‘MÁS PERDIDOS QUE CARRACUCA’ LLEGA A LA SALA TARAMBANA

Emilio del Valle: «El teatro siempre es un sitio para la proclama política»

Un espectáculo que nos recuerda que la única manera de no perdernos es encontrarnos con el otro

El Diccionario de la lengua de la RAE dice que la expresión «Estar más perdido que Carracuca» sirve para ‘ponderar la situación angustiosa o comprometida de alguien’. No se sabe quién sería ese tal Carracuca (en estos artículos lingüísticos puedes acercarte a la historia de esta palabra), pero seguro que fue un gran amigo de Abundio.

Dos amigos son, también, los protagonistas del espectáculo Más perdidos que Carracuca, escrito y dirigido por Emilio del Valle, y que estará en la Sala Tarambana del 10 al 26 de abril. En este caso sus nombres son Manuel y Rafael, mucho menos ambiguos y más personificables. Del Valle retrata a dos amigos que podrían ser mendigos, artistas, actores, inmigrantes. Son dos personajes marginales que tienen poco más que al otro. Se necesitan y, aunque a veces sientan que sería mejor perderse de vista, lo cierto es que sin el otro estarían más perdidos que… exacto.

Hablamos con el dramaturgo y director de este espectáculo que se estrenó en 2006 con su compañía, Inconstantes Teatro, y que retoma veinte años más tarde para que estos dos personajes vuelvan a respirar sobre las tablas.

Imagen de escena de 'Más perdidos que Carracuca'

Imagen de escena de ‘Más perdidos que Carracuca’

Cuéntame cómo nace este texto.

El origen de este texto tiene… yo calculo que son veinte años ahora. El texto se hizo ad hoc para los actores Yiyo Alonso y Juan Alberto López. Se construyó para ellos, pensando en sus características, y acabamos cerrando una propuesta textual casi a la manera de La Zaranda; también como reconocimiento y admiración mía personal a esa formación que no me canso nunca de ver. Y nació también en un momento de necesidad para la compañía.

¿Y por qué ese texto?

En realidad con el texto estábamos hablando un poco también de la profesión. Y el conflicto tiene mucho que ver con todo esto. Dos personajes: uno sabe leer y sabe escribir; el otro, no. El que sabe leer y escribir piensa que puede salir del agujero en el que está, pero necesita unos zapatos. Y el que no sabe leer y escribir tiene unos zapatos nuevos. Y ese conflicto articula todo un mundo en el que podemos volcar ideas como la amistad o la necesidad de no estar solos. La obra tiene algo de autorretrato; no me cabe ninguna duda.

O sea que crees que los actores están al margen de la sociedad, ¿no?

Creo que la forma de vida de esta profesión no está al margen de la sociedad, porque nada está al margen, pero sí es marginal. En muchos aspectos, un buen número de hombres y mujeres que se dedican a esta profesión tienen una vida marginal. Y eso no depende de su talento profesional. En ese sentido hace falta algo más que saber leer y escribir para asentarse en una profesión como esta.

Háblame de estos dos personajes.

No son dos sintecho, son dos tipos que viven en un sitio espantoso, que es lo único que pueden pagar cargando o descargando camiones, pidiendo en una esquina o lo que les toque ese día, ¿no? Viven como pueden y, dentro del modo de vida que tienen, pues cada uno puede practicar el ejercicio de sus manías. A uno le gusta la música, independientemente de que no sepa ni qué música está escuchando, y otro tiene síndrome de Diógenes, guarda todos los periódicos y lee noticias de hace años. Que es exactamente la imagen contraria a la inmediatez de los medios de comunicación actualmente. Y construyen una vida en torno a la idea de estar juntos y compartir una botella de vino.

¿Qué es lo que te ha hecho volver a este texto?

Bueno, la relación con Nacho, con el proyecto Tarambana. Somos amigos y somos habitantes de esta pequeña ciudad que se llama Carabanchel. Yo utilizo sus espacios y sus infraestructuras para mis procesos de ensayo, y teníamos ganas de coproducir. Y les propusimos este texto.

Imagen de escena de Más perdidos que Carracuca

Esta obra está escrita y dirigida por Emilio del Valle e interpretada por Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu».

¿Los actores actuales, Jorge Muñoz y David Fernández «Fabu», habían visto la producción anterior?

Jorge sí, porque trabaja conmigo hace muchos años y fue mi ayudante de dirección entonces. Siempre le gustó mucho el texto y hablamos muchas veces de rescatarlo.

Háblame del título.

Más perdidos que Caracuca es una frase hecha. Para mí, es una frase que decía mi padre. Tiene ese elemento popular que hace que sea reconocible. Y esto es lo que nos pasa: que estamos perdidos y no siempre somos capaces de encontrar… el camino correcto. Y los personajes encuentran un camino que es la amistad: estar juntos, que es mejor que estar solos.

Qué importante este mensaje en una esta sociedad cada vez más individualista.

Eso es lo que está a punto de quebrarse a lo largo de la función, por el hecho de que un persona, legítimamente, tiene la ambición de salir de un mundo para acceder a otro mejor. Da igual que sean dos mendigos o inmigrantes que tienen la idea de que llegar a otro país aparentemente más rico les va a convertir automáticamente en más ricos. Ese es el sentido profundo de estar perdido: no acabar de aceptar cuál es el lugar que ocupas.

¿Crees que hay nuevas lecturas para los espectadores de hoy?

Bueno, siempre hay nuevas lecturas. El problema de la inmigración, por ejemplo, entonces no tenía nada que ver con la lectura que hacemos hoy. Pero el texto no es una tragedia: tiene tintes de comedia. Este país se inventa la tragicomedia, es decir, se inventa la capacidad de reírse de uno mismo, de sacar humor del horror. Clarísimamente la comedia ofrece un punto de empatía, que hace que por encima de la sordidez estén, siempre, los seres humanos.

Por eso me imagino que es importante el teatro, porque al final son seres humanos los que están ahí, ¿no?

El teatro sigue siendo un juego pactado entre un espectador y un actor, con un texto, en un escenario que no necesita tener nada más que la ilusión y la magia. Creo que es lo que consigue que el teatro hoy siga siendo un modelo artístico de comunicación insustituible.

¿Tú crees que el teatro dejará de ser marginal en algún momento?

No. Bueno, es que no todo el teatro es marginal. Pero sí hay teatro más marginal, de experimentación, en el que las personas buscan distintas maneras de hacer la revolución, a su manera. El teatro es comunicación. Cuando olvidamos esto nos pasamos al entretenimiento. El teatro es comunicación; nace como comunicación y como comunicación se sostiene. Y siempre hay un mensaje. Y en ese hecho, del mensaje de la comunicación entre el emisor y el receptor, hay un acto político. Esto es así. El teatro siempre es un sitio para la proclama política.

¿Me puedes decir una frase de la obra? La primera que te venga a la cabeza.

«Se necesita algo más que saber leer y escribir para salir del agujero».

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Escrito por
2023 Luna paredes, Moises Fdez Acosta, book, #moifernandez-15

Hablo de teatro porque conozco bien sus tripas. Creadora de contenidos editoriales y redactora de la Revista Teatro Madrid.

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