Cuando en el instituto estudiábamos la Generación del 27, de la que esta temporada celebramos el aniversario, pocas veces se escuchaban nombres de mujer. Muy pocas. Por eso no es de extrañar que sepamos perfectamente quiénes fueron Lorca, Alberti, Cernuda o Salinas. Ellos no necesitan presentación. Sin embargo, Mercedes Pinto sí la necesita.
Afortunadamente, el teatro es ese lugar que se rebela contra todo y decide que la historia no siempre se tiene que mantener. Que podemos contarla de otro modo. Que los silencios pueden convertirse en gritos y los olvidos en presencia. Que podemos volver a conocernos, y hacerlo desde las tablas, con emoción, pasión y muchas ganas de cambiar las cosas.
Por eso, LaJoven Compañía recupera el texto Un señor… cualquiera, con versión de Raúl Losánez y dirección de Mabel del Pozo y José Luis Arellano. Y lo hace desde el Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, en la sala Jardiel Poncela, del 11 de septiembre al 4 de octubre.

Imagen promocional de ‘Un señor… cualquiera’
Quién fue Mercedes Pinto
Mercedes Pinto (La Laguna, Tenerife, 1883 – Ciudad de México, 1976) fue escritora, dramaturga, poeta, periodista y conferenciante. Su obra apostaba por un fuerte compromiso con la libertad, la dignidad y la defensa de los derechos de las mujeres. Ella «abrió el camino hacia una igualdad de género que muy poquito tiempo después transitarían todas las Sinsombrero», explica Losánez.
Valga como ejemplo de su trayectoria la conferencia «El divorcio como medida higiénica», que pronunció en 1923 y en el que ponía nombre al maltrato y abogaba por el divorcio rápido para quienes sufrían a maridos celosos y violentos. Vamos, que defendía un matrimonio basado en la igualdad, el respeto y la libertad. Algo que todavía hoy no se da en todos los casos. Y sí, la fecha es correcta: 1923. Pronunciar este discurso en la dictadura de Primo de Rivera fue uno de los detonantes que provocaron que Pinto tuviera que exiliarse de España y buscara la libertad más allá de unas fronteras asfixiantes. Su propia obra, recuerda Del Pozo, pone en juego «las consecuencias de ejercer la libertad» y, así, ella misma pone su cuerpo para asumir esas consecuencias.
Afortunadamente, Pinto siguió escribiendo allá por donde pasaba, y una de sus novelas más célebres, Él, fue adaptada al cine por Buñuel. Paradójicamente, conocemos más la obra de él, aunque la escribiera ella. Hay cosas difíciles de cambiar.
Un texto empoderador
Un señor… cualquiera es una obra teatral, publicada por primera vez en 1926 en Montevideo, describe el comportamiento de una época y, a la vez, propone un cambio de actitud para las mujeres. Pinto, en esta «comedia-farsa», como ella la subtitula, se burla de la hipocresía burguesa, evidencia la ranciedad del matrimonio y aspira a lograr la independencia de las mujeres.
Para ello, se permite «utilizar todo tipo de elementos teatrales como personajes simbólicos o el teatro de títeres», para construir un texto teatral que tiene un discurso claro, «que se siente como un disparo», explica Arellano. Un disparo que hoy apunta a las nuevas generaciones, ante la incertidumbre por un futuro que recuerda demasiado a pasados terribles. Un texto que LaJoven Compañía, que se dirige siempre a los jóvenes y adolescentes, recupera para alertarnos para no acabar, explica Losánez, «engullidos por esa poderosa maquinaria social que, siendo una creación nuestra, tantas veces nos domina».
Un espectáculo para tomar conciencia
Helena Lanza, Paula Feroz y Raúl Martín serán las tres actrices (sí, en femenino genérico) que pondrán en escena esta obra. Junto a ellas, José Luis Raymond se encarga de la escenografía y el vestuario; Óscar Fernández firma la iluminación y la música original es de Koki Lortkipanidze.
LaJoven, que trabaja poniendo en el foco a la juventud, ha rescatado esta obra para seguir ahondando en su necesaria labor pedagógica (de hecho, habrá funciones matutinas para estudiantes, para que el teatro dialogue con su plan de estudios) y ayudar a que jóvenes y adolescentes desarrollen su pensamiento crítico y despierten su conciencia social. Porque no hay nada más importante, en tiempos grises como estos, que recordar que los seres humanos tenemos unos derechos que defender. Y hacerlo desde la emoción que despierta el teatro es la mejor manera de llegar a reencontrarnos con nuestra propia realidad. Mercedes Pinto nos deja un legado con su obra para que seamos nosotras (y nosotros, claro) quienes recojamos el testigo y cambiemos las cosas.
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