¿Es Brad Pitt demasiado guapo? ¿Está la tortilla de patatas demasiado rica? ¿Es un atardecer en la playa demasiado hermoso? Siempre me ha llamado la atención el tono despectivo que conlleva el adverbio demasiado, incluso cuando acompaña a cosas buenas, tal vez consecuencia de ese moralismo occidental en el que los excesos son sinónimos de pecado. ¿Son malas para la salud demasiadas risas? Si es así, a los de Impro de una noche de otoño les deberían poner en la lista de enfermedades peligrosas. Y contagiosas, empezaron un verano, y han acabado recorriendo todas las estaciones, año tras año. Esperemos que tarden mucho en encontrar la vacuna. Juegos, pruebas de ingenio, imaginación desbocada, verborrea incontrolable y mucha complicidad. Entre ellos […]
Antonio Lera Rodrígez-Morón
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