‘Precipitados’, una reflexión interdisciplinar sobre el suicidio en los Teatros del Canal

Irene Herrero Miguel
Imagen de 'Precipitados' en los Teatros del Canal. // Foto: Pablo Lorente

Imagen de ‘Precipitados’ en los Teatros del Canal. // Foto: Pablo Lorente

Suicidio. Suicidio. Suicidio. Qué difícil es a veces llamar a las cosas por su nombre. Sin duda esta es de esas palabras que duelen. El pasado jueves 21 de abril se estrenó Precipitados en los Teatros del Canal, la última producción de 10&10 NarváezRundeSanz, que indaga en torno a este tema, la primera causa de muerte no natural en nuestro país. En esta realidad silenciada y oculta se han sumergido en los últimos meses las creadoras de la compañía madrileña para preparar su propuesta, proceso en el que han dado con cifras sorprendentes. Cada día se suicidan en España 11 personas y se calcula que más de 8.000 personas tratan de quitarse la vida cada año.

Acogido al sello Creación Canal, Precipitados incide en la creación colectiva de la compañía codirigida desde 2020 por las coreógrafas Mónica Runde e Inés Narváez, y la escenógrafa Elisa Sanz. Entre las creaciones recientes de la compañía figuran Ondine, Laberinto de la memoria, Bocetos efímeros y Dos de gala, sobre la que fuera musa y mujer del pintor Salvador Dalí.

El suicidio desde todos los ángulos

El proyecto comenzó antes de la pandemia por sugerencia de Elisa Sanz, aunque el suicidio era un tema sobre el que las tres creadoras ya habían mostrado interés. «Inés sacó una libreta de anotaciones sobre el suicidio y yo acababa de terminar un libro sobre el suicidio, fue tan simple como eso» comenta Mónica Runde en una charla con Teatro Madrid antes del estreno. Dos años después de aquello el suicidio pasa a protagonizar titulares tras la crisis de salud mental generada por la pandemia. «Alucinamos porque al principio todo el mundo se sorprendió y ahora se está hablando más del tema» explica Runde. «La gente nos decía: ‘qué alegre, ¿no?’ y no, la vida es lo que es y ahora toca esto…» cuenta Inés Narváez.

«Necesitábamos hablar de un problema social actual que existe desde que existe la humanidad»

«Necesitábamos hablar de un problema social actual que existe desde que existe la humanidad sobre el que se escondían estadísticas y hasta su propia existencia» afirma Sanz, que añade que «no contaba con ningún apoyo ni gubernamental ni de la sociedad». Precipitados parte de una documentación exhaustiva en torno al suicidio desde todas las vertientes: psicológica, estudio de estadísticas, testimonios, vivencias y representaciones artísticas.

Además, de la documentación, la idea era que «cada una pudiera acometer este tema desde donde le interesa» explica Sanz. Narváez añade sobre su experiencia que ha encontrado «ciertas reticencias por parte de algunas personas porque a lo mejor no era el momento de preguntar, pero al ir a recabar información más técnica también he encontrado vacíos muy grandes» bajo el pretexto del conocido «efecto llamada».

Las coreógrafas Mónica Runde e Inés Narváez, y la escenógrafa Elisa Sanz forman la compañía.

Las coreógrafas Mónica Runde e Inés Narváez, y la escenógrafa Elisa Sanz forman la compañía.

La compañía aborda esta cuestión desde diferentes ángulos.»Queríamos que apareciese el rechazo de la sociedad, el ‘si no lo veo, no existe’, el que decide suicidarse y también las personas que se quedan» detalla Runde. «Hemos hecho una revisitación desde nosotras, pero también hay muchos deseos puesto aquí: deseo de libertad, de cierto descanso, de darles un lugar y una visibilidad» cuenta Narváez.

Un lenguaje propio

A partir del material, las tres componentes de la compañía establecieron un imaginario común valiéndose de palabras, movimiento, imágenes, olores, formas, texturas, materiales, luz, sonido… como punto de partida para la creación de una dramaturgia visual. En una segunda etapa, que se desarrolló entre diciembre del pasado año y enero de este, han contado con la colaboración de cuatro dramaturgos: Itziar PascualPablo Messiez y los Hermanos Bazo cuyos textos han formado parte del proceso de creación. «Nosotras estructuramos y después pedimos un ingrediente más, un texto a cada uno» explica Narváez. Les dijimos que «a lo mejor se leía, a lo mejor lo dividíamos en cachitos, a lo mejor se proyectaba, a lo mejor se grababa como audio o a lo mejor no se usaba; y se dejaron» concluye Runde.

A partir de todo este material configuraron el esqueleto de la puesta en escena, al que le han ido añadiendo vídeo, música, la escenografía, el vestuario y las bases de movimiento para la coreografía. Esta pieza se podría definir como una performance de danza moderna aunque, según explica la compañía, no les gustan demasiado las etiquetas en las que se las intenta colocar desde la industria. El espectáculo está creado como una partitura emocional conformada a partir de todos los lenguajes escénicos. «Nuestros brainstormings son maravillosos» bromea Runde, «hacemos un caldo entre las tres con Beatriz Franco, la diseñadora de la iluminación».

Tareas pendientes

Esta propuesta nos obliga a afrontar una realidad que, en ocasiones, preferimos tapar y silenciar y, en este sentido, nos encontramos con grandes tareas pendientes como sociedad. Mónica Runde destaca la necesidad de «empatizar, estar menos mirando a la pantalla y mirar más al de enfrente«.  Elisa Sanz pone el foco en «tratar de quitar esta sociedad feliz de la redes sociales, hay que ver más allá y no hacer tanto ‘yoismo’, mirar a las personas, lo que tú puedas». «Yo no tengo respuestas, pero creo que hay una cuestión de cuidar, de visibilizar, de acompañar y sabiendo que jode muchísimo perder a alguien, creo que hay un punto en el que hay que respetar» concluye Inés Naraváez.

Irene Herrero Miguel / @ireneherreromi

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