ESTRENOS EN EL CDN
La creación teatral gallega inicia la temporada del Centro Dramático Nacional
Dos estrenos en el mes de octubre y otro que llegará en marzo del próximo año
El Centro Dramático Nacional reúne en esta temporada 26/27 en su programación tres montajes de creadoras vinculadas a Galicia que abordan, desde distintas perspectivas y lenguajes escénicos, cuestiones como la memoria, la identidad, los vínculos o el cuerpo. ICTUS (Anatomía de «La última lección» de Castelao) / ICTUS (Anatomía de «A derradeira leición» de Castelao), Al final de las cosas y Manchas de sangre / Manchas de sangue compondrán una muestra de la diversidad de la creación teatral contemporánea gallega a la vez que pondrá en valor el gallego como lengua de creación y representación.
ICTUS (Anatomía de «La última lección» de Castelao) / ICTUS (Anatomía de «A derradeira leición» de Castelao) parte de una historia personal para adentrarse en la memoria colectiva de Galicia. Una mujer que ha sufrido un ictus intenta reconstruir los recuerdos perdidos de un acto celebrado en Santiago de Compostela en 2018, cuando llegó el cuadro A derradeira leición do mestre, la última pintura firmada por Castelao en el exilio. A partir de ahí, la compañía gallega Chévere, con dramaturgia y dirección de Xron, plantea un cruce entre ficción, documentación y memoria histórica para preguntarse cómo recordamos, qué olvidamos y cómo se construyen los relatos sobre el pasado. Su dispositivo documental se representará en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán, con dos funciones en gallego y sobretítulos en castellano.
La obra utiliza como hilo conductor una pintura profundamente vinculada a la represión en Galicia y al exilio de Castelao. ¿Por qué este cuadro sigue teniendo algo que decirnos hoy?
Xesús Ron: Para nosotros, lo más interesante de este cuadro no está en lo que significó en el momento en que se hizo, sino en el impacto que su presencia sigue teniendo en nuestro presente. Cuando se pintó en 1945, era evidente e incontestable su intención de denunciar la violencia fascista desatada en Galicia a raíz del golpe de estado de julio de 1936 y las consecuencias que tuvo sobre gran parte de la población el triunfo franquista en la guerra civil. Además, se pintó en el contexto del exilio y coincidiendo con el final de la II Guerra Mundial, en un momento de cierta esperanza para los opositores al régimen de Franco, que veían en el triunfo de los aliados una oportunidad para derrotar a Franco a través de la presión internacional. Lo curioso es que, setenta años después, cuando el cuadro llega a Galicia por primera vez en 2018 para exponerse en una exposición, el gobierno gallego trata de cambiar el contexto histórico de la obra y su significado simbólico. De hecho, lo presenta como un homenaje a la educación y a la labor de los maestros, silenciando el nombre del protagonista retratado en el cuadro, Alexandre Bóveda, fusilado poco después del golpe de estado por mantenerse fiel a la legalidad republicana. De esta forma, el cuadro ahora se convierte en un símbolo del conflicto que la sociedad actual mantiene abierto con su memoria histórica. Una parte de la sociedad sigue sin asumir la dimensión y el impacto de la violencia extrema que supuso el golpe de estado franquista. Sobre todo en Galicia, un territorio en el que no hubo ni guerra civil ni dos bandos enfrentados. Aquí solo hubo criminales y víctimas. Entre 1936 y 1939, la función que cumplió Galicia en la estrategia franquista, además de servir de laboratorio para la eliminación violenta de una parte de la población, fue convertirse en una inmensa cárcel a la que mandaban a los presos capturados en los distintos frentes de batalla y en una reserva de hombres obligados a incorporarse a las filas del ejército sublevado.
¿Qué significa que una obra de arte pueda convertirse en lugar o punto de memoria?
