
Garay y Benet, los personajes de ‘El jardín quemado’, se enfrentarán a un enigma que las confrontará.
Llego a la sala de ensayos a primera hora de la mañana. Toco el timbre, pero no suena: dentro del local, una señal lumínica parecida a la de la baliza de una ambulancia, se activa a su vez. La actriz Loreto Mauleón me recibe con una acogedora sonrisa y me ofrece algo para beber. Mientras dejo mis cosas, observo cómo camina por la sala, metida en su personaje; cuando terminemos esta entrevista empezarán su ensayo. Un perrito irrumpe en la estancia, pero ahora no recuerdo bien su imagen, en mi memoria solo permanece su energía acelerada, ¿es un Yorkshire Terrier, un Bichón Maltés o un Shih Tzu? Adriana Ozores, entonces, me saluda cariñosa, y me presenta a su mascota.
Así es como yo recuerdo el comienzo de esta entrevista pero, ¿cómo lo relataría Loreto? ¿Y Adriana? ¿Y el perrito? ¿Y Virginia Rodríguez, la ayudante de dirección, que ni siquiera la he mencionado en el texto pero cuyo trabajo en este montaje es tan importante? «El pasado está siempre abierto», reflexiona Juan Mayorga en sus palabras sobre El jardín quemado.
En esta pieza, que se podrá disfrutar del 27 de mayo al 5 de julio en el Teatro de la Abadía, el dramaturgo y director invita al espectador a adentrarse en la historia que mora en el interior del sanatorio psiquiátrico de San Miguel. Durante la guerra, varios hombres sanos fueron ingresados en él. ¿Por qué? Garay, la directora del centro, interpretada por Adriana Ozores, intentará responder a esa pregunta mirando al pasado pero Benet, su discípula más brillante, encarnada por Loreto Mauleón, pondrá en tela de juicio las palabras y recuerdos de su mentora.
¿Cuánto hay de dibujado y cuánto de real en el pasado que recordamos?
Adriana Ozores: Inevitablemente, lo estás viviendo desde un presente, por lo tanto la objetividad es tan absurda…, el pasado es subjetivo todo el tiempo. Entonces, bueno, intentar hacerlo lo mejor posible a la hora de recordar (ríe) o, por lo menos, ponerlo en duda todo el rato, agarrarte a lo emocional, a las memorias, y trabajar con eso en el presente. Es difícil.
Loreto Mauleón: Sí, es complicado. Además, teniendo esto en cuenta, me da la sensación de que aprendo a no poner en duda lo que siente el de enfrente: su realidad es su realidad, ha vivido eso, así es como él lo recuerda. ¿Quién soy yo para juzgar su pasado?
¿Qué fue lo primero que os cautivó del texto cuando leísteis por primera vez El jardín quemado?
Loreto Mauleón: La primera vez me desbordó.
Adriana Ozores: A mí también.
Loreto Mauleón: Lo leí y dije: «guau, ¿qué es todo esto?». Está escrito de una forma increíble, cada escena va sumando y sumando. Al acabarlo quise volver a empezarlo porque había mucho que integrar. A día de hoy, de hecho, cada vez que hacemos un pase de la obra, entiendo cosas nuevas o me descoloca, y algo que creía que estaba asentado se va a otro lugar. Que pase esto con un texto es muy interesante.
Adriana Ozores: Sí, Juan utiliza el lenguaje simbólico, la metáfora. A medida que hemos ido encarnando el texto he ido entendiendo muchísimo más, he ido viendo las diversas capas. Además, es un director intuitivo, emocional, que está abierto a lo que los actores y, la propia obra, puedan aportar. El texto ha empezado a hablar a través de nosotros y a Juan también le ha revelado cosas nuevas.
Loreto Mauleón: Sí, es como que está viva todo el rato y él deja que lo esté. Se pone en duda a sí mismo y eso hace que nosotras tengamos aún más confianza en él.
Haciendo uso de lo simbólico, este proceso de ver qué hay más allá del texto, que te habla ya como un ente vivo, es parecido a lo que buscamos cuando recordamos el pasado.
Loreto Mauleón: Sí, totalmente, hay veces que cuando echas la mirada para atrás ves todo completamente diferente. O te preguntas cómo podías decir eso o sentir eso hace años. Nada está cerrado, el pasado, según como se mire, se recuerda diferente.
