EN EL TEATRO LARA

Muchas mujeres de nuestra generación somos unas personas horribles

'Soy una persona horrible', el espectáculo de Sara González que reflexiona en clave de humor sobre ser una adolescente de 40 años

La hermana de mi bisabuela murió cuando yo tenía ocho años. Estas Navidades he encontrado su pasaporte. Nació en 1915, viajó mucho, algo raro en aquellos tiempos, y como profesión puso: «escritora». Yo la adoraba, me parecía una mujer con mucha luz, muy avanzada para su época, pero todavía a día de hoy, cuando se la recuerda, observo que nadie comenta ni sus sueños ni sus aventuras por el extranjero. Tampoco se valora lo valiente que fue. La gente la define, sencillamente, como a una solterona.

Muchas de las mujeres de nuestra generación hemos sido criadas por supermadres. Mujeres que, como indicó Eduard Solà en su discurso en los Goya, vivieron en un «modelo basado en la renuncia de una vida propia». No es de extrañar que yo tenga 35 años y me sienta todavía demasiado joven como para tener hijos, demasiado joven como para casarme, demasiado joven como para comprarme un piso. Demasiado joven como para tener que madurar ya. Cuando hablo con mis amigas, que rondan los 35-40 años, muchas me confiesan que se sienten igual. ¿Puede que nuestras madres, que tanto sacrificaron, soñaran esto para nosotras? No lo sé, pero sí percibo que nos sentimos, en cierto modo, como si fuéramos unas personas horribles. Y es que cuesta cumplir con las expectativas que la sociedad tiene sobre cómo debe ser una mujer adulta.

Soy una persona horrible llega al Teatro Lara después de pisar ya algunos escenarios de la capital. Su creadora, Sara González, quiso escribir sobre este tema porque le inspiró la serie Fleabag y porque siente que tiene alma de adolescente y tiene que lidiar con ello. Conversamos sobre su comedia y sobre los conflictos que atraviesa la protagonista.

Sara González es la autora e intérprete de 'Soy una persona horrible' en el Teatro Lara

Sara González es la autora e intérprete de ‘Soy una persona horrible’ en el Teatro Lara

¿Qué emoción fue la que te impulsó a escribir este espectáculo?

Vi la serie Fleabag y me entusiasmó. Dije: «Yo tengo una Fleabag dentro, tengo que hacer algo así». Me inspiró también una frase de Hamlet que dice: «Más me vale que mi madre no me hubiese parido, soy una persona ambiciosa, soberbia, vengativa…», y a raíz de ahí salieron fuegos artificiales, me apareció un personaje que es como mi versión personal y española de la protagonista de esta serie.

Eva tiene 40 años y considera que es una persona horrible. ¿Por qué?

Bueno, no está muy contenta porque en todo su entorno se lo dicen. Acaba de arruinar su boda de una manera calamitosa y lo más suave que le han dicho es que es horrible. Se siente muy mal en todas las facetas de su vida, como hija, como amiga, como pareja, profesionalmente… De pronto, todo es un desastre. Se da cuenta de que tiene 40 años y no tiene casa, no tiene pareja, no tiene trabajo estable. No tiene nada. Y no para de decirse que es horrible.

Imagino que ella misma piensa que es una fracasada, también lo pensarán las personas de su alrededor.

Sí.

Me gustaría que te salieras del personaje de Eva y me dijeras si tú piensas que es una fracasada.

Intento evitar esa palabra porque es muy dura, intento no decírmela a mí y creo que no aporta nada. Eva necesita ayuda para crecer, se ha quedado anclada en un momento de su vida y ha sido incapaz de avanzar. Se encuentra en esa etapa vital en la que o madura o va a tener problemas. Hay mucha gente que la podría señalar como fracasada pero a mí no me lo parece. Creo que es inmadura, caótica, irreflexiva pero nosotros somos nuestros errores, es lo que nos hace humanos.

Una comedia de una sola actriz que interpreta muchos personajes

Cuando hablo con mis amigas, que rondamos los 35-40 años, todas nos sentimos demasiado jóvenes como para tener hijos, casarnos… ¿Qué significa para ti madurar?

