Antonio Rojano y este reparto magnífico comandado por Íñigo Rodríguez-Claro consiguen borrar los límites entre realidad y ficción en un juego metateatral virtuoso y gamberro Cuatro personajes en busca de autor, Irene, Mikele, Ion y Jota, nos agarran por las tripas y nos meten de lleno en su juego de memoria personal y colectiva, en sus referencias biográficas, que tal vez hagamos nuestras; en sus miedos, que pueden ser los nuestros también; en su mundo imaginario, bien rico y puesto en escena por Íñigo Rodriguez-Claro que dirige el artificio magnífico en una dirección precisa para llegar al caos más estimulante. Me parto el pecho con mil escenas y me arrasan otras, como el final. Antonio Rojano hace una dramaturgia brillante […]
Luigi Tuiteatrero
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