Simón García: «Volver al teatro es un haz de esperanza para el momento que estamos viviendo»

Eirene Ramos

Hoy nos asomamos a los camerinos de la sala Cándido Lara del Teatro Lara para hablar con Simón García, joven violinista de ‘Mis primeras cuatro estaciones. García recoge el testigo de Ara Malikian en un espectáculo que acerca ‘Las cuatro estaciones’ de Vivaldi a mayores y pequeños. Una experiencia que con el tiempo, se ha convertido en una obra de culto para acercar la música clásica a toda la familia.

Teatro Madrid-. ¿Qué supone para vosotros volver al teatro y en concreto al Lara?

Simón García-. Para nosotros, significa mucho. Es volver a nuestra segunda casa, o a nuestra primera casa. Es un haz de esperanza para el momento que estamos viviendo ahora mismo. Estamos muy muy muy contentos, sobre todo, por volver en unas fechas tan familiares.

T.M. ¿De dónde parte la idea de acercar la música clásica a los más pequeños?

S.M-. Este espectáculo lleva 18 años rodando por toda España gracias a la labor de Marisol Rozo y su idea de querer llevarlo no solo a los más pequeños sino a todos los públicos.

T.M. ¿Qué supone para ti tomar el testigo de un virtuoso como Ara Malikian?

S.M-. Es un regalo que te da la vida: poder disfrutar y afrontar un papel como éste. Además, es un espectáculo muy redondo, muy bien hecho que a la vez puedo moldear para interpretarlo según mi manera de ser.

T.M. ¿Qué crees que diría Vivaldi si viera el espectáculo?

S.M-. Creo que estaría agradecido y nos diría: Wow, cómo ha cambiado el panorama… es increíble para qué se usaba antes la música clásica y para qué se utiliza ahora. Creo que estaría contento de poder reforzar, en este caso los eventos climáticos, con dramatización para el disfrute de los más pequeños.

T.M. ¿Por qué tienen que traer las familias a sus peques a ver Mis primeras cuatro estaciones?

Porque ellos mismos solos no pueden venir (jajaja)… Hablando en serio, es una oportunidad para lavar la imagen de este estilo musical. Porque hay que demostrar que la música clásica no tiene por qué tener cara de pescado muerto tocando a su bola y que se puede disfrutar de un instrumento. Puede ser un gran compañero de vida.

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