Babel. Torre viva es una pieza de David Coria que parte del mito bíblico de la Torre de Babel como una metáfora escénica para abordar los conflictos contemporáneos. No desde una reconstrucción literal, sino como una reflexión poética, política y visceral sobre las formas de fragmentación impuestas por los grandes poderes: políticos, económicos y religiosos.
Sinopsis
Lejos de ser leída únicamente como un acto de soberbia castigado, la construcción de la torre se propone aquí como un gesto de profunda belleza. Una acción colectiva que, aun sabiendo su destino trágico, merece ser emprendida. La torre no representa un desafío a lo divino, sino una aspiración de comunión entre los cuerpos, los pueblos y las lenguas. Su alzamiento simboliza la fuerza de un deseo compartido: la necesidad de construir algo juntos, aunque esté destinado a derrumbarse.
Pero aquella armonía inicial se disgrega. Lo que comienza como un impulso de unión se transforma en desconcierto: las voces se multiplican, los sentidos se confunden, la palabra se convierte en frontera. El relato bíblico convierte la diversidad lingüística en castigo; en esta pieza, esa multiplicidad se resignifica como una imagen del mundo contemporáneo, donde la diferencia —en lugar de celebrarse— es utilizada como herramienta de enfrentamiento y control.
Babel. Torre viva es, por tanto, una pieza que atraviesa la tensión entre la utopía y la ruptura, entre el cuerpo que reza y el cuerpo que cae. Una celebración de la diversidad que busca transformar la fractura en posibilidad. Una danza que, aún en el colapso, sigue creyendo en la belleza del intento.
Y quizás, en un tiempo como el nuestro —hiperindividualista, competitivo, desgastado por la guerra y el miedo—, levantar juntos una torre, aunque sea simbólicamente, signifique algo más. Tal vez hacer un Babel pueda nombrar ese gesto común, humano y esperanzado. Una forma de recordar que lo colectivo aún es posible.