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Pablo Messiez: “Es raro que me interese un tipo de actuación donde lo femenino no aparezca”

15 abril 2019
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La otra mujer (un concierto) es el nuevo espectáculo de Pablo Messiez, un musical de pequeño formato que inaugura el ambigú del Teatro Pavón Kamikaze como café-concierto, y donde el director de La piedra oscura y Todo el tiempo del mundo, se reencuentra con Nina Simone (la de My baby just cares for me) y Nina Mijalovna (la de La Gaviota). La obra, interpretada por la actriz y cantante Guadalupe Álvarez Luchía, podrá verse hasta el 4 de mayo durante los fines de semana y también en el puente de mayo.

Y aunque apenas acaba de estrenar, Messiez está volcado ya en Las Canciones, una obra que empezó a esbozar hace tiempo con los actores y actrices de Todo el tiempo del mundo y que por fin podremos ver, también en el Teatro Pavón Kamikaze, dentro de unos meses.

Teatro Madrid.- ¿De qué modo han influido las canciones en tu vida?

Pablo Messiez.- Muchísimo. Ya de bebé, me contaron, agarraba la radio y me quedaba dormido escuchando ópera. Pero la verdad es que enseguida empecé a escuchar música. De hecho, mi primer acercamiento al teatro fue con musicales de Hugo Midón, un gran autor argentino que dio nombre a los Premios Hugo al Teatro Musical. Eran musicales para niños y cuando los veía decía: yo quiero hacer esto; y me pasaba las horas cantando las canciones en mi cuarto. Después empecé a fascinarme con las grandes divas, en un primer momento con las locales, como Marilina Ross, que fue la primera lesbiana openly gay de argentina. Recuerdo que era un niño cuando sacó el disco Cruzando las grandes aguas, en la portada estaba ella nadando en tetas, y a mí me daba mucha vergüenza porque comprarlo era como comprar una porno. Escuchaba a Nacha Guevara y también a María Elena Walsh, una autora que, en su poesía, tiene algo que ver con Gloria Fuertes. Era una autora para niños, pero también para adultos, y compuso canciones que luego cantaron Mercedes Sosa, Serrat y otros muchos. Y ya, más tarde, llegaron divas como Ella Fitzgerald, Billie Holiday o Nina Simone. Siempre eran mujeres, siempre me fascinaron más las mujeres en este ámbito y también me pasa lo mismo el ámbito de la interpretación. Es raro que me interese un tipo de actuación donde lo femenino no aparezca.

TM.- Tras ganar el Nobel de Literatura, Bob Dylan dijo que las canciones son distintas a la literatura porque son concebidas para ser cantadas. Pensando en Nina Simone se podría decir que las canciones son concebidas también para ser interpretadas. ¿No tiene esto mucho que ver con el teatro?

PM.- Totalmente, porque el teatro está concebido para ser dicho. Incluso cuando escribo, lo hago en voz alta. Y por eso hay algo tan teatral en las canciones, porque necesitan de la actualización. La canción no está en la partitura ni en el instrumento quieto. Está en el encuentro de todas esas cosas en el presente en que está sucediendo. Y esto, que es verdad siempre, es muy evidente en Nina. Cada interpretación de una canción era prácticamente una reescritura, porque empezaba a improvisar, no solo con la música, sino también con la letra. En Alone again naturally, salvo el título, Nina Simone se concedió el permiso de cambiar toda la letra, convirtiéndola en una especie de autoficción en la que cuenta la muerte de su padre. Y eso sí que es una pequeña escena. Por eso he encontrado siempre un refugio en las canciones, porque son pequeñas escenas. No es solo la música, sino lo que la canción cuenta. Y en intérpretes tan poderosas como Nina Simone, hay siempre una dramaturgia muy clara y una interpretación increíble.

TM.- Y por esa razón, Nina aparece en cinco de tus obras.

PM.- Esto es porque, cuando vi el concierto de Montreaux, me enamoré. No solo por la música sino por todo lo que hace y dice. La mejor escuela de actuación está en analizar cómo ella se deja mover por lo que le está pasando, por su relación con el público… bueno, me mata. Así fue como empecé a introducir a Nina en mis obras. Uno de los temas que más me gustan, y que está también en La otra mujer, es The desperate ones, lo usé en Antes, la primera obra que hice en Buenos Aires y que después hicimos aquí con el nombre de Ahora. Más tarde escribí Muda, donde las canciones eran muy importantes y ahí suenan I get alone without you very well y Just in time, que también están en La otra mujer. Siempre que aparecía Nina, había alguien que decía “esta negra me encanta”. Y eso también ocurría en Los ojos y en Las plantas, donde Nina aparece en pantalla durante el concierto de Montreaux.

TM.- En La otra mujer, Nina Simone se encuentra con la Nina de La Gaviota. ¿Cuál es la conexión entre ambas?

PM.- Bueno, La otra mujer nace, en primer lugar, del encuentro entre Guadalupe Álvarez Luchía y yo. Los dos queríamos trabajar el tema de la interpretación en la voz cantada, de poder pensar, como Nina, las canciones como esencia. Después está el monólogo final de La Gaviota, que a mí me gusta mucho usar en los entrenamientos y que alguna vez he trabajado con Guada. En ese monólogo, Nina dice: “Cuando pienso en mi vocación no le temo a la vida”. Por otro lado, hay un video de Nina Simone donde le preguntan qué es para ella la libertad, a lo que responde: “la libertad es no tener miedo y esto lo he sentido muy pocas veces, en general en escena, y no se parece a nada”. Esto conecta con lo que le pasa a Nina en La Gaviota, que cuando está en escena no tiene miedo y se siente libre. Son coincidencias absurdas, pero a las que me gusta dar bola, como cuando hicimos Los ojos donde la Marianela de Galdós fue interpretada por nuestra Marianela Pensado.

TM.- Dicen que el que canta su mal espanta. ¿Nos ayudan las canciones a ahuyentar nuestros miedos?

PM.- Sí, definitivamente. Hay algo misterioso en ellas. Y eso es lo que más me motiva a la hora de trabajar con la obra Las canciones, ese misterio tan cercano en el que podemos entrar ahora mismo escuchando una composición musical que de repente nos toque y nos haga algo. ¿Qué es eso? Yo no lo sé, pero hay algo ahí muy misterioso en lo que hay que detenerse. Pascal Quignard vincula el misterio de la música a la percepción sonora desde el útero materno. Dice que antes de nacer ya escuchamos y que nuestra relación con lo sonoro nos lleva necesariamente a otra vida.

TM.- En 1969, Nina Simone declaró al Ebony Magazine: “Deseo que llegue el día en que sea capaz de cantar más canciones de amor, cuando la necesidad de cantar canción protesta no sea tan imperante”. Se cumplen ahora cincuenta años de estas declaraciones. ¿Crees que ese día estaría hoy más cerca?

PM.- Claro que no, estaríamos más lejos, y pobre Nina Simone si viviera ahora, con lo incorrecta que era ella, lo mal que lo pasaría. Aunque sería extraordinario para todos, que una voz como la de ella pudiera estar ahora sonando. En cualquier caso, aunque dijera eso, ella se ocupó siempre de las dos cosas, del amor y del dolor.

TM.- ¿Alguna vez te has planteado la posibilidad de hacer un musical?

PM.- Sí, claro. De hecho, para mí, La otra mujer es una obra de teatro musical, un musical de pequeño formato. Pero algún día me gustaría hincarle el diente a algo de Brecht, no sé si La ópera de los tres centavos o Happy End, pero es que esa música es tan buena. Lo mismo me pasaba con los textos cuando era actor, que no podía actuar en una obra si no me gustaba el texto porque me decía: esto hay que decirlo todas las noches, me mato. Y en cambio, cuando está bueno, te hace bien. Me pasó con La Verbena de la Paloma, escuchar esa música todos los días era un bálsamo para el alma. Así que sí, me encantaría. Y yo creo que algo haré en algún momento, si sigo haciendo teatro.

TM.- Y mientras tanto, Las Canciones.

PM.- Sí, la idea de trabajar con las canciones como material escénico empezó hace tiempo. Me interesaba sobre todo la acción de escuchar y empecé a hacer ejercicios que tenían que ver con la escucha, con la relación entre la música y el cuerpo, con ese momento en que la onda sonora toca el cuerpo y hace que algo se mueva, cómo sería imaginar el primer momento en que alguien empezó a bailar. A partir de estos ejercicios, tenía muchas ganas de hacerle una obra a las canciones. Las canciones como un personaje que es capaz de transformarnos, que nos cambia el ánimo e incluso la vida. Quería hacer algo como Todo el tiempo del mundo, algo que yo conociera mucho, algo que me fuera muy cercano. Y esa obra, tenía que ser Las Canciones.

Telón lento… y final.

Juan Mairena / @Mairena_Juan

Fotos Vanessa Rabade

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