Xesús Ron: En este caso, lo interesante es que esta obra de arte se ha convertido en un campo de batalla de la memoria. En un momento en que, por fin, se están identificando y declarando como lugares de memoria democrática algunos espacios especialmente representativos de la violencia contra la población que se resistió al golpe de estado, este cuadro mantiene su capacidad para simbolizar la confrontación de las narrativas de la memoria. El mismo gobierno que trae el cuadro y lo recibe con honores está tratando de hacernos olvidar el significado de las imágenes que tenemos delante. O de convencernos de que es una pintura simbolista, sin referencia real alguna. Donde vemos un hombre muerto tirado en el borde de un camino, lo que tenemos que ver es un símbolo de la educación como contrapunto necesario del fanatismo.
¿Qué creéis que pierde exactamente una persona cuando pierde la memoria y qué pierde una sociedad cuando decide olvidar?
Xesús Ron: Durante el proceso de investigación previo a los ensayos, hemos hablado y entrevistado a personas con daño cerebral adquirido (DCA) y a terapeutas que las tratan. Una de las secuelas más frecuentes del DCA son los problemas de atención y de memoria. No sólo por la pérdida de memoria, sino por la dificultad para completar los recuerdos sobre una situación o un hecho. Esto puede convertirse en una barrera que afecta a la socialización de esa persona. Para evitar el aislamiento social provocado por el daño cerebral y los problemas de memoria, primero hay que aceptar lo que te pasa y después es necesario un entrenamiento constante y el uso de todo tipo de herramientas que ayudan a no olvidar lo que es importante para ti. La lección que nos enseñan es que, para vivir en sociedad, hace falta ejercitar la memoria. Este esfuerzo individual contrasta con el proceso de olvido colectivo que la sociedad española aceptó como válido para no enfrentarse a su memoria histórica. Y lo que perdemos como sociedad al olvidar es la posibilidad de una convivencia sana y tolerante, perdemos la capacidad de formar una sociedad cohesionada, solidaria y más feliz. Perdemos la oportunidad de ser ciudadanos de un mismo país. Por eso, en la obra, decidimos enfrentarnos a esa memoria colectiva traumática a través del personaje de una mujer con daño cerebral. Su determinación para reconstruir los huecos de su memoria funciona como un espejo en el que mirarnos como sociedad.
Este es un dispositivo documental que integra la audiodescripción. Este dato es muy curioso, ¿me podéis contar más, por favor?
Xesús Ron: Para nosotros, Ictus es una obra de teatro documental. Pero es muchas más cosas. Es documental porque todo el proyecto de creación surge de una investigación, entendida sobre todo como búsqueda o exploración. Hacemos un trabajo de campo, entrevistamos a mucha gente, manejamos mucha documentación. Por ejemplo, durante un año hemos llevado una reproducción del cuadro de Castelao a una docena de lugares (escuelas, institutos, universidades, bibliotecas, mercados, festivales…) y hemos compartido con el público un formulario que han respondido cientos de personas de ochenta ayuntamientos distintos. Todo esto para ampliar la conversación sobre el significado del cuadro, su simbolismo, su contexto histórico y los conflictos a los que nos hace enfrentarnos hoy mismo. Hemos hablado también con investigadoras e historiadores que conocen bien la capacidad de los archivos para generar narrativas divergentes. Hemos estado con psicólogas y neurólogos, con comisarios, técnicas y guías de exposiciones. Hemos consultado mucha correspondencia histórica, sumarios judiciales, publicaciones antiguas. Muchas de estas entrevistas generaron el enfoque o el propio texto de algunas escenas. En escena, usamos y mostramos documentos de esa investigación. Pero la forma de contar esta historia sobre el escenario y la forma de hacerlo son la clave de nuestro trabajo y tienen que ver con el uso de la audiodescripción. La audiodescripción se usa como herramienta de accesibilidad para personas ciegas o con baja visión. No se trata tanto de una herramienta tecnológica como de una técnica narrativa. A través de la voz, se describen los movimientos en escena, tanto de personas como de objetos o escenografía o los cambios de luz. Normalmente, las personas ciegas usan un auricular para seguir estas indicaciones durante la función. Nosotros lo que hemos hecho es trasladar la audiodescripción al escenario, hacerla en directo a la vista de todo el resto de públicos e integrarla en la propia narrativa de la obra. Esto enfrenta al público con otras formas de percibir la realidad y lo que pasa en el escenario. Es una invitación a aceptar esa diversidad, pero por supuesto también puedes no hacerlo. A nosotros nos ha obligado a ponernos en la posición de una persona que no ve, lo que ha enriquecido y seguramente también ha hecho más compleja la manera de contar la historia. En último caso, explorar las posibilidades narrativas de la audiodescripción en el teatro es un regalo que nos hubiera gustado hacerle al propio Castelao, que en sus últimos años estaba casi completamente ciego y hubiera necesitado esto para seguir nuestra obra.
