La vitrina que enmarca el escenario de Conde Duque hace que te ubiques como espectador de una obra de arte. En ella, se despliegan unas figuras corporales que se asemejan a esculturas griegas, con fibras musculares que enmarcan unas sombras genuinas en los pliegues de la piel. A medida que suceden los minutos, el frenetismo nos muestra un símil de los «paños mojados» que hizo famoso a Fidias pero en cuerpos vivientes. Todo se despliega envolviendo tu atención a través de una serie de escenas muy bien calculadas para que el ritmo y tu mirada no se pierda. El sutil vestuario y una inteligente composición lumínica hace que no distingamos el género de las figuras que, si bien sabemos que […]