en su pieza y explica que se trata de una preocupación generacional que «tiene que ver con el pesimismo que llevan “tragando” desde hace mucho: “desde que tenemos edad de trabajar hemos vivido en crisis – económicas, medioambientales, sanitarias…- y el futuro parece que va a ser igual, es inevitable que fantaseemos con esta idea del fin». La creadora relaciona esta sensación con la falta de certezas: “Hay un tema que tiene que ver con el fin del mundo y es la necesidad de creer en cosas. Antes te metían la religión desde pequeño, pero ahora todo se está poniendo en duda, se caen los ideales y aunque es positivo repensar las cosas, nos quedamos sin nada a lo que agarrarnos. Es muy bonito pero a la vez es agotador y da miedo. Nuestro padres no entienden qué genera esto en nosotros.”

Se acusa a esta generación de ser más frágil que sus predecesoras y en este sentido Arizu apunta que «a nosotros se nos ha criado en la abundancia y luego se nos ha dado la nada, otras generaciones fueron para arriba» y añade «creo que somos una generación bastante peleona, yo no veo fragilidad a mi alrededor». Alberto Fonseca firma Tristes, un relato sobre la tristeza, la desilusión y la decepción y en este sentido considera que “que muchos de nosotros estemos con depresión no es solo culpa nuestra, tiene que ver con la sociedad”.  En su pieza el creador también conecta con esa tristeza ancestral y existencialista que acompaña al ser humano desde el origen de los tiempos.

Imagen de 'Tristes' de Alberto Fonseca

Imagen de ‘Tristes’ de Alberto Fonseca.

Víctor Longás dirige Criadas, una propuesta a partir de “Las criadas” de Jean Genet, que recoge los temas de este clásico y los trae al presente y a su generación a través del trabajo de experimentación con imágenes y con el cuerpo.  Fracaso, soledad, amor, rebelión o descontento son cuestiones que la compañía aborda desde su momento vital único: “lo principal en nuestro teatro es poder hablar de nosotros”. “Pese a que son textos muy duros que parten de un lugar de derrota, de que todo está perdido, el mensaje que transmiten al final, la sensación, no es nada pesimista” y explica que “nuestros referentes en la música y las imágenes son muy vitales, hay una fuerza que sigue empujando”.

La tristeza, la sensación de fracaso y la proximidad del colapso parecen ser cuestiones transversales a la obra de los siete creadores, sin embargo, no todos aceptan la derrota.  “Hacer arte, hacer teatro, es una forma de enfrentase al pesimismo y no resignarse”, explica Fonseca, que puntualiza que “la forma de abordarlo será aceptando que ese pesimismo está en imaginar nuevas utopías y nuevos relatos que nos ayuden a convivir con él, es parte del proceso”.

«Si somos capaces de reírnos, seremos capaces de cambiarlo”

Otras propuestas, como Las Amazonas, optan por un tono más alegre y hacen uso del humor y la celebración para reflexionar sobre los errores del pasado. “Desde el proceso de creación, ha sido un juego muy divertido y eso se mantiene en la obra, la obra nace con una carcajada y utilizar la sátira es un motor de reflexión” afirma su directora. “Si somos capaces de reírnos, seremos capaces de cambiarlo”, concluye.

El teatro como refugio para el diálogo

Producciones precarias, horas y horas de ensayos en lugares mal acondicionados, trabajos no remunerados, falta de reconocimiento… Está claro que los creadores teatrales no han elegido su camino por el dinero ni la fama, entonces ¿qué sentido tiene elegir esta vía? ¿qué ofrece este arte milenario a jóvenes que podrían llegar a audiencias mayores solamente haciendo un directo de Instagram desde el sofá de su casa?

«Eso me lo sigo preguntando, qué sentido tiene, con la que está cayendo, dedicar tanto esfuerzo a esto» responde Ballesteros, que admite que «el teatro tiene una cualidad de no escapatoria, en el momento que entras en la sala no puedes pausar, no puedes rebobinar, te puedes ir, pero es poco habitual, hay algo que te impulsa a quedarte en la butaca, tienes que estar compartiendo en directo con esos seres humanos que han subido al escenario». Además, el creador pone en valor «el hecho de que en cualquier momento podría fracasar, se podría caer el techo, alguien podría gritarle al actor, esa especie de peligro inconsciente. también resulta adictivo».

Imagen de 'Las Amazonas' de Noelia Pérez

Imagen de ‘Las Amazonas’ de Noelia Pérez

En relación a las redes sociales Arizu reflexiona que «todo va de eso, de mirarnos a nosotros mismos y a los demás y las redes sociales creo que dan más cosas malas que buenas, el teatro tiene algo más honesto, más de verdad, sin filtros». En una sociedad tan rápida, en la que se nos pide responder inmediatamente a todo «el teatro tiene un ritmo determinado y no se puede hacer más rápido» valora la actriz y dramaturga. Longás, añade “me crea mucho rechazo la forma que tenemos de relacionarnos en redes sociales” y explica que “no es que decida hacer teatro, el teatro es mi vida, es el acto más vivo que hay”.