¿Habéis hecho algo en ICTUS que no hubierais hecho antes como compañía?
Xesús Ron: Enfrentarse a un nuevo proyecto implica siempre hacer cosas que no hemos hecho antes. A veces son cosas como aprender a tocar la pandereta o la batería o aprender a coser. Otras veces es hacer una obra a bordo de un barco, montar una obra por episodios, una obra íntegramente cantada o una obra sin palabras, una obra que obliga al público a entrar en un iglú hinchable o una obra que es un rodaje de cine sin cámaras. Últimamente hemos hecho una obra concebida desde la lengua de signos como lengua vehicular y hemos empezado a trabajar con actrices y actores sordos. Y en Ictus, como ya hemos dicho, estamos explorando las posibilidades de la audiodescripción para contar una historia que trata sobre la memoria histórica, un tema que nunca antes habíamos tratado y que nos daba mucho respeto.
En Al final de las cosas, la creadora gallega Noemi Rodríguez se adentra en ese instante suspendido en el que una relación y una forma de vida dejan de sostenerse, pero todavía no ha comenzado lo que viene después. La obra explora ese territorio de incertidumbre que aparece cuando toca cerrar una etapa y enfrentarse a la pérdida, al cambio y a la posibilidad de empezar de nuevo. Una comedia trágica que habla de las pérdidas, pero también de la posibilidad de transformarse a partir de ellas. El montaje podrá verse en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero.
Escribes que no te interesan las decisiones heroicas, sino los cuerpos cuando dudan. ¿Qué tienen de fascinante esos momentos de indecisión para ti?
Noemi Rodríguez: Me fascinan porque en esos momentos se abre una grieta entre lo que creemos que deberíamos hacer y lo que realmente somos capaces de hacer. La identidad que habíamos construido deja de funcionar, pero todavía no ha aparecido otra que la sustituya. Y ahí el cuerpo suele saber algo antes que nosotros: se bloquea, insiste, retrocede, quiere quedarse y huir al mismo tiempo.
Creo que ese territorio es profundamente teatral porque está lleno de contradicción. Nos vuelve torpes, vulnerables y, muchas veces, bastante ridículos. Frente a la claridad de las decisiones heroicas, la duda nos deja expuestos. Ya no podemos representar del todo bien el personaje que creíamos ser. Y a mí me interesa mucho ese instante en el que la ficción que sostenía a alguien empieza a resquebrajarse y aparece algo más verdadero, aunque todavía no sepamos nombrarlo.
¿Cuándo empezaste a reconocer ese territorio de pérdida como un lugar teatral?
