COMIENZA LA TEMPORADA EN LA SALA PRINCIPAL DEL TEATRO ESPAÑOL

‘Queen Lear’ revisita la clásica tragedia de Shakespeare y convierte a la mujer en protagonista

Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio presentan esta versión de 'El rey Lear' que plantea una reflexión sobre el ejercicio del poder y vierte una mirada esperanzadora

Bea López
Mona Martínez en la obra de teatro Queen Lear

Mona Martínez da vida a ‘Queen Lear’ en esta versión de la clásica tragedia shakesperiana.

El mundo contemporáneo se encuentra inmerso en un momento histórico tras el fallecimiento, el pasado 8 de septiembre, de Isabel II, la monarca más longeva de la historia británica. En estos días, en los que asistimos en directo gracias a las tecnologías a todos los pasos del protocolo «London Bridge», que concluirán con el funeral de la reina el próximo 19 de septiembre, se antoja pertinente e incluso inevitable plantearse cómo hubieran sido planteados y desarrollados los clásicos universales si los personajes poderosos hubiesen sido mujeres y no hombres. ¿Y si Shakespeare hubiese creado una reina Lear? Él no pudo hacerlo, porque como bien señala el dramaturgo Juan Carlos Rubio, «los autores son presas de una época», pero la magia del teatro sí nos permite hoy, en el siglo XXI, darle respuesta escénica a esta pregunta.

Queen Lear es una versión libre de la tragedia shakesperiana El rey Lear con dramaturgia original de Juan Carlos Rubio, en colaboración con Natalia Menéndez y dirigida por ella misma, que plantea una reflexión sobre el ejercicio del poder y la crueldad humana en todas sus formas, buscando otras maneras de gobernar y de amar. La obra es una coproducción del Teatro Español y Entrecajas Producciones Teatrales, protagonizada por Mona Martínez en el papel de la reina Lear, y con Beatriz Argüello, Sara Rivero, Amaia Sagasti, Marta Guerras, Lander Otaola y Alberto Jo Lee completando el elenco.

El espectáculo, que sí mantiene la perversidad, la ironía, el sarcasmo contenidos en el original, apuesta por hacer hincapié en las consecuencias de nuestros actos sin locura de por medio, y en cómo solo desde la toma de conciencia es posible que se produzca una transformación.

Una versión libre de ‘El rey Lear’ con la misma pregunta decisiva

El rey Lear es una obra de William Shakespeare que fue escrita entre 1603 y 1605 y estrenada en 1606, ya bajo el reinado de Jacobo I. El drama, inspirado en una antigua leyenda inglesa, está considerado como la tragedia shakesperiana más cruel por la complejidad y ambigüedad del tratamiento de la locura.

«Creemos en la posibilidad de cambio y el teatro es el espacio adecuado para ello»

Desde hace mucho tiempo, Juan Carlos Rubio quería hablar del poder desde el universo femenino, y esto le llevó a preguntarse: ¿Por qué no una Queen Lear? ¿Hay otra forma de gobernar? Junto a Natalia Menéndez, se adentró en un viaje emocionante de cuatro años para crear lo que él define como «una tragedia irónica por muchos momentos en la que fabulamos, porque hemos falseado una historia, por eso se llama Queen Lear».

El texto mantiene muchas referencias a Shakespeare, y de hecho contiene también frases y fragmentos de otras obras del autor, como Hamlet, La tempestad o Julio César. Sin embargo, se desmarca del clásico en la introducción de un espíritu y una línea de esperanza que no tiene el original. «Creemos en la posibilidad de cambio y que el teatro es el espacio adecuado para lanzar preguntas a los espectadores», afirma el dramaturgo de esta propuesta que claramente abre la puerta a la bondad y a la esperanza.

imagen de la obra de teatro Queen Liar en el Teatro Español en Madrid

La pregunta de la reina Lear a sus hijas y herederas desencadenará un desastre con fatales consecuencias.

La obra empieza con un encuentro de las tres hermanas previo a que su madre, la reina, les comunique una importante decisión. A partir de aquí, el argumento en líneas generales se mantiene igual: Goneril, Regan y Cordelia, hijas de la reina Lear, reciben la inesperada noticia de que su madre ha decidido repartir el reino entre ellas. Pero primero tendrán que responder a una perversa pregunta: ¿Quién de vosotras me ama más?

