«En `Adiós, dueño mío´, escrita en el Siglo de Oro, te das cuenta de que todavía estamos batallando con muchísimas cosas»

Bea López

Marta Calabuig, Pilu Fontán, Rosana Martínez, Laura Valero y Silvia Valero protagonizan ‘Adiós, dueño mío’, un espectáculo dirigido por Magüi Mira. // Foto del espectáculo

Magüi Mira dirige el espectáculo Adiós, dueño mío, única obra teatral de María de Zayas que rinde homenaje su lucha por la libertad amatoria de la mujer. Esta comedia insólita del Siglo de Oro, que fue definida por su autora como un sarao, llega ahora a la escena madrileña en una versión libre de Emilio Hernández.

Marta Calabuig, Pilu Fontán, Rosana Martínez, Laura Valero y Silvia Valero son las cinco jóvenes actrices valencianas que interpretan a los tres varones y cinco mujeres de un espectáculo que aúna lo clásico con lo contemporáneo.

Desde Teatro Madrid hemos hablado con tres de las actrices sobre la preparación y significado de la obra que podrá verse del 9 al 13 de marzo en el Teatro Bellas Artes.

Entrevista a Marta Calabuig, Rosana Martínez y Laura Valero

¿Cómo surgió la oportunidad de formar parte de este proyecto?

Rosana Martínez: El Teatro Olympia de Valencia decidió hacer una producción de teatro clásico y abrió un casting. Se buscaba un perfil concreto de edades, con manejo del verso y nociones de baile porque hay coreografías en la propuesta. Y al final creo que fuimos unas 10-12 actrices las que hicimos el casting. Vino Magüi a Valencia. Y fue curioso porque nos pilló en la nevada de Filomena de Madrid. Magüi tenía que venir a Valencia, pero no pudo venir porque Madrid estaba absolutamente enterrada en nieve. Vino a la semana siguiente. Después del casting, nos quedamos nosotras y aquí estamos.

¿Qué primera impresión tuvisteis al leer el texto y cómo fue la primera lectura del equipo?

Marta Calabuig: En cuanto a la primera lectura, yo la recuerdo muy emocionante, porque algunas nos conocíamos, pero no todas y, de repente, nos escuchamos las unas a las otras. Aunque tú te lo habías leído en tu casa, al escuchar a las compañeras surgían cosas de los personajes.

Rosana Martínez: Estábamos emocionadísimas en la primera lectura. Era una propuesta muy loca, en el buen sentido de la palabra, y emocionante. Conocer hacia dónde se dirigirá el personaje, cual será la propuesta. Magüi nos dijo que iba a haber mucho cuerpo. Y decíamos: «¿cómo será?». Esa ansiedad buena de las primeras lecturas.

Laura Valero: Mi experiencia fue diferente porque yo me incorporé al reparto más tarde sustituyendo a una actriz. En mi caso fue un trabajo a contrarreloj. Tuve que preparar la obra en muy poquito tiempo y los estímulos fueron muy rápidos. La primera impresión fue con mucha ilusión porque yo había tenido contacto con el teatro clásico, pero nunca de esta manera tan a fondo. Para mí fue todo un reto.

La obra es una versión de Emilio Hernández a partir del texto original de María de Zayas.

Interpretáis varias de vosotras a cinco mujeres y también a tres varones. ¿Cómo ha sido la preparación de vuestros personajes en un espectáculo complejo que combina el verso con la música y el baile?

M.C.: Desde el inicio Magüi nos dijo que con los personajes teníamos que huir de los clichés. No queremos hacer la imitación del hombre, queremos interpretar a una persona independientemente de si es hombre o mujer, porque ya el texto te da el carácter de esta persona. Lo viví como un reto porque los cambios entre el hombre y la mujer son muy rápidos. Acabo una escena de Laura, me pongo una chaqueta y estoy haciendo de Gerardo. Y eso implica ponerte las pilas, pero, por otro lado, es muy divertido.

L.V.: Para mí, es un juego actoral muy guay. El hecho de que no te tengas que caracterizar mucho para interpretar dos personajes distintos, que simplemente poniéndote una chaqueta ya eres el carácter masculino o en cuanto te la quitas ya eres el femenino, me parece un juego teatral muy rico. Que el público sea capaz de ver que eres dos personas distintas solo con eso dice mucho del trabajo que tienes que hacer. Es muy guay si se llega a entender ese código.

«Queremos interpretar a una persona independientemente de si es hombre o mujer»

¿Qué diferencias habéis encontrado a la hora de trabajar la construcción dramática de un personaje mujer frente al de un personaje hombre?

L.V.: Cuando tú tienes sobre la mesa dos personajes con cambios tan rápidos, pero no tienes que pasar por el cliché, tú te centras y te apoyas en actitudes, en una composición corporal, en un signo. Entonces digamos que puedes estirar el personaje femenino hacia un lugar y el personaje masculino hacia otro lugar, de tal manera que creas dos personajes muy diferenciados. A mí me resulta muy divertido hacer el masculino, el femenino está muy bien también, pero en el masculino me ha tocado un bombón.  Entonces me lo gozo mucho y me lo disfruto mucho, sobre todo, cuando trabajo con mis compañeras. Con Rosana, creo que tengo una de las mejores escenas eróticas del teatro en general y me lo paso muy bien haciéndola, la disfruto mucho.