Adriana Ozores: «Eso es lo bonito de la escritura de Mayorga: Todo es verdad y nada lo es»
Habladme sobre vuestros personajes y qué relación tienen entre sí.
Adriana Ozores: Me cuesta mucho hablar de mi personaje. Para empezar, como actriz trabajo poco racionalmente. El mundo al que pertenecemos los actores, a menudo, es poco verbal o racional. El personaje de Garay es una persona que ha estudiado y ha optado por una manera de entender la psicología. Lo onírico, lo inconsciente o lo no estructurado es su mundo y, en base a eso, es en lo que ha levantado este psiquiátrico extraño. Y utilizo este adjetivo porque, en un momento de la historia, ella tiene que tomar una decisión muy grave que creo que le marca la vida futura, tanto a ella como al resto de los internos. Ese es el misterio y la belleza de la obra. ¿Qué es verdad en toda esta trama? Eso es lo bonito de la escritura de Mayorga: Todo es verdad y nada lo es.
Por lo que el público, cuando llegue a casa, seguirá pensando en lo que ha visto, sacando sus suposiciones.
Loreto Mauleón: Exacto, no paras de pensar en ello y esa es la riqueza. Mi personaje, Benet, es una estudiante de psiquiatría que llega al centro con unas ideas muy claras. Creo que Adriana y yo nos hemos entendido muy bien encima del escenario porque trabajamos de una manera muy parecida: sintiendo. Es curioso, porque yo en mi vida soy bastante racional, pero trabajando no lo soy tanto, tengo que hacerlo, tengo que sentirlo. Benet tiene la creencia de que es racional, de que tiene una idea concreta de cómo tienen que ser las cosas, no se pone en duda. Siento que hace un viaje parecido a hacerse mayor, a convertirse en una persona adulta. En la obra, se da de bruces con una realidad que no conocía y empieza a dudar o a hacerse preguntas, navegando en un lugar muy gris, en el que nada es blanco o negro.
También, algo muy interesante, es que estos personajes en su origen eran hombres. Juan decidió que ahora iban a ser mujeres y, entonces, vemos que surgen también cosas diferentes, tanto entre ellas como con los demás.

El elenco de la obra está compuesto por seis actores, incluyendo las protagonistas.
Adriana, según palabras de Mayorga, Garay es un personaje muy interesante porque se puede ubicar «entre los verdugos o entre los salvadores». ¿Qué opinas?
Adriana Ozores: Ese es el cuestionamiento que plantea Juan, la vida no es tanto si uno es verdugo o salvador sino estar ahora aquí, ahora allá, ahora en medio… Creo que eso es lo inteligente. La pieza te da la bofetada de que todo son grises, todo es posible y todo es susceptible de ser maleable, cambiable.
Loreto Mauleón: «Pongámonos en duda todo el rato, está bien no saber qué hacer, nada es blanco o negro»
¿Puede que, dependiendo de en qué momento del contexto histórico juzgues a Garay, pueda ser verduga o salvadora?
Adriana Ozores: Sí, ese es precisamente el juego que propone Juan.
Loreto Mauleón: A mí esta reflexión me produce mucha esperanza en la gente, en todos nosotros. Que tengamos esa posibilidad de ir cambiando. Siento que estamos en un momento social, a nivel mundial, en el que tenemos que tener todo clarísimo. Esto se me hace difícil, porque cuanto más claro se supone que lo tengo que tener más me lío. Pongámonos en duda todo el rato, está bien no saber qué hacer, nada es blanco o negro. Nada está rotundamente bien o rotundamente mal, vayamos más allá.
¿En qué época está ambientada esta pieza?
Loreto Mauleón: No la hemos ubicado en ninguna época concreta. Es cierto que, viendo esta obra en España, el público va a dibujar el contexto de la Guerra Civil española, pero es una historia que podría estar pasando ahora mismo.
Adriana Ozores: Lo bonito de la obra es que no habla solo de esta trama en particular, sino del pasado histórico de un país, de cualquier país, puede extrapolarse a lo que está pasando a nivel global. Los que han visto ya el montaje reconocen la actualidad que habita en él.
Loreto Mauleón: Sí, se trata de la creación conjunta de seis seres humanos con sus contradicciones; la época no importa, puede ser en cualquier momento y en cualquier lugar. Esto último es muy interesante, me gustaría ver cómo percibe la obra alguien de otro país. Es un texto universal, lamentablemente. Porque pasa todo el rato en todas partes.
Compra ya tus entradas:
