La luz de Cai en la Gran Vía de Madrid
Recién llegada de mi Cai, apenas tres semanas después de haber estado allí, me siento en el patio de butacas del Teatro Ocaso Coliseum en plena Gran Vía madrileña para ver el musical El Alma al Aire.
La verdad que no tenía ni idea de qué me esperaba. Solo sabía que iba a encontrarme con un musical lleno de canciones de Alejandro Sanz que, seguramente, iba a tatarear -aunque fuese en bajito- y que me devolverían a un montón de momentos y recuerdos del pasado, cuando cada una de ellas tuvo su protagonismo en mi vida.
Y, de repente, sin saber muy bien cómo, estaba otra vez en Cádiz. En sus playas, sus chiringuitos, sus dunas, rodeada de sus gentes, de ese acento y esa gracia que solo los gaditanos tienen en la sangre. Y, por supuesto, con ese aire de Levante que todos los que vamos a la zona, rezamos porque no nos toque -o nos toque lo menos posible- porque, cuando aparece, siempre deja huella.
El Alma al Aire, el musical es una apuesta de la productora Stage Entertainment, responsable de grandes musicales como El Rey León y Aladdín, bajo la dramaturgia de Álvaro Tato. Y cuando termina la función y empiezas a recapitular y a asimilar todo lo que acabas de ver, sólo puedes pensar una cosa: qué creatividad y qué cabeza tiene este hombre para conseguir encajar tantas piezas de una manera tan especial.
La historia, a priori, podría parecer sencilla y cotidiana. Nos lleva hasta Gazulea, un pequeño y ficticio pueblo pesquero gaditano donde su humilde gente trabaja y se gana la vida como puede, pero también vive tranquila, a pesar de que el Levante, de vez en cuando, haga de las suyas. Algunos de sus habitantes tienen sueños y miedos; otros viven con la esperanza de volver a encontrar su sirena. También los hay que han sufrido desengaños, viven anclados en el pasado y luchan cada día por sobrevivir y poder mantener ese pequeño negocio que les da de comer.
Y, en medio de esa aparente normalidad, aparece Ella –Amanda Digón– junto con su madre y su hermana, que sin saberlo vienen a cambiarlo todo en este pueblecito tranquilo del sur. Ella se enamora de Ale –Pepe Nufrio– y entre ellos aparece una química difícil de pasar por alto. Y no será la única historia de amor que el viento de Levante traerá consigo de regalo.
Porque El Alma al Aire es mucho más que una historia de amor. Es un pequeño puzzle de situaciones cotidianas, sueños, miedos, reivindicaciones, diferentes formas de entender la vida, problemas que nos resultan a todos demasiado familiares, y, sobre todo, una oda al amor y a todo aquello que es capaz de mover. Y, sorprendentemente, todas esas piezas terminan encajando de una manera natural, con una canción de Alejandro Sanz acompañando cada una de ellas.
Y si hay algo que quiero destacar especialmente es la escenografía y las imágenes que consigue crear. Consigue transportarte de verdad al sur, a ese Cádiz de playas, de luz de atardeceres, de vientos, de mar y de pueblecitos pesqueros con tanto encanto, que durante algunos momentos llegué a olvidarme de que estaba sentada en un teatro de la Gran Vía.
También merecen una mención especial las voces de cada uno de los integrantes del elenco, aunque para mí destacan especialmente Ella y Ale, cuya química traspasa el escenario.
Aunque, si tuviera que quedarme con un momento concreto del musical, sería sin duda el protagonizado por el Levante, personalizado e interpretado por Inma “la Carbonera”. Creo que muchos de los que estábamos allí acabamos con la piel de gallina -y precisamente no era por frío-. Su manera de cantar flamenco, con una fuerza descomunal y, al mismo tiempo, absolutamente natural, como el viento que representa; ese quejío que emociona y deja sin palabras, acompañado de un juego de luces, de danza flamenca y unas imágenes de belleza increíble… Todo se mezcla en una escena que, al menos para mí, fue una de esas que se quedan en la memoria.
Desde mi humilde opinión, creo que merece la pena darle una oportunidad a este musical. Sentarse, dejarse llevar y permitir que ese viento de Levante te lleve hasta Gazulea. Porque, por un ratito, yo olvidé que estaba en plena Gran Vía madrileña. Y cuando salí del teatro, seguía teniendo un cachito de Cádiz conmigo.
Así que estoy segura de que El Alma al Aire no te dejará indiferente.