
Paula Iwasaki interpreta a la reina en ‘Farsa y licencia de la reina castiza’.
En Farsa y licencia de la reina castiza, Valle-Inclán funde en un carnaval grotesco la política, la monarquía y el pueblo. La compañía segoviana Nao d’amores, capitaneada por Ana Zamora, nos invita a sumergirnos en un Madrid de sainete y miseria, donde Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
El autor gallego utiliza en esta obra, considerada por muchos estudiosos la antesala del esperpento, un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden.
Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo. El espectáculo se podrá ver del 30 de junio al 26 de julio en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español.
Desde Teatro Madrid hablamos con la actriz Paula Iwasaki que da vida a la monarca protagonista de un delirante viaje al reino del absurdo.
¿Conocías la obra? ¿Cuál fue tu primera impresión cuando la leíste por primera vez?
No conocía la obra y la primera impresión fue de un lío tremendo, porque no es una lectura nada ágil ni sencilla. Pero simplemente por eso ya me interesó y me atrapó. El universo de Nao d’amores junto a una obra como esta sabía que iba a ser un reto, y que iba a ser gozoso de trabajar en la sala de ensayos en todos los sentidos.
Ha sido un texto que hemos tenido que ir desgranando entre todos, y lo interesante de este tipo de lenguaje es que llega un momento en el que te tienes que levantar de la mesa de trabajo y comprenderlo a través del cuerpo. Existe mucha complejidad en la palabra, sin embargo, lo que denuncia y de lo que habla en el texto es absolutamente sencillo y accesible. Hay una presentación de un conflicto, vemos cómo se va resolviendo y cómo se van degradando todos los personajes en torno a esta situación tan llana.
Isabel II fue un personaje histórico a quien Valle-Inclán consideró una usurpadora. En la farsa, el personaje literario llega a anular al personaje real. ¿Quién es la reina en esta farsa?
Hay una frase que me gusta mucho que utiliza Valle en la obra para referirse a la reina en una de sus primeras entradas, la utilizan en una acotación. Dice: «Ríe la comadre feliz y carnal». De todo y de todos, le faltaría añadir. El personaje que presenta es una mujer frívola, caprichosa, superficial también, por supuesto, muy seductora, muy coqueta. Pero, por otra parte, a mí lo que me interesa, más allá de que la obra esté vista a través del filtro del guiñol, del tablado de títeres y del esperpento, es que no puedo dejar de pensar en que estamos contando la historia de una mujer que ostenta un cargo de poder, siendo juzgada, comentada, mirada y cuestionada por toda una camarilla que la rodea que, casualmente, son todos hombres.
Se despliega toda una serie de estrategias políticas en torno a lo que pretenden conseguir yendo a por ella, pero para que pueda existir un inicio de conspiración contra alguien, previamente, hay algo mucho más simple y mundano y cotidiano del día a día, que es el juicio. El juicio a que quien tenemos delante no nos sirve para nada y vamos a ver cómo nos lo quitamos de en medio. Todas estas cosas que tienen que ver con los instintos más primarios de los personajes es de lo que habla Valle.

La obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
A mí me está divirtiendo muchísimo interpretar este personaje, que, por otra parte, es una figura bastante ausente durante la trama, a pesar de que se habla mucho de ella y todo gira en torno a las acciones de este personaje en la obra. Por otra parte, no es casualidad que no esté presente porque a ella le aburre soberanamente todo lo que tiene que ver con esas cuestiones de las que hablan los personajes. Ella lo que quiere es pasar un rato fuera de la Corte y de todo el asunto político y vivir un poco las ciudades de lo campechano y lo popular. Que terrible, ¿no?, también, que para un dirigente político esa sea su mayor pretensión. Valle aquí no deja a nadie sin recibir.
¿Cómo contrasta con la infanta Francisca, el otro personaje que interpretas en la obra?