¿Qué esconde realmente esta pregunta? Aquí está la idea de fuerza de Queen Lear. Una historia de poder, más concretamente de poder familiar, situada en un espacio herido, oxidado, donde todo está movido, porque desde la violencia nada puede permanecer en su sitio. Y desde allí, una reina Lear arriesgada y atrevida llegará a ser consciente de la importancia de aprender a ejercer el poder y el amor desde otro lugar más sano y luminoso.

Queen Lear: una mujer reina y madre

William Shakespeare nació y vivió gran parte de su vida durante el reinado de Isabel I, última monarca de la dinastía Tudor. Bajo su gobierno no se permitió que las mujeres pudieran actuar, en un momento histórico para la escena británica dominado por el bardo inglés. La prohibición, que estaba atribuida a una cuestión de decoro, no era sino el reflejo del papel femenino en la sociedad isabelina. Las mujeres no podían asistir a la Universidad, ni por supuesto entrar en política ni votar. Su función principal quedaba reducida a casarse, tener hijos y guardar obediencia a sus maridos.

Teniendo todo esto en cuenta, puede resultar cuanto menos chocante que precisamente sean tres reinas las que figuran en la historia del Reino Unido como las soberanas más influyentes: Isabel I (1533-1603), Victoria (1819-901) y la recientemente fallecida Isabel II (1926-2022), la monarca de los dos siglos con setenta años de reinado. A pesar de la trascendencia de sus gobiernos, ninguna de ellas estaba destinada a ser reina; de hecho, la Corona les llegó por accidente, ya que el orden de sucesión al trono priorizaba a los varones. En el caso del Reino Unido, no sería hasta 2011 cuando esta ley se cambiase y actualizase a la realidad social, estableciendo que el heredero será la primera hija o hijo que nazca, con independencia de su sexo.

En su apuesta por reflejar otra forma de querer y de gobernar más cercana también a la sociedad actual, Queen Lear tiene a la mujer como centro. Además, no solo Lear es una reina y no un rey, sino que el protagonismo femenino se traslada también de un conde a una condesa de Kent. En esta doble condición de mujer y reina reside la esencia diferenciadora de la propuesta escénica.

imagen de la obra de teatro 'Queen Lear' en el Teatro Español en Madrid

‘Queen Lear’ traslada el protagonismo de un rey a una reina y de un conde a una condesa poniendo a la mujer en el centro del poder.

«Lear cree que los dos aspectos, el de reina y el de madre, están separados, pero están unidos».

Desde el poder que ejerce y la responsabilidad que le es concedida a una monarca, la cabeza de una reina se debe a su pueblo y tiene unas normas que se deben cumplir imperativamente. Lear ha recibido por parte de su padre doce mandamientos, entre los que se encuentra la obligación inquebrantable de defender tierra y vasallos por encima de afectos, razones o debilidades; y esto lo engloba todo, incluidas la familia y sus hijas. «Deja que mi ignorancia gane el pulso al conocimiento», pronuncia la monarca en la obra. Cuando uno está al frente del poder y lo ejerce de una manera determinada, no quiere saber de reflexiones, tan solo persigue que se imponga su criterio por encima de todo.

A partir de esta premisa se desencadena toda una tragedia que, en palabras de Mona Martínez, evidencia cómo «un acto de absoluta generosidad para ella, como es la entrega de su reino, es en realidad un desastre, porque a partir de ese momento descubre que todo lo que ha engendrado y cómo ha ejercido su poder no es correspondido como ella quiere. Y eso tiene sus consecuencias».

Lear antes de madre ha sido hija, y no debe perderse de vista que ha recibido por parte de su padre una educación muy masculina; no se plantea si existe algo que tiene que modificar. Es una mujer que ha sido reina desde pequeña, que ha sido muy libre con el sexo. Tuvo a sus hijas con diferentes padres y quizás le cueste amar. «Ella va a ciegas», dice Natalia Menéndez. Y educa a sus hijas de esa misma manera que le ha sido inculcada a ella. «Hay una que le sala rana, le sale rebelde. Pero las otras dos son cuervos que ella ha educado. Cuando Lear ve para sí misma que el comportamiento de las hijas hacia su madre es lamentable, en ese momento se pregunta: ¿Qué he hecho? Desde su inteligencia, es consciente de que algo hizo mal para que sus hijas finalmente dejen a una mujer en la nada después de haberle dado su palabra de cuidarla», explica Menéndez.

