Por alguna razón, la comedia comercial suele tener que cargar con una serie de injustos prejuicios que son un verdadero lastre por la calidad del género. Entre los productores que creen que la inteligencia y la sutileza son enemigas del éxito generalista, los creadores que piensan que el humor no es un espacio lo suficientemente digno para contar historias importantes y el público poco exigente que se conforma con que los hagan reír con cualquier cosa, la cartelera acaba llenándose de propuestas fáciles, tópicas, gruesas y estridentes que quedan muy lejos del verdadero potencial de este género. Afortunadamente, todavía quedan espectáculos como Laponia que apuestan por hacer comedia desde el ingenio, partiendo de un conflicto interesante, sirviendo de espejo costumbrista […]
Iván F. Mula
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