ESTRENO ABSOLUTO EN EL TEATRO DE LA ABADÍA

Fernanda Orazi: «El teatro puede sostener mucho tiempo lo que en la vida real sería imposible»

La creadora argentina dirige por primera vez un texto clásico, una versión del mito de 'Electra' desde una mirada contemporánea

Bea López
Fernanda Orazi dirige 'Electra' en el teatro La Abadía

Fernanda Orazi estrena en el Teatro de La Abadía una nueva versión de la gran tragedia de Sófocles.

La compañía Pílades Teatro presenta su primer montaje, Electra, una versión del mito heleno dirigido por la actriz y directora argentina Fernanda Orazi. Carmen Angulo, Javier Ballesteros, Leticia Etala y Juan Paños se acercan a la tragedia como una forma de «vivir lo invivible, aquello que rechazamos, y de actuar lo inactuable”.

El espectáculo aborda la historia de Electra desde una visión contemporánea, partiendo de la escucha de la palabra y el espacio vacío. El montaje estará en cartel entre el 12 y el 22 de enero, en el Teatro de La Abadía,y las entradas para las primeras funciones ya están agotadas.

‘Electra’ o la venganza de sangre

Antes de partir hacia Troya, Agamenón sacrifica a su hija menor, Ifigenia, con el fin de contar con la protección de Artemisa en la guerra. Después de diez años de conflicto y una vez caída Troya, Agamenón vuelve a Micenas con su concubina Casandra como botín de guerra. Allí le esperan Clitemnestra y su amante Egisto, quienes asesinan a ambos como venganza. Cuando su hijo Orestes llega a la mayoría de edad, el oráculo le revela la mejor forma de vengar a su padre, y regresa al palacio de Argos para llevar a cabo la venganza. Electra y Orestes se encuentran frente a la tumba de su padre, y es ante el cadáver de Agamenón donde los hermanos se sienten invadidos por el horror y la consternación. Juntos deciden dar muerte a su madre.

La obra escrita por Sófocles en el siglo VI a. C. mantiene su vigencia al seguir cuestionándonos qué sucede cuando las leyes son débiles, cuando la justicia no se ejerce debidamente, y por tanto qué hacer cuando el poder es corrupto y no podemos confiar en él. El texto plantea en la actualidad si debemos tomar la justicia por nuestra mano y cuál es la posición en que nos debemos situar ante un daño irreparable.

¿Cómo enfrentaría el personaje de Electra –y todos los que la rodean– esta tragedia en nuestros días? ¿Cómo es posible representar esta vivencia desde una mirada contemporánea? TeatroMadrid ha hablado con la directora Fernanda Orazi sobre la tragedia, el teatro y la creación de esta nueva versión del mito grecolatino.

Teatro Madrid. Electra es uno de los personajes de la mitología griega más potentes e importantes, con una gran influencia en la literatura europea y occidental. ¿Cómo nació la idea de crear una versión de la gran tragedia de Sófocles?

Fernanda Orazi. La idea nació por muchos lados distintos. Por un lado, hacía tiempo que había retomado mi mirada hacia la tragedia. Nuestra idea era ver el sentido de la tragedia: dónde está lo trágico, qué elementos podemos reconocer que le son propios y también pensar la vida desde un sentido trágico. Y me iba dando cuenta de que todo lo que nos atraviesa nosotros lo elaboramos desde una trama dramática.

«Quería saber cómo hacer escena de esta tragedia»

Por otro lado, hacía tiempo que quería volver a dirigir. Nunca había trabajado con un texto previamente escrito, y menos con un clásico dirigiendo yo. En un momento íbamos a hacer un Chéjov, pero entonces estaba leyendo tragedias, y al leer Electra, dije: Vamos a meternos en este lío, que es realmente otra cosa para nosotros, es algo desconocido. Me llamaba mucho la cuestión de qué va a pasar con la actuación, porque la tragedia está tan asociada con un modo de representar; yo sabía que no iba a ir por ese lado. Quería saber cómo va a ser el modo de abordaje, qué le va a hacer a este texto y qué nos va a hacer este material a nosotros. En definitiva, cómo hacer escena de esta tragedia.

P. Conociste a los cuatro actores que forman parte del montaje hace varios años en los distintos talleres de entrenamiento actoral que impartes. ¿Desde el principio tuviste claro que los querías a ellos y que solo necesitabas a cuatro intérpretes para el espectáculo?

R. No tuve claro que quería cuatro intérpretes, sino que eran las cuatro personas con las que quería trabajar. Este era otro desafío: vamos a agarrar esto y vamos a ser cuatro. De igual modo, tengo una forma de abordar los textos que no obedece mucho a la lógica general de tantos personajes tiene una obra, tantos intérpretes necesito. En este caso Electra sí es todo el tiempo Electra, pero era suficiente con eso; también por el formato y el tipo de material que es, ya que todo lo que sucede en la obra gira alrededor de Electra. Y por supuesto está el coro, que era un desafío inmenso. No quería prescindir del coro, que para mí tiene mucho que ver con la palabra y lo sonoro. Hay un tratamiento de la palabra y de lo sonoro que tiene que ver con esa sensación de multitud.

Fernanda Orazi dirige 'Electra' de Sófocles en el teatro de la Abadía

Javier Ballesteros, Leticia Etala, Juan Paños y Carmen Angulo protagonizan una versión contemporánea del mito de ‘Electra’. // Foto: Luz Soria

P. ¿Cómo habéis abordado la dramaturgia de un texto que, si bien fue escrito en el siglo VI a.C., mantiene vigente su esencia hoy?

R. La dramaturgia la hemos abordado a partir del texto original. Empezamos a trabajar en los ensayos escuchando las voces. Había cosas que nuestro trabajo expulsaba y otras que necesitábamos que se desplegasen más. Para mí, una de las cosas que me resultaba más interesante de la obra era la cuestión de las emboscadas de Orestes, la trampa en la que también queda Electra. ¿Por qué? Me parecía de lo más potente de la obra porque eso es un juego, es el lugar más lúdico y para mí era el más teatral. Pero el texto de la obra es tal cual. A mí no me apetecía escaparme de ese lenguaje tan lejano para nosotros, tan otro. Quería encontrar la manera de que eso se pudiera escuchar, y que esas palabras, ese modo de escritura, de decir y de llamar, pudieran actuar entre nosotros.

P. Defines el espectáculo como «una función para vivir lo invivible y actuar lo inactuable». ¿Cómo has afrontado este reto escénico como directora?

R. Esto de vivir lo invivible y actuar lo inactuable lo pensé porque es algo con lo que trabajo mucho en los talleres. El teatro puede sostener mucho tiempo lo que en la vida real sería imposible sostener un minuto. El teatro se queda ahí, lo estira, lo juega, lo exhibe, se regodea en situaciones en las que saldrías corriendo en la vida real. En ese sentido, me interesaba mucho el tema de la muerte en Electra, este lugar común de que la muerte no se puede representar. En realidad, creo que nada se puede representar. Tú presentas otra cosa que invoca eso, pero me parece que la vida no se puede representar. Me interesaba mucho poner ese juego muy claro y traje la muerte a escena, que en la obra de Sófocles simplemente se escucha, pero no se muestra. Y realmente encontrar un modo de actuar que es un modo de jugar el asesinato; no tanto la muerte como el asesinato, pero que sea muy abierto, muy visible, y que se vea que estamos actuando el asesinato.

«Para mí, lo inactuable es toda la obra de Sófocles»

Y por otro lado está lo inactuable, el coro, las cosas que dice Electra, esos textos que invocan un estado muy atravesado por pasiones y emociones. Cómo haces para que no sea la obra una representación de esos estados. Cómo actúan esas palabras y esas imágenes entre nosotros. Simplemente que sea lo que es: un texto, unas palabras. Para mí, lo inactuable es toda la obra de Sófocles.

