Todo lo que necesitas para ir al teatro

Nacho Aldeguer: «Me gusta pensar que somos peligrosos, pero con buen corazón»

28 noviembre 2019
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Hijos de Grecia irrumpe en la recta final del Festival de Otoño, una propuesta de [los números imaginarios] que promete ser toda una experiencia: 12 horas ininterrumpidas dentro del Teatro de La Abadía, como sucedía en las grandes fiestas dionisiacas, para explorar los mitos clásicos a través del particular universo de esta jovencísima compañía que, bajo la dirección de Carlos Tuñón, se han propuesto romper con los roles teatrales establecidos, es una creación colectiva, coordinada por el propio Tuñón y Gon Ramos, que invita al espectador a ir un paso más allá, permitiendo ser partícipe de lo que acontece en escena.

Hijos de Grecia es una producción de Bella Batalla, o lo que es lo mismo Nacho Aldeguer, un tipo al que le viene igual de bien enfrentarse a la dirección de un éxito como El Amante, visto en el Pavón Teatro Kamikaze, como hacer jirones el alma de los espectadores con una pieza como Sea Wall o enfrentarse a producir un espectáculo como este Hijos de Grecia que cuenta con más de una docena de actores en escena y 12 horas de duración.

Me reúno con él y, mientras me lanza una sonrisa embaucadora, me advierte: «Soy un poco Joker con las entrevistas, me gusta detonarlas» Pienso en lo difícil que me lo va a poner, pero enseguida detecto que no, que lo que le gusta es colocarte en una situación inesperada, más o menos como lo que sucede con su teatro; así que acepto el juego, dejo a un lado el cuestionario que llevaba preparado, pongo en marcha la grabadora y nos acomodamos, con la curiosidad de ver a dónde nos va a llevar esta charla.

PONIENDO TODO EL CORAZÓN EN EL ASADOR

Este actor, director, productor, e incluso músico, de 34 años decidió un buen día liarse la manta a la cabeza y sacarse de la manga una productora «la monté para poder trabajar», le puso Bella Batalla y decidió buscar esas obras que a él le tocaran por dentro para ponerlas sobre el escenario – Ya con esto, el nombre está más que justificado – «Mis máximas como productor son que me toque el corazón, que me lo haga estallar por los aires y que piense que va a resonar con la gente» me dice «Al fin y al cabo, si no consigo que resuene con la gente, no recupero el dinero que invierto y no puedo hacer más teatro. ¡Y quiero hacer más teatro!» Un convencimiento que le ha llevado a estar detrás de éxitos como las ya mencionadas Sea Wall o El Amante, pero también de espectáculos como Un Roble, La última noche de Don Juan, Lear (Desaparecer), #AboutLastNight o Hijos de Grecia, propuestas nada convencionales. «Si me equivoco, al menos fallo con algo que me tocaba el corazón y que a la gente también se lo iba a tocar. Es un buen error que cometer». Afirma este joven productor que agradece su aprendizaje a Joseba Gil y admite que, haberse metido en semejante cruzada, le ha hecho admirar y respetar la figura del productor, tan desconocida para muchos.

«Es que no me hubiera imaginado nada de esto ni de coña” Me dice sobre la sucesión de casualidades que le han llevado a donde hoy está; crear Bella Batalla le llevó a montar un Pinter que le abrió las puertas del Pavón donde, casualidades de la vida, estaba impartiendo un taller para actores que querían dirigir Carlos Tuñón, y ahí se produjo la magia, cuando la cabeza de Nacho voló por los aires y transformó al actor que era en el creador que es hoy, descubriéndole nuevas formas de hacer teatro, esas que él estaba buscando y que le han llevado a estar muy implicado en la nueva andadura del Teatro de La Abadía con Carlos Aladro al frente «Le debemos muchísimo, lleva  apostando por nosotros desde Clásicos en Alcalá».

ALGO NUEVO, ALGO ARRIESGADO, ALGO COMPARTIDO

Ese teatro del que habla y que buscaba, tiene mucho, por no decir todo, que ver con [los números imaginarios], compañía a la que se sumó en el 2017 para producirles La última noche de Don Juan y de la que ya no se ha separado «Soy un poco flipao» dice Nacho riéndose «Pero diría que no hay compañías así, jóvenes y de este tamaño, en nuestro país». Nos explica que [los números imaginarios] son una compañía con cerca de una treintena de miembros que han basado en la horizontalidad su línea creativa, inspirándose en el tipo de trabajo que se realiza en Holanda, Bélgica o Alemania, poniendo como ejemplo lo que FC Bergman hacen, «He participado en varios proyectos con idea de ser colectivos y la mayoría de las veces, aunque eran grupos de gente con mucho talento, eran gente que no confiaba ciegamente los unos en los otros, no llegaban a compartir una misma visión, ni hipotecaban su visión para decir ‘Bueno, vamos a ver qué sale de aquí’. Y eso aquí pasa ¡y es magia! porque somos treinta personas de acuerdo».

