‘El diablo cojuelo’: un encuentro de dos mundos

Bea López

Imagen del espectáculo ‘El diablo cojuelo’ de la compañía de payasos catalana Rhum & Cia.

La compañía de payasos Rhum & Cia presenta su nuevo espectáculo: El diablo cojuelo, una adaptación teatral libre de la novela barroca de Vélez de Guevara escrita por Juan Mayorga y dirigida por Ester Nadal, en una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Velvet Events.

El montaje cuenta la historia de una compañía de payasos, Rhum & Cia, que asume el encargo de llevar a escena por primera vez un clásico, El diablo cojuelo, y no quiere fracasar en su empeño. Los payasos interpretarán en escena, con mucho sentido del humor, el viaje del cojuelo y el estudiante Cleofás en la España del Siglo de Oro. La obra, interpretada por Joan Arqué, Roger Julià, Xavi Lozano, Jordi Martínez, Mauro Paganini y Piero Steiner, se subirá a las tablas de la Sala Principal del Teatro de la Comedia desde el 14 de abril hasta el 5 de junio.

Este diablo cojuelo de Rhum & Cia es la historia de un encuentro que comienza en el año 2014, cuando la compañía de clown vino a Madrid con su primer espectáculo y tuvo la oportunidad de conocer en persona al dramaturgo Juan Mayorga. Este acercamiento fue el comienzo de una amistad y una gran admiración mutua que los ha llevado a cumplir el sueño de trabajar juntos.

¿Un diablo apayasado?

El clown encuentra su origen como personaje escénico en los antiguos bufones que actuaban para divertir al rey y su corte. En lo que se refiere a la técnica teatral, el payaso trabaja siempre desde el cuerpo, crea su propio personaje y universo sin seguir las pautas tradicionales de un director. Su principal contacto con el público lo establece rompiendo la cuarta pared para crear así una conexión especial a partir de la mirada y el lenguaje gestual.

Por su parte, El diablo cojuelo es una comedia de costumbres de Luis Vélez de Guevara. Desde su curioso y muy significativo subtítulo, Esta novela de la otra vida traducida a esta, la obra propone una imagen políticamente incorrecta de la vida española del momento a través de un diablillo gamberro que es rescatado casualmente por un estudiante llamado Cleofás. Los dos emprenden un viaje imaginario por las viviendas madrileñas levantando los tejados y dejándonos ver lo que en las casas se esconde, denunciando así la hipocresía de la sociedad y las endiabladas vanidades humanas.

Joan Arqué y Jordi Martínez interpretan al estudiante Cleofás y al diablillo cojuelo.

Aunque en su origen pueda no parecerlo, estos dos mundos descubren su realidad en el espejo que, tanto en el caso del payaso contemporáneo como en el cojuelo clásico, es muy coincidente en su esencia. «Los dos viven en un mundo que, a pesar de que lo conocen, ni lo entienden ni forma parte de ellos; tienen esa mirada desde fuera porque ellos tienen la visión del mundo totalmente distinta», afirma Jordi Martínez.

«La mirada ingenua y salvaje del payaso es capaz de homenajear al clásico y, al tiempo, de reírse de él y de nuestra relación con él, y de nuestra relación con los clásicos en general»

El dramaturgo Juan Mayorga fue quien les propuso adaptar el texto de Vélez de Guevara, ya que considera que «tienen algo de payasos los personajes de Cleofás y el diablo que se encuentran y comienzan una extraña alianza que los lleva por las calles de un Madrid esperpéntico». La obra es una traducción del mundo de Vélez y el mundo de los payasos convertida en una extraordinaria fiesta ofrecida por Rhum & Cia. El espectáculo es un clásico muy payaso porque, en palabras de Mayorga, «la mirada ingenua y salvaje del payaso es capaz de homenajear al clásico y, al tiempo, de reírse de él y de nuestra relación con él, y de nuestra relación con los clásicos en general».

Una dramaturgia hecha a medida

Mayorga ha realizado una reelaboración profunda de la novela original, con una dramaturgia complicada y un lenguaje extraordinario, hecha literalmente para los payasos de Rhum & Cia. La directora Ester Nadal se emocionó mucho al leerla y descubrir que era un traje a medida para cada uno de ellos: «les ha hecho una adaptación de alta costura de un texto complejo para unos payasos que, si los ves todos juntos, no los entiendes». La compañía estaba en Madrid presentando el espectáculo Gran Reserva en el Teatro Circo Price cuando realizaron la primera lectura del texto. «Cuando nos lo leímos y vimos que hablaba de los personajes doblemente, porque hacíamos Cleofás desde Arquetti y el cojuelo desde Martines, pensábamos: ¿este señor nos conoce tanto para escribirnos y describirnos así? Porque aquí hay mucho de uno mismo».

La gran hazaña textual de Mayorga ha sigo lograr establecer un tránsito desde el lenguaje escénico al propio del clown a través de la escucha y de todo lo que él ha recibido de la producción artística de la compañía, y todo ello manteniendo un diálogo constante. El gran reto ante la adaptación de un clásico es mantener su universalidad y conseguir que atraviese al público desde la contemporaneidad.