El personaje de la infanta Francisca no tiene nada que ver con la reina en cuanto a energía, a cómo se presenta ella ante los demás personajes de la cámara. De hecho, tal y como la estamos concibiendo en esta propuesta, tiene algunos de los momentos más sórdidos y más grotescos del montaje. Es una mujer que está completamente también invadida por los instintos más primarios y que, sin embargo, juega su carta en ocasiones de la demencia, de la vulnerabilidad, de la ancianidad. Es la que por detrás está intentando mover todos los hilos de esos políticos y esas personas de la camarilla que tratan de lucrarse con las cartas. Ellos están ahí conspirando y tratando de sacar rédito. Entonces todo es tan vulgar, todo es tan burdo, tan surrealista que nosotros nos divertimos mucho.
Además, con el sello de Nao se está haciendo una propuesta muy carnavalesca con mucho rescate de música popular de la época que cantamos en escena de manera coral. Y desde el momento en el que pisamos el espacio escénico los actores no salimos de escena: somos quienes vamos transformando la escenografía, el espacio y todos los elementos.
Un ejercicio encomiable. Vuestro trabajo es un auténtico engranaje; es una preciosidad verlo y se aprecia que lleva detrás mucho trabajo para que todo esté estudiado, medido y muy coordinado.
Es un trabajo muy exigente física y mentalmente, pero también es tan gozoso, porque te das cuenta de que como actor sí tienes que estar disponible no solo para la palabra y para hacer llegar al público la comprensión del texto, sino que tienes también que tener una mirada periférica para comprender muy bien el espacio, los elementos que pisas, que tocas. Todo es sagrado para la mirada de Ana Zamora en el escenario. Y todo el proceso para conseguir que eso resulte fácil es tremendamente complejo, pero muy satisfactorio de realizar.
Incluida dentro de la trilogía Tablado de marionetas para educación de príncipes, en esta farsa, considerada la antesala del esperpento, todos son muñecos, el escenario es un guiñol y la Corte es un conjunto de disparates goyescos. ¿Cuáles han sido los mayores retos desde el punto de vista del intérprete en un espectáculo que además es muy coral?
Uno de los mayores retos ha sido que solamente somos cinco actores en escena. Esta es una obra de muchísimos personajes y lo estamos resolviendo solo entre cinco, conservando muchos de esos personajes que aparecen y se van. Lo logramos cambiando en la propia escena de personajes y todo esto metido en tempo musical, porque todo sigue unos compases, y al mismo tiempo que terminamos de confeccionar el espacio escénico para el tercer acto que cambia con respecto al primero y segundo.
La genialidad de Ana en este sentido ha sido conseguir una propuesta y un juego escénicos donde también está confeccionándose un poco la antesala de ese esperpento como sucede en la propia farsa. Cómo mostramos el artefacto escénico dialoga mucho con esta estética teatral que es el esperpento.
Para Ana también es un gran reto porque ella es especialista en Prebarroco; ya dio el salto al siglo XVII con El castillo de Lindabridis. Si bien es cierto que la farsa entronca muy bien con ese mundo carnavalesco que tiene su origen en lo medieval, este es un nuevo desafío, un apostar por salirse de la zona de confort.
Sí, y sin que ello suponga una renuncia ni a su universo, ni a su imaginario ni a su lenguaje teatral. Ana tiene una mirada tan divertida sobre el universo de Valle-Inclán; lo describe como el padre del teatro documento en España o quizá el padre del teatro documento a la española. Una definición muy acertada por su parte. ¿No será que el esperpento ya es una propia mirada del español acerca de uno mismo? Si miramos alrededor para ver cómo nos relacionamos en la calle, ya hay algo como grande y extremado en el propio carácter español desde lo pequeño.
Y frente a la comedia, ¿qué posibilidades de juego consideras que ofrece la farsa al intérprete?
En este registro de farsa, sí creo que hay un juego de complicidad entre el actor y el espectador mucho más ampliado que en la comedia. No había trabajado nunca de una manera tan grande y tan desnuda. Reconozco que me da un poco de vértigo lo que planteamos y, al mismo tiempo, me encanta, pensando en que vamos a hacer esta farsa en la sala pequeña del Teatro Español.
En este sentido, no vamos a jugar con la distancia con el público ni nada parecido y realmente el código es muy grande y muy fuerte sin perder la historia y lo que estamos contando, pero esa lupa el público la va a observar desde muy cerca. Para mí, en este montaje en concreto el reto está siendo darle verdad y veracidad a esta deformación: que la forma no esté por encima de las circunstancias de cada escena.
Toda la obra está escrita en verso, incluidas las acotaciones, y Valle-Inclán hace alarde de su abrumador conocimiento y empleo del lenguaje. Destaca la belleza dialectal: coloquialismos, vulgarismos, gitanismos. Además, rompe el decoro: todas las clases sociales hablan igual. ¿Cómo lo habéis trabajado?
Con Vicente Fuentes, asesor de verso de Nao d’amores, hemos hecho un trabajo de mucho rigor y de mucha atención en la palabra. Vicente siempre nos pide llevar la palabra al estómago y a tierra, hacerla accesible. Uno se va con mucha facilidad a una especie como de pausa, de solemnidad o de intención de elevar la propia palabra que ya está elevada en el lenguaje de Valle. Entonces, el trabajo en realidad que hacemos es muy bonito porque es muy sencillo y, una vez más, muy cotidiano.
El esfuerzo radica en hacer esa palabra nuestra y en hacerla accesible, que sea una palabra que el personaje diría sin pensárselo dos veces. Y es cierto que todos los personajes están un poco atravesados como por una forma similar de hablar. Esto creo que tiene que ver con el propio punto de vista que Valle quiere hacer desde fuera: da igual la jerarquía social y las clases, somos exactamente lo mismo y, en concreto y en este texto, la misma calaña.

‘Farsa y licencia de la reina castiza’ (1920), de Valle-Inclán, está considerada la antesala del esperpento.
Por otro lado, hemos rescatado en la propuesta escénica todas las acotaciones de Valle. Cuando nosotros hacemos las acotaciones salimos del personaje para hablar directamente con el público y contarles e introducir lo siguiente. En esta suerte de distanciamiento, el lenguaje también, de pronto, cobra otro sentido. No es casual, es que el propio Valle también eleva conscientemente sus palabras en este texto. Él también hace una caricatura de ese lenguaje excesivamente poetizado que hasta la propia palabra está guiñolizada.
¿Cómo está siendo para ti esta experiencia, poder volver a la Nao d’amores y reencontrarte también con muchos compañeros?
Siempre queremos estar en proyectos interesantes y bonitos, pero cuando además tienes la alegría de trabajar con gente que quieres y admiras, pues ya es el pack completo. Empezando por los actores Alejandro Pau y Miguel Ángel Amor, son familia, amigos y compañeros ya de la época de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Nos conocemos desde hace más de 10 años. Trabajar con tu red es un regalo. Y con Aisa Pérez y con Rafa Ortiz no había coincidido nunca trabajando, y está siendo también maravilloso.
La experiencia completa de Nao d’amores implica la convivencia, dejar Madrid y mudarte a Segovia, a la localidad de Revenga, durante todo el mes de ensayos para estar por y para el proyecto. Vives el trabajo de otra manera, todo tu cuerpo está enfocado en el proyecto que tienes entre manos. Admiro muchísimo a Ana Zamora. Es una persona muy exigente, muy perfeccionista, muy rigurosa y nos demanda exactamente eso en la sala de ensayos. Ella siempre exige de ti una actitud creadora, de forma proactiva. Lo que ella espera de los actores con los que trabaja es que traigan propuestas, que abran y que compartan también su imaginario, su universo, su sensibilidad, y solo con eso es con lo que Ana trabaja con cada actor. Y esto es muy bonito y muy interesante porque no siempre sucede.
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