Cabaret, el musical en el Kit Kat Club
El Kit Kat Club en tiempos de neofascismo
Un teatro convertido en cabaret con el público sentado en mesas y los actores recorriéndolas, subiéndose a ellas para bailar sus números y cantar. El gran acierto de la obra, sin duda, es que nos traslada a esa atmósfera del legendario Kit Kat Club en aquellos años dorados del Berlín antes de ascenso del nazismo. El musical nos regala momentos icónicos e imágenes asombrosas: una lluvia de dinero, una bailarina cantando desde el columpio, la presentación de la orquesta… Se trata de una obra que no puede leerse sin su componente político: la vida bohemia berlinesa se apagó con la llegada de los nazis su rechazo racista a los inmigrantes magrebíes que cruzaban la frontera de Ceuta (perdón, quería decir la comunidad judía). Resulta inevitable trasladarlo a nuestros días, cuando nos encontramos con un neofascismo que amenaza con cercenar las mismas libertades y las formas de vida que la obra abandera. A propósito de esto, no se me ocurre ninguna otra persona que haya blanqueado tanto el fascismo como Mario Vaquerizo para que sea el maestro de ceremonias. Alguien que no sabe ni cantar, ni bailar, ni actuar y está ahí por su nombre. Era difícil no mirar las caras de excepción del público cada vez que Mario salía escena y destruía las canciones más emblemáticas de este musical. Qué pena no haber visto a Víctor Palmero en su papel.