«En esa respiración común se crea el diálogo”

Lucía Lorente Toral, excusándose por sonar algo tópica, explica que “la literatura y el teatro son aire del que respiro, en el teatro me siento protegida, es un templo” y para Alberto Fonseca “el teatro es un espacio en el que evadirse del ruido”. Noelia Pérez, por su parte, declara que “el teatro es un ritual y juntarse con personas en el mismo tiempo y el mismo lugar para hablar de algo que nos afecta, en esa respiración común se crea el diálogo”.

La pausa en tiempo de redes sociales

«Hay algo más terrible que un infierno de sufrimiento, un infierno de ocio», escribió Victor Hugo en Los Miserables y precisamente ahora, ocio no nos falta. Instagram, Facebook, Youtube, Tik Tok, Netflix, HBO, planes infinitos entre los que elegir y muy poco espacio para la pausa y el silencio. Hace varias generaciones que el concepto del aburrimiento ha pasado a mejor vida, al menos el aburrimiento como se entendía antes, ese que, según algunos psicólogos, despierta la creatividad. Pero, entonces, cómo crea una generación que nunca se aburre.

«Era agosto en Madrid, en la calle había 40º y no tenía amigos»

Los autores de la Sala Joven admiten que han tenido que recurrir a poner sus móviles en silencio, modo avión o incluso dejarlos en otra habitación. Para algunos como Ainara Arizu o Javier Ballesteros la fórmula ha sido un verano de encierro. «Era agosto en Madrid, en la calle había 40º y no tenía amigos» apunta Arizu y añade «cuando superas la frustración lo disfrutas muchísimo».

«Crear ahora es luchar contra todo lo que te pueda distraer»

El célebre miedo a la página en blanco no es algo nuevo, Ballesteros admite que «hay un respeto tan grande hacia lo que puede salir de ahí que inconscientemente te quieres escapar», sin embargo, sí reconoce que hay algo generacional «crear ahora es luchar contra todo lo que te pueda distraer». Longás comparte sus claves para crear: “se consigue no durmiendo, teniendo cinco trabajos… como se puede, llevando un ritmo de vida imposible” y reconoce que “cada generación ha tenido un camino diferente dependiendo del momento, cada una con sus problemas”.

Lucía Lorente, aunque prefiere escribir en papel, es capaz de integrar la tecnología en su día a día como creadora, “cuando voy en el autobús y veo algo que me pincha, voy a las notas del móvil y escribo”, comenta. Para ella las noches son el momento dedicado a la creación: “cuando me voy a dormir apago el móvil y dejo un tiempo para leer, la lectura es un estímulo que me anima a crear” Para ella, no hay duda “hay que tomar una decisión consciente, aceptar que estamos rodeados de estímulos y elegir alejarnos de eso para darnos un espacio.”

Evangelos Lalos dirige Like me, en la que un grupo de actores buscan ser amados, la pieza forma parte de una trilogía que indaga en torno a cómo el sistema capitalista afecta aspectos cotidianos de la vida.  “Somos una generación que no nos permitimos aburrirnos, creemos que si no estamos haciendo algo todo el rato estamos perdiendo el tiempo” explica el creador.

Imagen de 'Like Me' de Evangelos Lalos

Imagen de ‘Like Me’ de Evangelos Lalos.

Noelia Pérez, graduada en filosofía, compara el teatro con esta disciplina académica: “la filosofía nace también del aburrimiento, las grandes corrientes de pensamiento y las grandes preguntas nacen del ocio” y explica “el ne-gocio, la negación del ocio, a través del trabajo, o del propio ocio que se pervierte, es lo que nos hace olvidarnos de eso”.

Alberto Fonseca, sin embargo, opina diferente. “Yo no creo que haga falta aburrirse para crear, hay que ponerse a ello” explica el creador y añade “el teatro es acción y la escritura teatral también”. Fonseca vivió su proceso de escritura con ligereza y naturalidad, “la obra me iba dando lo que necesitaba, pero para hacer eso hay que poner el móvil en modo avión y enfrentarse de manera muy pura al acto de la creación”.

Sobre el futuro del teatro, muchos comparten su preocupación: la precariedad dentro del sector y la dificultad de acercarse a públicos más jóvenes. Longás denuncia que “el apoyo del teatro está muy bien, pero faltan apoyos institucionales”. A pesar de todo, Ballesteros admite que «el teatro siempre ha tenido todos los ingredientes para desaparecer y todavía no lo ha hecho, así que hay que confiar». Por ahora, esta nueva (o no tan nueva) hornada de creadores y creadoras promete mucho teatro – y del bueno – así que confiemos.

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