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Julieta Soria: «El arte es transversal a la vida. Cuantas más experiencias hayas vivido más puedes aportar y poner a favor del arte»

28 abril 2021
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En el verano de 1932 se produjo un encuentro en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander que cambió tres vidas: la del poeta madrileño Pedro Salinas, la de la docente estadounidense Katherine Whitmore y la de Margarita Bonmatí, la esposa del poeta de la Generación del 27.

El espectáculo Amor, amor, catástrofe. Pedro Salinas entre dos mujeres nace a partir de las cartas que Pedro Salinas le envía a Katherine Whitmore y que dieron vida a la trilogía amorosa más importante de la poesía española del siglo XX. La profesora rememora, a través de sus cartas, su relación con Salinas, que causó el intento de suicidio de Margarita, la mujer del poeta. La obra, escrita por Julieta Soria, recorre la historia de un triángulo amoroso apasionante interpretado por Juan Cañas, Lidia Odón y Lidia Navarro bajo la dirección de Ainhoa Amestoy.

Nos reunimos con la dramaturga para hablar del estreno en Madrid en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español del 5 al 23 de mayo, de un espectáculo que habla de amor, de literatura y de la vida como difícil de resolver.

Teatro Madrid: La obra se estrenó el 24 de julio de 2019 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, lugar fundamental de la historia. Hoy, el montaje llega a la capital, a la sala Margarita Xirgu del Teatro Español tras haber realizado una gira previa. ¿Cuándo y cómo comenzó a gestarse este proyecto? ¿Por qué esta historia?

Julieta Soria: Empezó todo con una llamada de Ainhoa Amestoy, que acababa de ver el espectáculo de Mestiza, me llamó y me preguntó si recogía yo el testigo. Me proponen un proyecto de poesía, mezclado con teatro, de un poeta como Salinas, de la Generación del 27 y además de un tema muy relacionado con las mujeres alrededor de Salinas. Le dije que sí inmediatamente y nos pusimos en acción.  Teníamos poco tiempo para el desarrollo del texto y de la dramaturgia. Quedamos en que, de alguna manera, yo fuera trabajando con el texto sin una estructura dramatúrgica clara y que fuera ella quien fuese organizando todo ese contenido sobre el montaje. Eso a mí me daba una cierta libertad de ir creando personajes, ir creando textos e ir creando material con el que luego ella iba a trabajar a continuación. Quedamos también en que las cartas eran el primer punto de partida, y en centrar la historia en el triángulo amoroso y en los tres personajes de la historia: en Pedro Salinas, en la amante Katherine Whitmore que es mucho más que la amante, y en su mujer Margarita Bonmatí, que es mucho más que su mujer, y en jugar con los monólogos.

TM: Se han llegado a conocer alrededor de trescientas cartas enviadas por el poeta Pedro Salinas a la profesora Katherine Whitmore. Aunque el contenido de esta correspondencia sea base argumental, ¿cómo ha sido el trabajo de documentación?

JS: Pues hemos trabajado con todo lo que hemos encontrado alrededor. Las cartas de Pedro a Katherine, pero también las cartas que publica Solita, la hija de Margarita y Pedro, en venganza poética, de cuando eran novios.  Estos personajes escriben muchísimo sobre ellos mismos. También, la caja que envía Katherine con las cartas de Pedro iba con un epílogo que escribe ella, en el que cuenta cómo fue su relación y en el que hace una especie de análisis biográfico, pero también literario del tema de la amada en Pedro Salinas. Hay también cartas que escribe Katherine a Jorge Guillén y en ellas se descubre mucho sobre el tema de su dificultad de mostrar todo eso al mundo. También manejamos muchísimas biografías. Había una de una autora americana, Jean Cross Newman; es una profesora canadiense que dedica toda su vida a escribir sobre Salinas y en cuya biografía hay fragmentos de cartas de Margarita a Pedro que no están publicadas en ningún sitio, que nos arrojaron mucha luz sobre todo sobre el personaje de Margarita que era el más ocurso, del que menos documentación teníamos. Y también nos sirvió mucho la biografía de Jaime Salinas, el hijo de Pedro. La cosa fue cómo coger todo eso y convertirlo en algo muy respetuoso con los personajes. No enjuiciarlos. Cada uno tiene su historia; es una gran historia de emociones, de circunstancias y deseos, de cosas super humanas. Queríamos darles voz a los tres.

TM: El espectáculo es una evocación teatral a través de tres vidas: la del poeta Pedro Salinas, la de la profesora y amante Katherine Whitmore y la de la esposa Margarita Bonmatí. Teniendo de base a estos tres personajes y las cartas, ¿cuál fue la idea de fuerza de partida en la concepción dramática de la obra?