Noemi Rodríguez: No hubo un momento exacto. Más bien lo reconocí al mirar hacia atrás y descubrir que muchas de mis obras comenzaban cuando algo se rompía: una relación, una identidad, una expectativa, una forma de entender el mundo. Mis personajes casi siempre aparecían en ese instante en el que la vida que conocían dejaba de servirles. Pero creo que empecé a comprender verdaderamente la pérdida como territorio teatral cuando dejó de ser una idea y se convirtió en un conocimiento atravesado por el cuerpo, la mente y el sistema nervioso. Ahí descubrí que el duelo no era solamente dolor, sino un estado lleno de imágenes, contradicciones, conductas absurdas y una percepción alterada del tiempo. Un lugar terrible, pero también extraordinariamente fértil para la creación.
¿Qué puede encontrar en esta obra alguien que acabe de pasar o esté en un momento de pérdida?
Noemi Rodríguez: Espero que encuentre compañía. No una explicación, una moraleja ni la promesa de que todo va a ir bien, sino la sensación de que alguien permanece a su lado dentro de ese desconcierto. A menudo sentimos la presión de entender rápidamente una pérdida, superarla o convertirla en un aprendizaje. La obra intenta no exigirle ese recorrido a nadie, sino permanecer un poco ahí, sin corregir ni apresurar la experiencia. También intenta recordar que reírse en medio del dolor no significa traicionar aquello que hemos perdido. A veces el humor es precisamente lo que nos permite acercarnos a lo insoportable. Me gustaría que quien esté atravesando una pérdida pudiera sentirse reconocido, pero también un poco más ligero. Que la obra fuese una carta de amor a lo que ya no está y, quizá, a aquello que todavía no sabemos que está por venir.
Noemi Rodríguez: Espero que encuentre compañía. No una explicación, una moraleja ni la promesa de que todo va a ir bien, sino la sensación de que alguien permanece a su lado dentro de ese desconcierto. La obra también intenta recordar que reírse en medio del dolor no significa traicionar aquello que hemos perdido. A veces el humor es precisamente lo que nos permite acercarnos a lo insoportable. Me gustaría que quien esté atravesando una pérdida pudiera sentirse reconocido, pero también un poco más ligero. Que la obra fuese una carta de amor a lo que ya no está y, quizá, a aquello que todavía no sabemos que está por venir.
¿Por qué crees que nos cuesta tanto aceptar el final de las cosas?
Noemi Rodríguez: Porque cuando algo termina no perdemos solamente eso que se acaba. También perdemos la persona que éramos dentro de esa relación, ese trabajo, esa casa o esa forma de vida. Y perdemos el futuro que habíamos imaginado a partir de ello. Por eso aceptar un final implica despedirse del pasado, pero también de un porvenir que ya no va a suceder. Además, los finales rara vez son nítidos. Muchas cosas siguen teniendo forma cuando ya han dejado de estar vivas. Seguimos amando, insistiendo o esperando cuando, en algún lugar de nosotras, ya sabemos que algo ha terminado. Creo que nos cuesta aceptar los finales porque nos obligan a entrar en un tiempo sin relato: lo anterior ya no nos sostiene y lo siguiente todavía no existe.
¿Estás haciendo algo en Al final de las cosas que no hubieras hecho antes como creadora?
Noemi Rodríguez: Espero que sí, aunque todavía no sé nombrarlo. Y quizá esta respuesta nos devuelva al principio: a la duda. Para mí la duda no es un vacío previo a la respuesta ni un lugar del que haya que salir rápidamente, sino un espacio creativo enorme. Lo es en los procesos de creación, en las piezas de ficción y también en la vida. Intento no cerrar demasiado pronto lo que una obra significa o aquello en lo que debe convertirse. Puedo tener un texto y una estructura muy definidos, pero necesito que el ensayo, los cuerpos y el encuentro con el público desplacen también mis certezas. Quizá aquello que estoy haciendo por primera vez no pueda decidirlo ni anunciarlo de antemano. Si es verdaderamente nuevo, probablemente solo sea capaz de reconocerlo cuando aparezca.