«Cuando nos lo leímos y vimos que hablaba de los personajes doblemente y pensábamos: ¿este señor nos conoce tanto para escribirnos y describirnos así? Porque aquí hay mucho de uno mismo»

Juan Mayorga firma la dramaturgia de una obra creada a medida para cada uno de los payasos de la compañía.

Una gran sorpresa para la compañía catalana que reconoce en palabras de Joan Arqué que «su gran logro es que con las palabras llega a nuestro lenguaje, porque aquí está el gag, la comicidad, la ironía, el sarcasmo, la distancia; está la crítica y está el siglo XXI también». De este modo, el clown está en el centro del montaje, y los payasos van a estar desde el primer momento en la obra. En su viaje, los payasos encuentran en el fracaso su razón de ser y una forma de expresión, porque es el centro de su mundo, y por ello lo es también del espectáculo. El lenguaje del payaso sirve en esta propuesta para dar otro sabor al clásico sin perder la esencia. En todas sus creaciones, la compañía persigue la máxima de investigar siempre los límites del lenguaje del payaso, lo cual les ha permitido comprobar con este montaje que su filosofía de seguir siendo payasos casa perfectamente con el verso y con la naturaleza clásica.

La música y el metalenguaje, elementos imprescindibles

El espectáculo en apariencia tiene una trama doble: por un lado, la sátira de Vélez de Guevara que nos cuenta la historia de las andanzas del diablillo, y por otro lado, la de una compañía de teatro que está intentando montar un espectáculo del texto clásico. En realidad, es aquí donde se encuentra un tercer argumento en el que subyace el metalenguaje. Los payasos mantienen a lo largo de la obra una discusión sobre la legitimidad que tienen para hacer o no un clásico, así como sobre la necesidad de salir o no de su propia zona de confort. «Precisamente es esa discusión entre ellos la que hace avanzar la trama», apunta Arqué.

Un elemento fundamental que comparten las obras barrocas y el espíritu de Rhum es el uso imprescindible de la música que además debe satisfacer la doble premisa de ser divertimento y vehículo narrativo del hecho teatral. Todo el proceso de creación musical ha sido realizado por la compañía y ha sido abordado teniendo siempre en cuenta el texto y la historia. Además de payasos, todos son músicos, y esto les ha facilitado mucho la producción del universo sonoro. Teniendo como máxima que la música debe acompañar a todo lo que compone el espectáculo, cuenta Martínez que solo se pusieron una condición: «Xavi Lozano una de las cosas que él quería, y estuvimos todos de acuerdo, es que nos alejáramos de la música anglosajona». Lozano ha trabajado mucho con Eliseo Parra, quien es el gran investigador y recuperador de instrumentos en desuso de la Península, y por tanto es un gran conocedor de la música peninsular que se toca desde hace muchos años. «Y él sabía que este espectáculo era telúrico y debía ser un sonido que nos resonara a todos», afirma Arqué.

Aprendizaje y redescubrimiento

«Nos hemos dado cuenta de que, como compañía, somos capaces de plantearnos cualquier reto, aunque sea de la cosa más desconocida del mundo»

Sumergirse en el mundo de los Clásicos y el verso ha supuesto un enorme desafío para la compañía, pero sobre todo el viaje ha sido un descubrimiento. «A nosotros primero lo que nos ha aportado este texto es el hecho de enamorarte de algo que desconocías, del cual tenías un cliché muy hecho, y te das cuenta de que el texto te enamora», afirma Martínez. Pero sin duda confiesa que la mayor sorpresa ha sido darse cuenta de la capacidad de romper sus propias barreras después de enfrentarse a la experiencia del cojuelo. «Nos hemos dado cuenta de que, como compañía, somos capaces de plantearnos cualquier reto, aunque sea de la cosa más desconocida del mundo».

La adaptación teatral mantiene la vigencia del clásico poniendo en el centro al payaso y al humor.

Respecto a la aportación del lenguaje del payaso a la obra clásica, consideran fundamental el paso del tiempo para poder hacer una valoración desde la distancia, pero sí tienen claro que el clown es «un lenguaje que le va muy bien para darle más vigencia; le da, si cabe, la posibilidad de una vigencia mayor, y parece que el lenguaje, junto con la distancia que ya le presupone Vélez de Guevara, la llevamos incorporada por esencia», señala Arqué.

El espectáculo mantiene esa actualidad porque ante todo habla de la identidad, de esa naturaleza por la cual todos somos payasos, porque todos venimos de donde venimos. Y lo hace siempre desde el humor y la risa, esa comicidad que también centró la novela original como forma de resistencia y libertad.

«El clown es un lenguaje que le va muy bien para darle más vigencia; le da, si cabe, la posibilidad de una vigencia mayor, y parece que el lenguaje, junto con la distancia que ya le presupone Vélez de Guevara, la llevamos incorporada por esencia»

La apuesta dramática de Rhum & Cia ofrece una nueva mirada que supone el encuentro de dos lenguajes que parecían destinados a encontrarse: el del clásico con el clown.

Y si tenemos en cuenta las palabras de Martínez según las cuales «los protagonistas del diablo cojuelo lo único que son es payasos», quizás esta loca versión sea realmente cuerda en su locura. Pues como bien dijo ya Vélez de Guevara en boca de un diablillo, allá por el año 1641: «en el mundo todos somos locos, los unos de los otros».

Bea López / @HoneyDarkAngel

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