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EN EL CONTEMPORÁNEA CONDEDUQUE

Matías Umpierrez: «¿Y si conversamos sobre el odio y dejamos de enfadarnos y pelearnos?»

¿Sabes poner límites a la información que consumes? ¿Reflexionas los discursos que ves en redes o te dejas llevar por ellos? ¿Te cuesta cada vez más entender otras formas de pensar?

En el escenario, un color rojo impera, dominante. Diferentes cabezas sin amarre posan encima de cojines, mirando hacia el público, y una gran variedad de aparatos electrónicos —la mayoría, reliquias del pasado—, se ordenan limitando el espacio. La escena de un crimen bordea uno de los límites del escenario, el cadáver ya ha sido retirado. En el otro extremo del espacio, se representa lo que parece un camerino. Las letras que forman la palabra PLAY se proyectan en la pantalla. Matías Umpierrez, entonces, irrumpe en escena.

Todos conocemos perfectamente la palabra Play, incluso quien no sabe inglés. Para el artista, este término, en apariencia inofensivo, supuso y supone el permiso a que muchas historias y discursos entren en nuestro hogar. Más que una simple acción, actúa como una llamada al juego.

Imagen de 'Play' de Matías Umpierrez.

Matías Umpierrez es un actor y un creador interdisciplinario y transdisciplinario.

En TeatroMadrid hablamos con el conocido creador sobre su obra, que investiga sobre los discursos de odio, la inmigración y el impacto que la tecnología ha causado en la sociedad actual, entre otros temas.

¿Por qué surge en ti la idea de esta investigación?

Porque siento que vivimos lamentablemente en una sociedad que incita al odio. Y creo que las artes sirven para cuestionar todo esto. Hay también otros modos de luchar por nuestras ideas que no necesariamente tienen que pasar por el odio y, lamentablemente, en este momento tenemos una generación de políticos y políticas que, en pleno ejercicio de la democracia, de pronto se dieron cuenta que un modo fácil de generar interés en los votantes es incitándoles al odio y hablándoles de que hay una amenaza que está luchando contra ellos. En realidad, nadie está luchando contra nada, todos estamos luchando por sobrevivir.

Me parecía interesante volver a ese ritual, que es el teatro, un espacio de asamblea, donde poder pensar, comunicarnos con los dioses, a ver si nos dan alguna respuesta de cómo vivir mejor. (Ríe). Traer el odio sobre la mesa y decir: «¿y si conversamos sobre el odio y dejamos de pelearnos y enfadarnos con nuestros familiares cuando, en realidad, son los principales aliados que tenemos en la vida? ¿Y si enfadarnos con ellos es la manera de que un grupo de poderosos sean un poquito más ricos y nosotros un poquito más pobres, intelectual y emocionalmente?».

Cuando la era de la sobreinformación nos dirige constantemente a odiar, ¿cómo encontrar la verdad en lo que consumimos?

Fomentando la sensibilidad y el sentido crítico. No creo que la sensibilidad se pueda fomentar a través de la industria del entretenimiento, creo que lo único que hace es que esos grupos económicos se vuelvan más poderosos. Prácticamente todas las series que vemos hablan de distopías, las aseguradoras se aseguran de que tengamos miedo a todo.

Hay que incitar el sentido crítico, darnos la oportunidad de descubrir que podemos poner límites, que no todo es así y que podemos ser felices dentro de esta realidad que tenemos. Que podemos preservarnos de un montón de energías que, definitivamente, nos alejan como decía antes de nuestros seres queridos.

«Todos formamos parte de todo y todos somos parte de lo mismo»

¿Crees que los discursos de odio están pensados para hacer que nos sintamos solos y, así, quitarnos poder?

Sí, estamos perdiendo el poder de lo colectivo y me parece que creemos que poniendo un post en una red social estamos militando por una idea, cuando en realidad la única manera de militar ideas es a través del cuerpo físico. Se puede, evidentemente, generar gestos a través de la virtualidad pero cuando nos unimos frente a la casa de un político, ahí hay un problema: para la seguridad, para la democracia… Hay un cuestionamiento real y físico. Creo que tenemos que dejar un poquito de lado la pereza que fue acomodada también por la pandemia y que no nos sorprendamos cuando recibamos un correo electrónico diciéndonos que estamos despedidos: esa impersonalidad es mucho más fácil.

Hay algo de ese sentido crítico del que hablaba antes: la reflexión pasa por intentar activar todas las figuras, entendiendo que lo virtual es importante, pero que lo físico también lo es: unirnos, conversar, bajar al bar y ver que el vecino opina diferente. Esto fortifica la democracia y yo quiero jugar e incitar a todas esas conversaciones para que sean posibles.

Imagen de 'Play' de Matías Umpierrez.

Matías Umpierrez se destaca como uno de los artistas más prolíficos de su generación.

¿Qué importancia tiene la inmigración dentro de tu obra?

Soy hijo de emigrantes que han migrado por muchas generaciones así que aprendí la valentía de animarse a moverse de la cultura de la que uno forma parte pero también la generosidad de abrirse a otras formas y de absorber. Y si eso lo aprendí de alguien, también, es de los españoles y de los italianos, que llegaron a Argentina muertos de hambre y analfabetos. Y esas tierras les dieron el dinero, les dieron la educación, la comida… De alguna manera, esto te permite una posición muy subjetiva y muy humilde. Entender que todos formamos parte de todo y todos somos parte de lo mismo. Más allá de los límites geográficos podemos ser parte de las mismas entidades.

¿Por qué la decisión de utilizar diferentes disciplinas a la hora de crear?

Trabajo desde la frontera como inmigrante pero también dentro de la frontera de la disciplina de las artes. Hay gente que es del teatro, del cine, es artista plástico… Yo soy un poco todo, como también soy argentino, uruguayo y español. Quiero jugar desde ese lugar y quiero que el teatro sea un espacio de museo y sea un espacio audiovisual. Creo que todos podemos formar parte de distintas culturas y desarrollar la sensibilidad necesaria para entender todas las artes, que todas las artes sean parte también de lo mismo, por eso trabajo desde una perspectiva terriblemente transdisciplinar.

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Escrito por
Andrea-Garriga-González-redactora-TeatroMadrid

Graduada en Arte Dramático. Creadora de contenidos editoriales y redactora de la Revista de TeatroMadrid.

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