Uf, me parece una cosa complicadísima. Eva está totalmente en esa tesitura desde hace mucho tiempo. Se ha sentido muy presionada en buscar un trabajo de verdad —ella quería ser escritora—, se ha sentido presionada por su pareja en casarse y tener hijos, muchos le dicen que se le está pasando el arroz, que debería ser madre. Está sobrepasada porque pensaba que en algún momento esos deseos llegarían pero ve que pasan los años y no tiene instinto maternal ni tiene ganas de asentarse.

¿Madurar? Hay que crecer, asumir la edad que tiene uno, pero todos somos diferentes y tenemos nuestros ritmos y creo que es importante no dejar de jugar. Hoy he visto en Spotify la nueva canción de Rigoberta Bandini titulada Soy mayor y me ha encantado. El estribillo dice algo así como: «soy mayor, qué coñazo, hay que ser responsable y tener el armario ordenado». Me ha hecho muchísima gracia porque tanto el personaje de Eva como yo —porque, al final, ella es mi alter ego—, nos peleamos mucho con esto: «no son horas de llegar a casa, el salón no debería estar así, esta no es forma de vestirse…». Al final llegas a la conclusión de que tienes que hacer lo que te haga feliz. Tengo alma de adolescente, asumo que soy así.

Yo creo que somos muchas las que tenemos alma de adolescente. ¿Crees que esto pasa porque nuestras madres apenas pudieron serlo?

Creo que puede influir, ahora queremos más cosas y no queremos tener que renunciar a ellas. Muchas deseamos cumplir otros sueños antes de ser madres. Ahora, además, empieza a haber diversas miradas sobre lo que es la maternidad. Se sabe que la conciliación es algo muy complicado. Creo que es una decisión muy importante y que hay que pensarla. Influye mucho también el modelo de madres que has tenido cerca. En mi caso es algo que me ha conflictuado muchísimo. Ahora tengo dos hijos y soy muy feliz, pero era algo que pensé mucho antes de dar el paso. También llevaba mal que la gente me preguntara. Creo que la maternidad es un tema muy personal en el que nadie se debería meter.

¿Crees que si dejáramos de colocar nuestra valía en lo que piensan los demás dejaríamos de hablar de fracaso?

Sí, totalmente. Hoy me estaba pasando por ejemplo con otro montaje que tengo. Estábamos viendo las opiniones y veíamos que había de todo tipo. Un alto porcentaje del público te evalúa bien pero no se puede gustar a todo el mundo todo el rato. Muchos van a opinar y en algún momento a alguien le va a parecer espantoso lo que haces. Una tiene que saber dónde está, qué está haciendo, por qué lo está haciendo y ser fiel a sí misma.

Cada vez veo que la mejor opción es ser fiel a ti misma y seguir tu pasión. Luego, cuando compartes, descubres que hay más gente que piensa como tú, que se siente reflejada en lo que haces. Eso ayuda muchísimo y empodera.

¿Crees que las cualidades que definen a Eva como a una persona horrible también provocarían lo mismo si, por ejemplo, el personaje fuera masculino y se llamara Adán?

(Ríe) Estoy tratando de imaginármelo. Es un buen ejercicio. Viviría también con su madre, también tendría un Peter Pan. También hay hombres que no ven claro casarse o ser padres. No sé si habría esa preocupación tan grande por el paso del tiempo, por envejecer, por la presión por su aspecto. No sé si se le juzgaría el hecho de no ser padre o de ser un promiscuo. Tendríamos que ver cuál es el efecto del público o ver cómo se siente Adán al respecto, porque Eva se avergüenza de serlo.

He leído que escribiste esta obra para hacerla con varios intérpretes pero que, por la pandemia y otros asuntos, decidiste hacer tú todos los personajes. ¿Qué ha aportado de positivo este cambio al espectáculo?

Ahora es mucho más loco, divertido, dinámico. Es más fácil de llevar porque no tengo que lidiar con los compromisos de cinco actores. También este hecho hace que sea más sorpresivo en escena, al ir apareciendo los personajes, no quiero desvelar nada. Tiene un ritmo muy trepidante.

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Escrito por

Graduada en Arte Dramático. Creadora de contenidos editoriales y redactora de la Revista de TeatroMadrid.

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