Me cuenta que la compañía se reúne todos los lunes para trabajar «Carlos nos propone que hagamos acciones sobre ciertos temas. En Lear, por ejemplo, eran acciones sobre qué es acompañar, en Hijos de Grecia el sacrificio. Entonces, cada uno hace su versión y de ahí vamos sacando distintas partes de la obra. Estamos al servicio de la obra en sí, y no solo los actores» Nacho lo califica como un diálogo artístico entre todos, sin pretensiones más allá de la mera exploración creativa «El oro de esta compañía es el talento que tiene Carlos para reconocer a un grupo de gente que se convierte en familia y en equipo. No hay elementos disruptores, hay absoluta flexibilidad».

CUESTIONARSE, COMPRENDER Y RESPETAR ANTES DE RECHAZAR

Le comento que [los números imaginarios] cuenta con un nutrido grupo de seguidores, casi podría hablarse de un efecto fan, y se echa a reír admitiendo que no es muy consciente, pero que lo agradece «Son estas cosas que te hacen creer que estamos haciendo cosas bien y te da ánimo para aguantar». Eso me lleva a plantearle una duda, habiendo asistido a varias de las propuestas de la compañía, le pregunto si cree que su teatro puede interesar a cualquier tipo de espectador: «Creo que cualquier comedia de hora y media, en cualquier teatro comercial de Madrid, está tan hecha para el público como cualquiera de nuestras obras» me dice con absoluta convicción, aunque me confiesa que él hasta hace algunos años también pensaba que un teatro como el que hacen Fabre u Ostermeier, por poner algún ejemplo, le parecía hecho para unos cuantos frikis elitistas. Hasta que un día, gracias a una función de Castellucci, se dio cuenta que había un teatro, no necesariamente de texto, que también le emocionaba «Es como una ecuación misteriosa en la que se mezcla el momento en el que estás con el día que tienes, que te cae la ficha y entras» y lo concluye con una reflexión: «Hay que tender puentes y ser mas inquietos, dar oportunidades a las cosas que se hacen».

Nacho me explica que desde Bella Batalla luchan por quitarle al teatro esa etiqueta de aburrido «Probablemente alguna vez fuiste al cine a ver algún bodrio y no pensaste ‘No voy a volver al cine’, pero con el teatro sí sucede esto. El teatro no es esa cosa rancia a la que te llevaron cuando ibas al colegio y a la que te prometiste que no volverías nunca» Una afirmación que nos lleva a hablar sobre la responsabilidad que tenemos todos los que trabajamos para la cultura de erradicar esa visión en el espectador, ayudándole en su proceso de aprendizaje y animarle a cuestionarse, comprender y respetar antes de rechazar «Es una forma preciosa de conectar entre seres humanos. Tanto que se habla de que la generación que viene es la generación de las experiencias, pienso: ‘¿Qué experiencia hay mayor que el teatro?’ Y con lo hasta los huevos que estamos de los móviles y los anuncios ¡Qué remanso de paz es ir al teatro!» Dice con ánimo contagioso y explicándome que, para él, esa filosofía que utiliza para subir propuestas a escena es extrapolable a la vida cotidiana y a la labor revolucionaria de su generación «¡Lo punk en los años 70 era romper todo y ahora lo punk es recomponerlo! Es ser un consumidor responsable, contaminar lo menos posible. Me gusta pensar que somos peligrosos, pero con buen corazón, porque nos estamos planteando cosas y podemos hacer que tú también te las plantees» Me espeta, entre la invitación y la advertencia, con esa mirada sonriente tan característica de Nacho.

El tiempo se acaba, terminamos la entrevista apresuradamente. Nacho llega tarde al teatro por estar hablando de teatro conmigo y yo me marcho con una entrevista detonada entre las manos y una sensación interna de que quizá estemos siendo testigos de una etapa ciertamente transformadora en el teatro.

José Antonio Alba / @joseaalba

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