M.C.: Esta obra exige a nivel corporal con independencia de que tengas personajes distintos. No salimos de escena, estamos con coreografías, todas juntas vamos, volvemos y estamos dando vueltas. Pero sí hay una diferenciación: por ejemplo, mi personaje femenino sí que me exige más a nivel corporal porque es muy liviano, va siempre flotando, desmayándose. Y el personaje masculino es más tierra, tiene ese peso. Es esa diferenciación la que te hace estar más despierto para los cambios.

R.M.: Fue una exigencia corporal durante los ensayos. Porque somos actrices de texto, ninguna somos bailarinas, aunque algunas han hecho más danza que otras. Todas tenemos nociones de danza. Además, hemos trabajamos mucho con Magüi el coro griego. Hemos trabajado mucho las abejitas: vamos todas juntas hacia aquí, todas juntas hacia allá. Todos los días trabajábamos entre dos y tres horas de coreografías antes de empezar el ensayo de texto y de escenas. La fase de escenas sí fue más dura a nivel corporal. Luego ya las funciones las integras a nivel corporal y las trabajas desde la no tensión y ya no es tan duro.

La obra que combina la comedia con el verso, la música y el baile rinde homenaje a la lucha de Zayas por la libertad de la mujer.

La obra defiende que el sexo es un lenguaje que ayuda a comunicarnos. María de Zayas reivindicó con inteligencia, humor y firmeza su deseo de que el sexo libre también sea posible y aceptable para las mujeres. Esta obra es un homenaje a su lucha. ¿Por qué creéis que este mensaje sigue siendo tan importante en nuestros días? ¿Y qué ha supuesto este montaje en vuestras carreras como actrices, pero también como mujeres?

M.C.: Como mujer, aunque es verdad que en los últimos años se ha avanzado mucho y nuestro pensamiento ya va hacia otro lado, te hace replantearte muchas cosas, sobre todo pequeñas cosas, pequeñas frases que se dicen y que se dan por sentado y no las piensas, a pesar de toda la carga social que llevan detrás. Todavía queda mucho. En «Adiós, dueño mío», una obra que está escrita en el Siglo de Oro, te das cuenta de que todavía estamos batallando con muchísimas cosas. El hombre si está con muchas mujeres y tiene un sexo libre es un héroe, pero nosotras no, nosotras somos unas frescas. Entonces te planteas muchísimas cosas.

L.V.: Una de las cosas que rescato de la obra, y que sigue vigente a día de hoy, es esa tendencia que veo mucho en amigas y en compañeras que casi siempre se ponen detrás de sus parejas. No se colocan ellas mismas como una prioridad. Es más común que ellos sí se coloquen como una prioridad: sus cosas son prioritarias para ellos. El aprendizaje también está en que las mujeres también entiendan que se tienen que poner en valor dentro del conjunto de la pareja, de la pareja libre, que sus intereses son también legítimos. No tiene que haber una priorización de mi pareja sobre mí. Es algo que rescato de la obra ya no tanto por la libertad sexual, sino por el hecho de ponerse a una misma en valor y como prioridad.

«Que hace 400 años una mujer escribiese este tipo de personajes era de un heroísmo casi kamikaze»

R.M.: Poner en valor la valentía y el heroísmo de María de Zayas en la época. Es decir, que hace 400 años una mujer escribiese este tipo de personajes no solo en la obra de teatro, sino en todas sus obras cortas era de un heroísmo casi kamikaze; de hecho, la obra de María de Zayas se prohibió. Hay documentos que corroboran que fue la primera mujer reconocida que denunció el asesinato hacia mujeres como violencia machista. Es importante rescatarlo porque esa mujer se enfrentaba no a la censura, que la tuvo, no a un exilio, sino que se podía haber enfrentado a que la quemaran. Una mujer muy valiente y eso nos tiene que hacer reflexionar mucho.

¿Por qué nadie debe perderse esta obra?

M.C.: Es diferente, es dinámica, es divertida y además te hace irte a casa pensando y reflexionando. Y por supuesto porque da a conocer a María de Zayas que todavía mucha gente no la conoce. Ya solo por eso tiene un gran valor.

L.V.: También tiene un punto que es muy fresco, muy ágil y desde esa frescura te va inoculando ciertas ideas que son relevantes. La comedia sirve también para que la gente vaya contigo un poco de la mano y arrojes las ideas que crees que son importantes.

«La obra tiene un punto que es muy fresco, muy ágil y desde esa frescura te va inoculando ciertas ideas que son relevantes»

R.M.: Es una propuesta muy fresca como dice Laura.  Es una propuesta estéticamente muy fuerte, pero al mismo tiempo son cinco actrices que salen del escenario acompañadas solo de un sofá y allí suceden tantas cosas Es muy dinámica, con un verso muy fresco, cuando te quieres dar cuenta la obra se ha terminado porque pasa volando. Es una historia muy diferente porque es teatro clásico, es verso, y como mínimo, eso ya es muy interesante de ver.

Beatriz López / @HoneyDarkAngel

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