La compañía El Conde de Torrefiel estrena LEXIKON en el Teatro María Guerrero. Lo hace como nos tiene poco acostumbradas, con funciones durante un mes entero y no uno o dos días en cartelera. Hasta el 24 de mayo, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional, la pieza, escrita y dirigida por Tanya Beyeler y Pablo Gisbert, propone una reflexión escénica sobre el lenguaje como elemento central de la experiencia humana, concebido no solo como herramienta de comunicación, sino como un flujo vivo que atraviesa lo social y lo político.

Nueva creación de El Conde de Torrefiel
Estructurada como un desfile de siete escenas o “pinturas vivas”, la obra articula un conjunto de situaciones autónomas unidas por un hilo conceptual: la capacidad de la palabra para construir mundos y, al mismo tiempo, evidenciar sus límites. El sueño enfermizo de una editora, un miembro de la RAE hablando a través de una marioneta o robots en una feria tecnológica son algunos de los escenarios planteados como distintas formas de resistencia, frente a los intentos de simplificar la complejidad del lenguaje y la imaginación.
En escena, Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina desarrollan un trabajo físico y performativo que se entrelaza con capas sonoras, visuales y tecnológicas. Por ello, la propuesta se sitúa en la intersección entre teatro, coreografía y arte sonoro, consolidando el carácter interdisciplinar que define la trayectoria de la compañía.

‘LEXIKON’ es una obra escrita y dirigida por Tanya Beyeler y Pablo Gisbert
Uno de los elementos más llamativos de LEXIKON, que literalmente significa colección de palabras, es el regreso de la palabra hablada al escenario en el universo de El Conde de Torrefiel, tras más de una década en la que sus intérpretes no utilizaban texto en directo. Este giro no implica un retorno al teatro de texto convencional, sino una exploración de la palabra como materia escénica en tensión con la imagen, el sonido y el cuerpo, generando una suerte de “tercera imagen” que emerge del cruce entre estos elementos.
También destaca la concepción de la obra como una experiencia sensorial expandida. Cada escena otorga protagonismo a un elemento distinto (luz, sonido, escenografía o tecnología), construyendo una dramaturgia que busca ir más allá de la narrativa tradicional. La incorporación de videocreación y robótica, así como la idea de atravesar simbólicamente varias “paredes” entre escena y público, refuerzan una apuesta por desbordar los límites del teatro y ampliar las formas de nuestra percepción.
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