Virginia Woolf y el teatro: ¿Un camino hacia «la habitación propia»?

Andrea Garriga

Un retrato de Virginia Woolf (1882-1941)

Virginia Woolf escribió novelas, cuentos, obras teatrales, ensayos… Hoy la británica está considerada como una de las voces más destacadas del modernismo vanguardista anglosajón del siglo XX y una de las figuras más relevantes del feminismo internacional.​ La vida de escritora estuvo marcada por la inestabilidad y el drama. De hecho, tras varios intentos de suicidio, acabó con su vida en 1941 saltando al río Ouse.

Las circunstancias personales de la escritora marcaron notablemente su forma de abordar la escritura y muchos de los personajes ficticios de Woolf, traspasados por la ansiedad y el delirio, ya advierten del estado psicológico de la escritora. En estos momentos en los que la separación del autor y su obra protagonizan titulares y conversaciones, parece que Virginia Woolf trasciende como escritora para convertirse en un personaje más de su propio legado literario. ¿Serán los fantasmas que rodean a la propia existencia de la escritora los que hacen tan atractiva su obra, así como la existencia atormentada de Frida Kahlo se ha entremezclado con sus cuadros?

La cartelera madrileña, abundante y variada, nos permite acercarnos a dos directoras que actualmente presentan en escena dos adaptaciones de obras de la escritora. Ana Cavilla dirige la obra Íntima Atlántida de Speaky Twins una versión libre de la novela Orlando— y que podemos ver en Nave 73. Por otro lado, hemos hablado con María Ruiz, que ha adaptado y dirigido la pieza Una habitación propia, interpretada por Clara Sanchis y que se puede disfrutar en el Teatro Bellas Artes. ¿Es Virginia Woolf una inspiración para las creadoras actuales? ¿Por qué siguen resonando, a día de hoy, sus reflexiones? ¿Puede ser el teatro un camino para seguir luchando por esa «habitación propia»? 

«Y de nuevo volvió a sentirse sola ante la presencia de su eterna antagonista: la vida.»

Es evidente que Virginia Woolf no solo es un referente mundial por sus avanzadas reflexiones, sino también por sus renovadoras y originales aportaciones a la literatura. Su estilo poético y su experimentación con la psicología subyacente destacan como las contribuciones más notables a la novela moderna, convirtiéndola en una de las escritoras más importantes del siglo XX. Además, su figura cobró mucha fuerza en la década de los 70 con el auge del movimiento feminista.

Cuando le preguntamos a Ana Cavilla y a María Ruiz si el estilo literario de la autora les ha sugerido ideas para la puesta en escena de sus obras, afirman rotundamente. Ana Cavilla comenta que «Orlando es una muestra de maestría literaria espectacular y lo quisimos reflejar en la puesta en escena». Y sobre la estructura destaca que «en la novela, el estilo literario de Virginia Woolf va cambiando en cada capítulo según el estilo literario de la época en la que se supone que está viviendo Orlando». Por eso la directora se propuso el reto de «modificar el estilo de la escenificación en cada acto. Ese ha sido el gran reto. Ha hecho falta mucho trabajo, mucha investigación, muchos ensayos para que todo el equipo nos pudiéramos integrar en esa idea.»

«No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente»

María Ruiz nos explica que en Una habitación propia «hemos seguido estrictamente su estilo en cuanto a sus ritmos, su sentido del humor, en cuanto a sus declaraciones chocantes y humorísticas.» Virginia Woolf escribió el libro después de un par de ensayos que realizó para unas conferencias sobre ‘Las mujeres y la literatura’ que dio en Cambridge. A pesar de la densidad y profundidad de las reflexiones del texto, este formato de «falsa conferencia» «se transcriba muy bien a la escena. A mi parecer, es uno de los mejores textos occidentales del siglo XX, tratando el asunto de la mujer con esa libertad, con esa inteligencia…» comenta la directora y admite «Me he divertido mucho adaptándolo».

