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EN EL TEATRO MARÍA GUERRERO

Reflexionar sobre la figura del hermano para volver a lo colectivo

¿Qué simboliza una hermana o un hermano en nuestro día a día? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Siempre he pensado que una hermana o un hermano es esa figura que está en nuestra vida para ponernos a prueba, para enseñarnos algo. A lo largo de la historia, son muchas las obras teatrales que respiran en torno a conflictos entre consanguíneos. Ya en Siete contra Tebas de Esquilo se presenta la culpa heredada entre Eteocles y Polinices, cuyo final abre un problema político y religioso en el que se verá inmersa Antígona, que mueve cielo y tierra para poder enterrar a su hermano, Polinices. Pero no hace falta irse tan lejos, en La casa de Bernarda Alba Federico García Lorca relata las tensiones, los celos y el amor que se leen entre las cinco hermanas. En Hamlet, de William Shakespeare, nada hubiera sucedido si Claudio no hubiera matado a su hermano, el rey de Dinamarca. Y así, podríamos encontrar infinidad de obras, como Top Girls de Caryl Churchill, Agosto de Tracy Letts, True West de Sam Shepard, Hermanas de Pascal Rambert y muchísimas más. Curiosamente, algo que coincide en todos los dramaturgos que han escrito estos textos, es que emplean una disputa fraternal como símbolo o reflejo de un conflicto más amplio dentro de la sociedad.

Nos queda claro que las relaciones entre hermanos no solo son un gran tema a tratar en el teatro y en la literatura en general, también en nuestra propia vida. Pero, ¿qué simboliza una hermana o un hermano en nuestro día a día? ¿Qué podemos aprender de ellos?

Cuando asistí al estreno de La última noche con mi hermano en el Teatro María Guerrero pensaba que iba a ver una pieza que reflexionaba sobre el duelo que supone perder a un hermano físicamente, tras la muerte, pero me sorprendió —y para bien— ver que va mucho más allá. En el texto, escrito y dirigido por Alfredo Sanzol, aparecen tres parejas de hermanos con las que el autor explora diversos tipos de relaciones y de duelos. Puedes llevarte muy bien con él y tener un vínculo muy fuerte, llevar años con una relación cogida con pinzas o, directamente, no saber a día de hoy nada de él. Sea cual sea la situación, ante la imposibilidad de mantener esa relación, surge un duelo.

Estar peleado con tu hermano o con tu hermana es muy duro, es otro tipo de muerte. Se siente un vacío en tu interior, como si faltase una parte de ti, aunque nunca te hayas llegado a llevar del todo bien con esa persona. En la obra, Ariadna Llobet y Biel Montoro encarnan a la pareja de hermanos más joven, que para mí son un símbolo de esperanza, de fraternidad y de amor. Con esta pareja de hermanos Sanzol abre un camino al diálogo, a la reflexión de que, si ambas partes tienen la voluntad, el vínculo puede ser inquebrantable.

Imagen de La última noche con mi hermano de Alfredo Sanzol

Imagen de La última noche con mi hermano de Alfredo Sanzol

La dirección escénica del montaje, así como el uso del espacio, me ha parecido muy fluido y creativo. La escenografía es muy llamativa y disfrutable. El texto es de esos que querrías tener encuadernados en tu estantería de casa. Escuché a más de una persona sollozar al finalizar la obra.

Curiosamente, en la recién estrenada película Los Domingos también se expone una relación conflictiva entre hermanos y creo que esta va a ser la tendencia en los próximos años. Me pregunto si el motivo es porque ahora, como sociedad, hemos llegado a un punto tan individualista y extremo, que estamos necesitando reformular qué significa para nosotros esa figura en nuestra vida.

Creo que una hermana o un hermano es esa persona que viene a poner a prueba tu amor incondicional. Puede que seas de izquierdas y tengas un hermano de derechas. O que seas una persona atea y, tu hermana, religiosa. También puede ocurrir que estés enfadado con tu madre y, en cambio, tu hermana tiene una buena relación, o que tú seas alguien muy sensible y tu hermano sea la persona más fría del planeta. Pero es ahí precisamente donde está el reto, si ambos tienen la voluntad de mantener una buena relación, deben aceptar esas diferencias, pues son precisamente esos puntos en discordia los que rompen los vínculos que mantenemos con nuestros consanguíneos. Por eso, creo que los hermanos están en nuestras vidas para hacernos mejores personas. Ojo, eso no significa que no tengamos que poner límites si es necesario, pero muchas veces son esos maestros que vienen a enseñarnos a aceptar al otro aunque no piense como nosotros.

Creo que, cuando aceptas a tu hermano, eres capaz también de aceptar a tu vecino, a tu compañero de trabajo, a un desconocido. Y en la actualidad, en una sociedad cada vez más ególatra y desconectada de lo colectivo, tan polarizada, esta figura cobra cada vez más importancia.

La última noche con mi hermano es un homenaje a esos compañeros con los que compartimos padres y, también, un acompañamiento a esas personas que pierden esos vínculos tan necesarios en su vida.

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Escrito por
Andrea-Garriga-González-redactora-TeatroMadrid

Graduada en Arte Dramático. Creadora de contenidos editoriales y redactora de la Revista de TeatroMadrid.

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