JS: La elección de una circunstancia concreta. Lo que les determinó a los tres personajes fue el momento dramático en el que los colocamos y sobre qué conflicto quisimos poner el foco en cada uno de ellos. Hay tres tiempos y tres espacios completamente diferenciados en la época. Hay como una idea de fuerza común que es la soledad compartida. Es un triángulo amoroso y sin embargo, es una relación de a tres que al final es una relación de personas separadas. Y luego empezamos a elegir el sitio desde el que hablaría cada uno de ellos. Pedro habla desde el presente absoluto, amoroso y desde la escritura de las cartas. Él siempre le está escribiendo una carta a Katherine en la obra salvo una vez que se la escribe a Margarita. Esto nos permite cruzar por todo el arco de la historia, porque esas cartas también van evolucionando, van manifestando la evolución de ese amor y terminan de hecho en el exilio. A Katherine la colocamos mayor, ella ya está dando clase en la universidad. Ya hace mucho tiempo que no ve a Pedro; de hecho, él ya ha muerto cuando empiezan sus monólogos. Ella lo que hace es congraciarse con la historia para llegar a tomar la decisión de entregar esas cartas. Su tiempo es desde el futuro. Luego está el tiempo de Margarita que es el tiempo del suicidio. Ella siempre está delante del río tomando la decisión de su vida: si se lanza o no se lanza. Y es un poco un tiempo dilatado mental en el que ella va también haciendo un análisis emocional de su historia para terminar tomando la decisión de tirarse o no al río.

TM: La ficción y la historia son dos elementos fundamentales en tu creación. Si bien la ficción nunca sustituye a la Historia, sí nos permite adentrarnos en el importante concepto que Unamuno denominó intrahistoria. ¿Cómo se aborda desde la dramaturgia la creación de un texto que debe establecer una sinergia equilibrada entre la realidad y la ficción? ¿Cuáles han sido las claves en la construcción de los personajes dramáticos?

JS: Uno de mis pilares es Unamuno y el otro es la idea de la verdad de las mentiras de Vargas Llosa. La literatura como esa forma de iluminar los puntos oscuros de la historia, lo que, si no, no se cuenta. Mi obsesión era encontrar qué me permitía no juzgarlos; entender a cada personaje en sus circunstancias vitales y encontrar cuál es ese mecanismo que nos permite identificarnos con los tres: con Margarita, con Katherine y con Pedro. Y ellos te lo dan. Lo que nos permitió iluminar a Pedro fue su ilusión. La idea de un señor de 40 años que ya tenía su vida hecha y decide que él tiene derecho a vivir otra cosa. Y va a por ello con todo. Ese me lanzo detrás de la ilusión: llámalo poesía, llámalo Katherine, llámalo descubrir una vida nueva luego en el exilio. Katherine también habla ella de sí misma y su personaje casi se reivindica solo y se ilumina solo. Ella se abre en dos con esa entrega de sus cartas. Muy generosamente decide reconciliarse con su propia historia y hacer públicas las cartas. Tiene la empatía con Margarita que no tiene Pedro; cuando intenta suicidarse ella decide no seguir con la relación.  La complicada era Margarita. Primero porque es la que no tiene voz y había que inventarse desde el principio. Sus textos son los más originales de todos. Margarita era la voz oculta. Ella se convierte en poesía viva, hace poesía con su experiencia. Y la clave nos la dieron las cartas de la biografía de la profe canadiense. Descubrimos que después del intento de suicidio, curiosamente ella rehace su vida de una forma muy inteligente y muy moderna. Acepta que vuelvan juntos y terminan sus vidas juntos, pero con una condición: que no le vuelva a mentir. Y no le dice que no le vuelva a engañar. Le dice: «Tú y yo teníamos un pacto de alma: ser, el uno para el otro, honestidad absoluta. Y en eso es en lo que me has traicionado. Quiero que la honestidad conmigo sea total y absoluta».

TM: La poesía forma parte de tu día a día y está presente en todo lo que haces gracias a tu amor por el lenguaje. Las cartas conservadas de Salinas son una versión en prosa apasionada de «La voz a ti debida». Tu intención ha sido utilizar la obra sin emplear los versos expresamente. ¿Cómo has afrontado el doble reto de trasladar la poesía de Salinas a tu código de creación poética y situarlo después en el centro del suceso escénico?

JS: Es verdad que en ese sentido no he seguido un proceso de traslación muy consciente. Para mí es verdad que lo que tiene que ver con las palabras o con el estilo de otros autores es algo que tiene que ver mucho con un curso poético que es muy musical, muy instintivo, muy rítmico. Tengo una cierta facilidad para impregnarme de los estilos de otros. Sí hice un trabajo de comparación entre las cartas y los poemas, un trabajo apasionante Lo que hice fue empaparme un poco de esa forma salinesca de hablar y procurar ir identificando imágenes y elementos caracterizadores de las cartas y los poemas, y de alguna manera irlo impregnando de ese aroma. Pedro Salinas lo pone muy fácil porque tiene una capacidad analítica sentimental tremenda.  Después, el propio formato de la obra es muy para jugar con la poesía. En realidad, es un poema teatral. Jugar al tema de los monólogos, poder enlazar unas voces con otras, eso le daba un carácter poético al montaje que iba muy a favor de esa historia poética y de este lenguaje. El espectáculo es un homenaje a la poesía en sí misma.