Sobre su trabajo con la actriz, María Ruiz explica «hemos trabajado con Clara Sanchis un tipo de recurso y una forma expresiva siguiendo el tipo de recursos que usa Virginia Woolf: el humor constante, la gestualidad, el propio tratamiento de las emociones, que facilita mucho la puesta en escena… Hemos procurado ser muy fieles a su estilo de modo que lo impregne todo.»  

Imagen de Una habitación propia, obra adaptada y dirigida por María Ruiz // Foto: Diego Ruiz.

Virginia Woolf escribió que cualquier mujer debería poder disponer libremente de una habitación propia y 500 libras al año y esta es una de las reflexiones que todavía resuena con fuerza hoy en día. Por supuesto, la afirmación tiene además un sentido metafórico: la habitación propia se refiere a libertad mental, al espacio y al tiempo necesario para reencontrarse con una misma, descansar, hacer uso de la creatividad, poder reflexionar y divertirse. Las 500 libras al año simbolizan la libertad física, tanto de movimiento como sobre el propio cuerpo.

María Ruiz opina que sus reflexiones siguen en el punto de mira porque «es una gran autora, una gran literata. No solo por las ideas que tiene, también por su propio punto de vista y el hecho de que era una mujer muy libre. Por ejemplo, ella dice: ‘para ser escritor no se puede ser mujer ni hombre, se tiene que ser hombre y mujer a la vez’. Tener un pensamiento pleno, libre, donde se juntan los opuestos… Ella lo consiguió, por eso nunca envejece.»

Además, María apunta que «ahora las mujeres pueden decir lo que les dé la gana donde les dé la gana. Virginia dice, por ejemplo, que es más importante el dinero que el derecho al sufragio porque da más libertad. La búsqueda de la libertad no se acaba nunca. Luego está la opinión de cada persona, claro. Alguien decía que la libertad es ‘poder elegir a lo que quieres someterte’ yo no estoy de acuerdo con eso, pero me parece una manera humorística de decir que libres, lo que se dice libres, no lo somos nunca.»

«¿Sois conscientes de que las mujeres quizás seamos el animal más discutido del universo?»

Ana Cavilla nos cuenta que «Orlando es una novela muy compleja, con muchas lecturas. La más evidente es la del género: la dificultad a la hora de escribir de un escritor y cómo esa dificultad se complica más cuando el escritor es una escritora. Ahí es donde encontramos nuestra conexión contemporánea con el texto. Ser mujer, y ser mujer artista, es más complicado que si eres un hombre artista. En Orlando se ve a una Virginia Woolf que está haciendo una crítica a la literatura y al canon del escritor, concretamente, al punto de vista de ese canon, que es principalmente masculino y quisimos darle fuerza a esa revisión de quién escribe, desde dónde escribe, quiénes son los héroes y por qué.» 

Puesta en escena de Íntima Atlántida, dirigida por Ana Cavilla.

Por último, ¿puede el teatro ser un camino para seguir luchando por esa «habitación propia»? Queremos dejar esta pregunta sin responder, pues como reflexiona María Ruiz, «Virginia Woolf trabaja siempre sobre el enigma, como los grandes narradores. En Una habitación propia ella misma plantea las reflexiones como una pregunta, una búsqueda de unas respuestas que nunca llegan: ‘preguntas inútiles que nadie puede responder’. En ese sentido es una gran pensadora: la filosofía no da respuestas, plantea preguntas y es lo que hace ella. Por eso su obra sigue viva.»

Por ese motivo, y al estilo Virginia Woolf, dejémonos impregnar por las grandes cuestiones y enigmas para seguir creando desde la pregunta y sigamos removiendo la historia en busca de autoras y creadoras porque, como dice Virginia:

«Cuántas mujeres olvidadas porque ni siquiera ellas mismas pudieron, pueden o podrán decir ‘esta boca es mía’, ‘este cuerpo es mío’, ‘esto es lo que yo pienso’.»

Andrea Garriga González / @andrea.garriga

 

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