En Manchas de sangre / Manchas de sangue, la nueva compañía gallega Torta Torta se sirve del humor, la farsa y el cabaret para abordar un tema tan cotidiano como todavía cargado de tabúes: la menstruación. Areta Bolado y Ailén Kendelman, al frente del texto y la dirección, plantean un recorrido por las dimensiones sociales, culturales y políticas de la sangre menstrual, cuestionando los prejuicios que históricamente han rodeado al cuerpo y a la experiencia de las mujeres. Una propuesta que combina ironía, música y reflexión para convertir aquello que durante tanto tiempo se ha ocultado en materia escénica y política. El montaje se podrá descubrir en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero y cuenta también con dos representaciones en gallego.
Sangre, violencia, humor… ¿qué es este espectáculo menstrual que tantas ganas tengo de ver?
Areta Bolado y Ailén Kendelman: ¡No lo sabemos! Nosotras también estamos deseosas de verlo porque, de momento, sólo lo imaginamos. Pretendemos que Manchas de sangre sea una comedia que viaje en el tiempo, que juegue con las convenciones teatrales y en la que pongamos algo de luz sobre un tema que afecta a la mitad de la población, pero que arrastra el estigma de lo sucio, lo impuro y lo pecaminoso.
¿Por qué inaugurar Torta Torta con una obra sobre sangre?
Areta Bolado y Ailén Kendelman: La sangre es la vida. Cuando la sangre fluye fuera de nuestro cuerpo debemos preocuparnos, excepto si el sangrado es de la menstruación. Para un nuevo nacimiento, las Torta Torta no encontramos nada mejor que zambullirnos en uno de los cuatro humores. Además, quién nos conozca de nuestro camino con A Panadaría, sabrá que nuestra identidad feminista y LGBTIQ+ siempre va a atravesar nuestros espectáculos y aquí también va a pasar.
¿En qué momento os dais cuenta de que hablar de menstruación es también hablar de guerra, religión, medicina o poder?
Areta Bolado y Ailén Kendelman: Hay sangre que se ve y otra que debe ocultarse por cuestiones de poder. Es más fácil ver en televisión cuerpos heridos por un bombardeo que a una presentadora con el pantalón manchado de regla, pese a que hoy mismo están menstruando 800 millones de personas. ¿Cómo es eso posible? La menstruación ha sido una gran desconocida para la ciencia durante siglos y un tabú para la religión. Que muchas personas se hayan referido en público a ella como “Inés, la que viene una vez al mes” o “mi prima la de rojo” es un signo de que hay un proceso natural de nuestro cuerpo que hemos aprendido que debe ser ocultado.
¿Cuál ha sido el dato más inesperado que habéis encontrado investigando para esta obra?
Areta Bolado y Ailén Kendelman: Te contamos un par, porque son muchísimos. Tener el periodo es algo excepcional en la naturaleza, casi ningún animal menstrúa. Sólo un 1% de los mamíferos, entre ellos algunos primates y algunas especies de murciélago y roedores. Y te dejamos otro, que revela cómo la salud de las mujeres ha sido menospreciada por la ciencia y la medicina. Existen más del triple de estudios científicos sobre disfunción eréctil que sobre dismenorrea, pese a que la segunda implica un dolor intenso y la primera no. La menstruación es una gran desconocida y leer y aprender sobre ella está siendo fascinante.
¿Estáis haciendo algo en Manchas de sangue que no hubierais hecho antes como creadoras?
Areta Bolado y Ailén Kendelman: De momento, el espectáculo no se ha estrenado así que preferimos guardarnos algo de lo que estamos tramando para que lo veáis en los teatros, pero sí, por primera vez vamos a compartir escenario con dos personas que no forman parte de la compañía y que se suman a nosotras especialmente para este proyecto. Tenemos muchísimas ganas de que empiecen los ensayos para compartirles nuestro mundo y dejarnos ser permeables a que todo lo que hemos imaginado se modifique con sus impulsos creativos.