P. La propuesta se caracteriza por un espacio vacío distribuido a tres bandas. A partir de esta decisión, ¿cómo has abordado la dirección?

R. Esta decisión surgió sola, de forma natural, porque trabajamos siempre interpelando y trabajando la mirada del otro. Para nosotros, el público es un actor más, en el sentido de que nunca está fuera, está dentro. La escena es la escena del teatro. Las demás son las acciones que desplegamos para lograr el hecho escénico. Del suceso teatral es del que somos actores todos los que estamos ahí; todos somos agentes que participamos de los estados que se pueden generar del acto dramático. La representación parte de cómo las líneas de tensión de las escenas se van tramando, tendiendo siempre una línea hacia la mirada del público. Al pensarlo así, es muy importante lo que hagas con el espacio y la mirada. La búsqueda es que, lo que pasa, suceda en el teatro.

P. La historia de Electra es la de una venganza contra el poder corrupto y la debilidad de la justicia. También es una historia de odio y de violencia como los dos grandes motores que alimentan su sed de venganza y la llevan a perpetrarla a través de su hermano. ¿Dónde consideras que están los puntos de vigencia de esta tragedia en nuestra sociedad?

R. La cuestión de la justicia y la venganza atraviesa la obra de Electra; la justicia supuestamente sería una sustitución de la venganza. El problema de la justicia no es inactual porque la justicia es un invento, pero no hay ningún invento que quiera regular las pasiones humanas que sea 100% eficaz. Las pasiones son indomesticables, aunque los seres humanos estemos domesticados. Matar está castigado para que matar no sea barato, pero no para que nadie mate, porque eso va a ocurrir. Es una regulación. El poder de quitarle la vida a otro porque tenemos ese poder. Es terrible, pero es así. Y como eso se puede hacer como una posibilidad, ya es un problema para siempre. Por eso creo que va a tener vigencia siempre.

La compañía Pílades Teatro estrena una versión de Electra de Sófocles en el teatro La Abadía

‘Electra’ cuestiona las consecuencias de la debilidad de las leyes y la corrupción del poder. // Foto: Luz Soria

P. Además de a través de la muerte, la venganza siempre va a estar presente porque existen muchas formas de ejercerla a partir de las pasiones humanas.

R. La venganza tiene que ver con un sentimiento de compensación de las cosas. Creo que lo trágico está ahí: la necesidad que tenemos siempre automáticamente de reaccionar a algo. Compensar siempre. A veces lo trágico es que no hay compensación, las cosas quedan torcidas y son injustas. Para mí, eso es lo trágico: asumir que a veces algo va a quedar descompensado. Nuestra lógica nos hace pensar que hay un equilibrio. La vida no es un equilibrio, es un movimiento permanente, es caos. El orden es algo que nosotros le imponemos a la vida. Lo trágico trae algo del azar que se sale de la lógica tirana. La vida no es un encadenamiento de causas y efectos; es trágica y puede pasar algo que es injusto en cualquier momento, y de hecho pasa todo el tiempo.

P. Teniendo en cuenta todo lo vivido en la gestación de este proceso, ¿cómo definirías esta experiencia? ¿Te gustaría volver a dirigir un texto clásico?

R. Sí, yo me animaría a hacerlo. Esta experiencia la defino como un regalo. Se dieron muchas cosas que favorecieron que esto haya podido ocurrir. Lo siento como un obsequio, un don. Todo el proceso de creación ha sido muy donador, nos ha donado muchas cosas bellas, mucha experiencia teatral intensa, bonita y muy novedosa. Lo vivo con mucho agradecimiento y los chicos también. Tengo muchas ganas de dirigir textos clásicos. Antes no me gustaba dirigir ningún tipo de texto escrito previamente, y ahora es lo que más me fascina.

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Escrito por
Bea López TWITTER

Periodista y filóloga hispánica que ha hecho de su pasión por la cultura y las artes escénicas su forma de vida. Creadora de contenidos editoriales de TeatroMadrid y redactora de la Revista TM.

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