Coco Comín: «Al principio retomar ‘Fama’ me causó un poco de cortocircuito cerebral»

Irene Herrero Miguel
Coco Comín es directora y coreógrafa de 'Fama'. // Foto cedida por Coco Comín.

Coco Comín es directora y coreógrafa de ‘Fama’. // Foto cedida por Coco Comín.

Fama, el musical llega a Madrid, más de diez años después de la última representación en España. Esta nueva producción está dirigida, de nuevo, por la coreógrafa Coco Comín y se podrá ver en el Teatro EDP Gran Vía a partir del 4 de marzo. La directora y coreógrafa de la propuesta nos atiende en una entrevista para compartir los secretos y curiosidades de este montaje.

Entrevista a Coco Comín

En primer lugar, me gustaría preguntarte, ¿cuál es el secreto? ¿Por qué esta historia siempre funciona? 

Coco Comín: Bueno, ‘Fama’ funciona porque es atemporal. Habla de los estudiantes, de la búsqueda del propio camino y esto sigue siendo así desde hace siglos. El público que va a ver ‘Fama’ ve lo que espera ver. Es decir, nada ha cambiado, cosa que también es muy bonita. Se mantiene la estética de los años 80, la música y el guion original. Es una obra que tiene dinamismo y vitalidad en estado puro. ¿A quién no le gusta ver a los chicos con calentadores, con los pasos de danza que recuerda de la película o la serie? La similitud que puede existir entre el argumento de ‘Fama’ y la trayectoria de los jóvenes artistas actuales sigue vigente. Yo pienso que por eso hace cuarenta años que se representa en todo el mundo exactamente igual, sin ningún cambio.

Ya dirigiste este musical en 2004, ¿cómo ha sido volver a entrar en contacto con esta historia? 

C.C.: Bueno, al principio retomar ‘Fama’ me causó un poco de cortocircuito cerebral (se ríe). Tengo que decirlo porque la anterior ‘Fama’ duró muchísimos años, se estrenó varias veces, se recorrió España también un par de veces… Y cada vez que se acomete una nueva producción, el equipo creativo es diferente, es distinto. ¿Qué quiere decir esto? Que cambian las letras de las músicas, cambia la traducción del guion y a mí me ha costado un gran esfuerzo adaptarme a este nuevo sonido y a esta nueva forma de decir. Gracias a que ya lo hice, se ha podido hacer en un tiempo récord, que es el que tenían los productores. Ya sabes que hoy en día se hace todo mucho más deprisa y con mucha más exigencia. Yo considero que este proyecto es un hijo mío, por lo tanto no podía dejar que nadie más lo hiciera que no fuera yo. 

«Todo el mundo guardamos un huequito en nuestro corazón para esta obra.»

Han pasado los años y tú seguro que has cambiado. ¿Ha cambiado tu forma de ver la historia o te ilusiona igual que el primer día el relato de estos jóvenes?

C.C.: Me ilusiona igual que el primer día. Este es el musical de los estudiantes de artes escénicas, es el musical de los bailarines, de los actores, de los chicos que estudian música… Detrás de cada frase que lanzan los profesores, nosotros nos hemos visto reflejados y los chicos que están estudiando actualmente teatro musical también se ven reflejados. Quizá al público en general les resbala alguna de las cosas que se dicen, pero para nosotros, cada una de las frases lleva un mensaje muy intenso y lo entendemos. Por eso siempre está lleno de chicos y chicas jóvenes y por eso crea tantas vocaciones también entre nuevas generaciones. Muchos consideran que el guion puede ser sencillo, puede parecer que es un guion con un hilo argumental débil, pero no es así. Se encierran grandes verdades en cada una de las escenas que se van sucediendo a lo largo de la obra. 

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

Como comentabas, es una historia que lleva 40 años montándose, ¿hay algún elemento que hayáis actualizado o al que le hayáis dado una vueltecilla?

C.C.: Mira, en estos guiones en los que compras los derechos y los autores están vivos, no se puede tocar demasiada cosa sin su consentimiento. Y en este caso David De Silva, que es el «Father Fame», el padre de ‘Fama’, creador tanto del musical como de la película y de la serie, no es muy dado a cambiar nada. Aunque sí había una escena en la que parodiaban un número de flamenco desgraciado, a mi forma de ver era un poco patético, y en España hemos solicitado un cambio. Hemos montado un número de claqué completamente nuevo, con una música también adicional nueva, a cargo de nuestro director musical, Pablo Salinas.

El encanto del musical reside en cada uno de los chicos que se ha elegido cuidadosamente, muy adaptados al perfil que se nos solicitaba, un perfil multirracial y cada uno de ellos con unas características físicas completamente diferentes al de al lado y esto lo hace atractivo: el trabajo personal de cada uno de estos jóvenes alumnos de la Escuela de Artes Escénicas de Nueva York.

Hablando del elenco, se presentó muchísima gente al casting. ¿Cómo viviste ese proceso de selección?

C.C.: Pues duró muchísimo, duró un mes y medio. Se presentaron 900 personas. Algunas fueron descartadas ya por currículum. Entonces estuvimos día y noche, como doce horas diarias, durante el mes de julio y parte de agosto viendo a todos los aspirantes. En estos castings tan masivos, que tienen tanta respuesta ,es muy difícil elegir. Dejas fuera a muchos talentos sin ningún motivo, que es lo que más duele como jurado. En mi caso, que soy maestra y me implico mucho con cada uno de los chicos que suben al escenario audicionar, pienso en la historia que lleva detrás cada uno de ellos, unas ilusiones, una familia que los ha apoyado, que ha pagado un montón de clases, que está esperando el resultado del casting y, por exceso de cupo o porque a lo mejor su tesitura no acaba de ser la que buscamos, se les dice que no. Esto es durísimo. No sé si los aspirantes saben lo mal que lo pasamos las personas que tenemos que dar trabajo o denegarlo. Hay muchos musicales de gran envergadura, que vienen directamente recién cocinados de Londres o de Nueva York, pero ellos siempre dicen «Fama es Fama». Es una frase que se repetía en cada uno de los aspirantes. Todo el mundo guardamos un huequito en nuestro corazón para esta obra. 

