Farsa y licencia de la reina castiza, de Ramón del Valle-Inclán, es una sátira despiadada de la España isabelina, donde la política, la monarquía y el pueblo se funden en un carnaval grotesco. En un Madrid de sainete y miseria, Isabel II y su corte desfilan como figuras ridículas, atrapadas en un mundo de corrupción, farsa y doble moral.
Valle-Inclán utiliza el esperpento y un lenguaje popular cargado de ironía para desnudar la decadencia de una época, retratando a una sociedad donde lo trágico y lo cómico se confunden. Con ritmo ágil y escenas cargadas de teatralidad, la obra es un retrato feroz de un país cíclico, marcado por el abuso de poder, la hipocresía y el absurdo.
Una producción del Teatro Español y Nao d’amores bajo la dirección de Ana Zamora.
Sinopsis
Un pícaro llega a la corte de Isabel II, con la intención de chantajear a la reina con unas cartas subidas de tono, firmadas por ella, que revelan su conducta licenciosa. El rey, al enterarse, busca obtener su propio beneficio de la situación, desencadenando intrigas en palacio. Las distintas camarillas de la corte se enfrentan en un ambiente de corrupción y doble moral, pero finalmente aceptan el chantaje y se unen para ocultar sus miserias.
Palabras de la directora
ESPAÑA, RIDÍCULO TEATRILLO DE GUIÑOL
La metáfora del Theatrum mundi remite, para aquellos que nos dedicamos habitualmente al teatro clásico, a un sentido calderoniano, reverencial, teológico. Por eso, no deja de ser gozoso enfrentarse a la obra de Valle-Inclán, quien, a través del tópico literario, entiende nuestra realidad más trascendente como ridículo teatrillo de guiñol, tablado de bulevar, chirigota caricaturesca reflejo de un mundo caduco, absurdo y corrupto. ¡Qué capacidad de cachondeo, de señalar la miseria nacional, de atacar los pilares de un gobierno y una sociedad que se ha convertido en retablo de fantoches! ¡Qué elocuencia a la hora de muñequizar y ridiculizar la sórdida España de la pornografía orgiástica atribuida a los Borbones, para convertirla en tablado de marionetas de afán regeneracionista!
Quizá Valle-Inclán podría ser considerado el padre del teatro documento en España, o más bien del teatro documento a la española. Aquí la denuncia política y social, no se genera en la línea canónica del género teatral que está naciendo en la Alemania de aquellos felices años 20. Farsa y licencia de la reina castiza, nos presenta una serie de hechos, más o menos documentados históricamente, desde una convención escénica absolutamente guasona, constituyendo una crítica feroz del reinado de Isabel II, que se refleja en el de Alfonso XIII (coetáneo del autor), y se proyecta vivamente en nuestro presente.
Valle-Inclán es un visionario, y su teatro un juego maravilloso que, sin perder un ápice de su propia entidad artística, no deja de ser advertencia hacia un país que se desmorona.
Ana Zamora