«Hay una hija que le sala rana, pero las otras dos son cuervos que ella ha educado».

Es aquí donde la maternidad cobra una vital relevancia. «Tengo la impresión de que ella cree que los dos aspectos, el de reina y el de madre, están separados, pero están unidos», confiesa Mona Martínez. Esto lleva a que la reina Lear experimente un viaje iniciático a través de sus actos que hace que vaya hacia atrás en vez de hacia adelante. En palabras de Martínez, «se encuentra con un retroceso hasta llegar a reflexionar sobre sí misma y decir: ¿Qué he hecho, quién soy y qué he dejado en el mundo detrás de mí». Este periplo hacia adentro la desestructura en todos los sentidos y tiene unas consecuencias nefastas incluso para sus herederos. «En el texto, ella dice: “di quién eres y reclama tu herencia”. Las hijas reclaman la herencia en todos sus sentidos: la del amor, la del poder, la de la vida y la de la muerte, y eso se desencadena de la forma menos inesperada para esta reina», concluye la protagonista.

«El trato de una madre con sus hijas es más violento si cabe que el de un padre».

La relación de una madre con sus hijos, con independencia de su sexo (aunque existen aspectos diferenciadores entre las hijas y los hijos), es muy distinta a la de un padre. Hay matices y complicidades, hay furias que se pueden desatar de muy distintas maneras. Para Natalia Menéndez, «el trato de una madre con sus hijas es más violento si cabe que el de un padre con las hijas, porque hay ese grado de confianza que hace que a veces se pierda la empatía, el respeto y la dignidad». Además, señala Mona Martínez que «una madre se mide un poco más con sus hijas, con su mismo sexo; hay algo de competencia y algunos componentes que no se ejercerían de la misma manera con hijos varones». En la obra la hija pequeña es como si fuera un hijo, en el sentido de que le sale diferente, ya que ella, al ser la última, ha visto cómo han sido educadas sus hermanas», cuenta la directora.

imagen de la obra de teatro 'Queen Lear' en el Teatro Español en Madrid

La actitud y comportamiento de Cordelia en ‘Queen Lear’ serán determinantes en el desenlace de la obra de teatro.

La educación es un pilar esencial sobre el que descansa el más fuerte de los lazos: el amor. Lear no ejerce como madre como precisa una hija. «Una hija necesita recibir el amor de una madre, es indiscutible. Eso tiene una consecuencia en las vidas. Quien es feliz y es querido tiene una forma de estar en el mundo, y quien no recibe ese amor tiene otra. Ella no lo ha aprendido ni lo ha tenido por parte de su padre y de quien le ha legado la corona y le ha enseñado a ejercer el poder de una cierta manera», afirma Mona Martínez.

«Dios salve a la reina»

La asunción de la culpa por parte de Lear, que deviene de su propio error y de las consecuencias de sus actos reflejadas en el comportamiento de sus hijas, lleva a la reina a reflexionar sobre su forma de gobernar y de amar. «Les pide a sus hijas que le digan cuál de ellas la quiere más. Y una de ellas incumple lo que ella espera; le dice: “nada”. Lear está abocada a esa nada. Sus hijas incumplen el compromiso de atenderla mensualmente, y al final termina sin nada, en mitad de la nada, y se enfrenta a esa nada que es el legado fatídico que ha dejado», señala la protagonista de la obra. En este cambio de paradigma es fundamental la toma de conciencia de la mujer, de esa mujer que es Lear.

«Sin la reflexión de Lear en esta obra no habría esperanza».

«Si ella no hubiera hecho esta reflexión con respecto a sí misma y a lo que ha hecho y ha creado, en esta obra no habría esperanza. Finalmente, en este mundo de cuervos en el que hay una paloma, ella elige la paloma», confiesa Natalia Menéndez. Lear abdica en favor de su hija pequeña y la obra se cierra con esa esperanza en un relevo que arroja un canto a la vida desde el amor, sin violencia ni locura.

¿Podemos entonces afirmar que estamos ante un espectáculo que sí refleja que los tiempos han cambiado? Deseamos sin duda que así sea, y por ello, para terminar, como los británicos acostumbran a decir: «Dios salve a la reina».

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