TM: Presentas una formación multidisciplinar y brillante. Filóloga de formación, profe de lengua y literatura y artes escénicas en el bachillerato de artes, ávida lectora, teatrera y escritora. Esta versatilidad ofrece una gran riqueza a tu mirada escénica. ¿Cómo crees que influye este perspectivismo en la creación de tus textos?

JS: Influye muchísimo y es algo que yo no sabía. Siempre he sido una persona muy inquieta y muy multidisciplinar. La lectura era mi vida y además he hecho muchas cosas (danza, teatro, fotografía). De repente, yo empiezo a escribir, además, por una clase concreta sobre la Generación del 27. Les hablé a mis alumnas de las autoras del 27. Decidí por cosas que me contaron ellas, por cosas que les conté yo, decidí meterme a fondo con ese asunto y empecé a encontrarme con la primera historia de mi vida que quise contar. La historia de  Zenobia Camprubí  y Marga Gil Roësset, una historia que tengo en el cajón y que la voy a sacar en cuanto pueda. Es mi historia, es la primera. Y a partir de ahí empezó a salir todo. Si tengo una cualidad especial para enfrentarme a todo esto es la multiplicidad de visiones. Esa riqueza, esa amplitud, esa falta de prejuicios que te da el ser profe, el haber actuado, el haber bailado sin saber, el haber aprendido a tocar el ukelele, el haber tenido que explicar a gente que no entiende, el haber sido lectora, espectadora. La lectura te da sobre todo eso, te ayuda a liberarte del prejuicio y te otorga una capacidad de empatizar con los seres humanos que es muy valiosa. El arte es transversal a la vida. Cuantas más experiencias hayas vivido más puedes aportar y poner a favor del arte.

TM: Esta es ya tu tercera composición dramática. ¿Qué significa para tu carrera como dramaturga Amor, amor, catástrofe?

JS: Desde el punto de vista del desprejuicio, la dramaturgia es la mitad de mi vida temporal, pero mi sustento es otra cosa, entonces lo vivo muy libremente. Solo quiero que me salgan cosas para seguir trabajando. En ese sentido, fue un regalazo inesperado. Y es una humilde consagración, un segundo montaje que está funcionado muy bien. Soy muy consciente de que estoy teniendo mucha suerte. De repente, he trabajado con dos equipos que tienen un recorrido, un bagaje fuerte y me apadrinaban y amadrinaban y esa ha sido una gran suerte como dramaturga que empieza. Todo se ha hecho y se ha representado, ha tenido su espacio en Madrid. Todo se ha publicado a nivel textual. Ediciones Antígona siempre apoyando desde el primer momento. Todo eso sobre todo a nivel personal y también profesional es una preciosidad.  Y sobre todo creo que cada cosa es la posibilidad de que sigan saliendo nuevas cosas. Y eso es lo más importante, lo que quiero es poder seguir trabajando en esta línea.

TM: Tu labor y vocación docente te ha llevado como amante de la literatura y las artes escénicas a acercar a los jóvenes el amor por el teatro. Eres autora y responsable de numerosas guías didácticas y proyectos pedagógicos (Ron Lalá, CNTC, Kulunka Teatro, Ay Teatro, Teatro Cuyás…). ¿Qué impacto deja en ti compartir la vivencia del teatro no solo con el público adolescente, sino también, en muchas ocasiones, con tus alumnos?

JS: Muchísimo, de hecho, es lo que más impacto me está dejando en los últimos tiempos. Es de las cosas que más satisfacciones me han traído. La gran capacidad que tiene el teatro para transformarnos. El tema de las guías didácticas fue la compañía Ron Lalá quien me dio la primera oportunidad. Es un trabajo precioso y muy necesario. Ojalá todas las compañías pudieran tener un proyecto pedagógico paralelo. La formación de los jóvenes en artes escénicas es primordial para que el teatro perdure.

Por otro lado, las clases. Como docente, es fascinante trabajar con los chicos en clave teatral. Descubrir esa parte de ellos, una parte que está muy oculta en la enseñanza reglada normal. Es una parte que le falta a la educación y que nos hace perdernos una parte importante de ellos. Ha sido una de las experiencias más satisfactorias para mí: el trabajo con los adolescentes y con el teatro.

Entrevista: Beatriz López

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