«El 90% de los chicos que estudian artes escénicas nunca llega a vivir del espectáculo.»

Tú eres maestra también y conoces muy de cerca la realidad que se plantea, ¿has utilizado tu experiencia para nutrir este espectáculo, para montar las coreografías o para dirigir a los actores?

C.C.: Yo me sitúo en el mismo papel que se sitúa la directora de esta escuela, con el mismo sentimiento, una tal señora Sherman, que les da una serie de valores que les tienen que funcionar para toda la vida. El 90% de los chicos que estudian artes escénicas nunca llega a vivir del espectáculo. Nunca. Y esto es una realidad. Entonces hay que prepararlos para la vida y para afrontar este fracaso. De esta forma he dirigido a los profesores, que los animan, los ayudan, les exigen, pero los quieren. Queremos transmitir a los estudiante el mensaje de que no deben buscar la fama por la fama, porque la fama puede destruirles. Tienen que buscar el triunfo personal, el éxito en la profesión, aunque sea en la sombra, porque la fama instantánea no existe. 

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

Al final «Fama» habla de un grupo de jóvenes con muchos sueños por cumplir. Es una edad en la que se tiene mucha energía, hay algo muy alegre también. ¿Cómo has trabajado desde el cuerpo esa esencia?

C.C.: Yo creo que tiene muchas ventajas cuando un director de escena es a la vez coreógrafo porque cada uno de los movimientos, desplazamientos, gestos… Yo lo llevo por la vía de la expresividad corporal. El musical es algo que se trabaja aquí afuera, se ofrece, es un acto de entrega al público. No se trabaja interiormente, todo es mirar al fondo, se dirige al público que está presente.

Entrando en algo más práctico, ¿cómo se organiza una producción así de grande en tiempos de Covid? Para los lectores que no tengan muy controlado ¿Qué es eso de los covers, los swings…?

C.C.: Los musicales son montajes especialmente duros, físicamente exigentes. Si la producción exige ocho funciones semanales es muy difícil que se pueda cumplir por un mismo actor. Yo diría que el límite humano está en siete funciones, pero a veces desde el punto de vista económico hay que hacer una más y queda cubierta por unos actores adicionales. Cuando este extra cubre a un actor un día a la semana se llama «cover». Este cover hace una función semanal como mínimo y, en caso de que el titular caiga enfermo, le hace todas las funciones semanales.

El «swing» sí se refiere al cuerpo de baile y es aquel bailarín y bailarina, hay dos, un chico y una chica que se encargan cada día de pasar de posición en posición y liberan a uno de sus compañeros de una de las funciones. Es decir, cada día están en un lugar diferente del escenario. A esto le llamamos un «track». Cada día hacen un track diferente y así conseguimos un rotatorio, de forma que los bailarines puedan descansar un mínimo a la semana.

Luego hay otra figura que se llama «alternante», que se parte el papel normalmente con un actor. Para salvar el período Covid que ha afectado hasta a un 50% de la compañía ha sido vital haber elegido muy bien el cast. Cada uno de los chicos que sale al escenario puede hacer papeles protagonistas y todos pueden cubrir a todos. Es decir, todos tienen las prestaciones para hacer de cantante, de músico, de bailarín o de actor protagonista y esto nos ha permitido jugar el partido moviendo fichas. 

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

El musical Fama llega a Madrid. // Foto promocional del espectáculo.

Llevas muchos años trabajando en el mundo del musical. Se dice que últimamente el musical en España está a tope y que Madrid es una de las capitales del mundo de los musicales. ¿Qué opinas?

C.C.: Es cierto, Broadway, London y luego ya viene Madrid, seguro. Sí, Madrid se ha consolidado como la primera capital europea de de musicales, después de Londres, por encima de París, de Alemania o de cualquier sitio del mundo. Aquí hay mucha afición a los musicales. Supongo que porque los hacemos muy bien. También porque los artistas españoles son muy bravos. Aquí se canta muy bien, se baila muy bien, tenemos la energía que necesitan este tipo de montajes y el público se ha lanzado a verlos. Bueno, es ya como un souvenir más, como el que viene a tomarse unos vinitos y a comer jamón, esto está dentro del plan turístico. Haber conseguido esto es un gran éxito de marketing de la marca España. 

Ya para terminar, cuéntame cómo ha sido la acogida en Barcelona y cómo crees que puede ser en Madrid. ¿Es el mismo tipo de público?

C.C.: No, no es el mismo tipo de público. Ya nos gustaría en Barcelona que el público fuera tan expresivo como lo es en Madrid, que recoge, al fin y al cabo, al resto de comunidades de España. El público catalán es duro de convencer. Es un público que viene más a analizar y a clasificar que a disfrutar. Y, por menos de nada, recibes una crítica infundada. No invierten su dinerito en pasárselo bien. El público además es serio. Es un poco parco en expresividad, de forma que le cuesta mucho manifestarse, aplaudir, gritar, decir ¡olé! En Barcelona se están exhibiendo actualmente cinco musicales y es un exceso para la población que hay. Pienso que aquí no pueden sobrevivir más que dos musicales. Es decir, ¿ganas de venir a Madrid? Todas.

Irene Herrero Miguel / @ireneherreromi

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