Vivir la vida gracias a un segundo
La vida en un segundo tiene elementos comunes con Blanca Desvelada, creación de Alejandra Jiménez Cascón, magnífica directora de esta propuesta, en lo referente a obra basada en esfuerzo interpretativo donde un único actor da vida a numerosos personajes, sin caer en el exhibicionismo de talento, si no en dar vida, literalmente, a numerosos personajes, con sus acentos, sus dejes, sus gestos, detallados y naturales. También comparten un mensaje o poso vital, emocionante, de los de reflexionar.
Temas como perdonarse a uno mismo (el mas cruel de los jueces), valorar lo realmente importante, pequeñas cosas, grandes personas que nos acompañan, y un poso de esperanza si recordamos dedicar algo más de un segundo a aquello realmente importante en la vida. Con humor, mucho, que hace que el mensaje nos llegue sin ser pedante o un sermón, complicidad, cercanía y una sonrisa que transmite Manuel Ramos (Lo tuyo y lo mío) de las que se esbozan con los ojos, las más bonitas.
La puesta en escena recae casi exclusivamente en la dramaturgia y en la entrega de Ramos, que nos transmite una historia en la que, en algún momento, por no decir varios, nos vemos identificados, y nos abraza. Se entrega, física y emocionalmente, en un ejercicio dificilísimo al servicio de que el mensaje llegue a cada butaca, donde estamos atentos o nos podemos perder en saltos temporales.
Lo mejor: La capacidad interpretativa y la dirección actoral para emocionar sin sensiblería, basada en la fuerza del texto y la naturalidad gestual.
Lo menos mejor: el inicio tarda algo en coger ritmo o, en mi opinión, ir a la esencia del hilo de la narración.
En resumen: una propuesta ideal para espacios íntimos, con un ejercicio de interpretación más que notable, ideal para que todos paremos un segundo y no veamos la vida pasar.